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RESEÑA DEL FESTEJO |
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FERIA DEL CABALLO - JEREZ 2007 Sábado 12 Mayo - 4ª de feria |
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Bajo el toreo de
Morante
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Este tipo de toros parece que están concebidos para mayor gloria de estos toreros con marchamo de artistas. ¡Y qué gloria! Una inagotable tanda de mágicos naturales a compás, despaciosos, interminables… dejó boquiabierta a una gente que enloquecían con tan genial y distinto toreo. Si hay algo realmente enigmático e inquietante en el toreo de Morante es la improvisación. La diversidad de pases, arte puro en cada uno de ellos, son de una belleza impecable, estéticamente perfectos, visionalmente impactantes y de trazo irreprochable.
La primera entrega –la segunda ni tuvo color ni sabor- de Morante en la tarde de Jerez con el segundo “nuñezdelcuvillo” dice mucho sobre un torero que conoce y siente a la perfección una tauromaquia singular y sublime. El uso de una exacta combinación entre el valor y lo auténtico y la fascinación de la genialidad convirtieron la faena de Morante en una obra emocionante llena de matices para disfrutar. Morante toreó a la verónica con la entrega y la verdad de su rica personalidad, para después eternizar con la muleta el trazo despacio, largo y auténtico de un toreo a derechas majestuoso y mágico. El natural, cargando la suerte, fue de una hondura y belleza conmovedora, y los de pecho sublimes. El pinchazo que precedió a la estocada no fue óbice para que esta buena gente de Jerez, que le quiere y hace suyo su toreo, le otorgara el doble trofeo del buen toro premiado, también, con la vuelta al ruedo.
Puede parecer mágico lo que no es más que la natural prolongación del sentimiento profundamente expresado. El toreo en las formas de Morante no deja de ser cosa de genios, una estirpe casi en extinción. Es así, aunque algún detalle ajeno a lo impecable nos demuestre que quien lo ejecuta también es humano. Le sucedió con el quinto, protestado por su falta de fuerzas y feo estilo. Morante lo intentó, sin conseguir nada, con su acostumbrada brevedad. Después se eternizó con la espada.
Como siempre en el toreo de Finito se tiene la sensación de estar al borde de lo insoportable, aunque a veces la belleza de algún que otro trazo produzca una extraña fascinación. Quizás la de la búsqueda más allá de lo hecho. Sí, porque Finito lleva tiempo sin estar. No es lo que fue. A enorme distancia de sus mejores años, el cordobés aportó esta tarde con el encastado cuarto toro un toreo largo y despacioso, incluso ligado por momentos, pero infinitamente despegado. Juan Serrano quiso agradar y quizás lo consiguiera por momentos con sus sutiles formas. La elegancia de los pases afloraron en alguna tanda de muletazos diestros, y sobre todo en los remates de pecho y los ayudados por bajo. La estocada le sirvió para apuntalar una oreja de escaso peso. Con el noble primero le faltó confianza, y sólo muy al final de faena dejó algún destello de su recordada calidad, finiquitando lo poco hecho con un fulminante espadazo.
Manzanares quiere superar la herencia dinástica de su antecesor, su toreo va camino de alcanzar al de viejo maestro. Es tan excesivamente auténtico y esta sostenido por una estructura tan fuerte que muy difícil es que llegue el derrumbe. Sin embargo, la elegancia de sus formas quedaron semiocultas esta tarde. La faena, al tercero se caracterizó más por la técnica empleada para doblegar la picante embestida del “nuñezdelcuvillo” que por la frescura y verdad de su toreo. Muletazos diestros de muleta tersa y adelantada, pero desplazados para afuera. Aunque mató mal fue ovacionado. Con el sexto, manso y aquerenciado, le plantó cara con firmeza en terrenos de chiqueros. Sólo sueltos trazos a derecha e izquierda completaron los vanos intentos por remontar una tarde que estuvo bajo el toreo de Morante.
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TorosComunicacion - Manuel Viera |
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