Toros en El Puerto

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RESEÑA DEL FESTEJO

 

FERIA DE ABRIL - SEVILLA 2007       Viernes 13 de Abril - Segunda de abono

 

Daniel Luque, con mimbres de buen torero

 

FICHA DEL FESTEJO


Cartel:
Daniel Luque, de turquesa y oro, vuelta tras petición y saludo tras aviso.
Agustín de Espartinas, de celeste y oro, silencio y silencio.
Oliva Soto, de rosa y oro, silencio tras aviso y saludo
.

Toros:
Se han lidiado novillos de la ganadería de Torrehandilla. El primero tuvo nobleza, así como el sexto, que quizás fue el mejor del desigual encierro. El cuarto también se dejó hacer el toreo. El tercero, el más complicado.

Incidencias:
Se pidió con fuerza una oreja para el novillero sevillano que no fue atendida por el presidente. Oliva Soto, con detalles de toreo de pellizco. Entregado Agustín de Espartinas pero con escaso resultado.
Tres cuartos de plaza

Daniel Luque
 

 


     Si cada vez resulta más complicado hilvanar dos pases seguidos a estos animales flojos y asfixiados sorprende, que con este primer utrero, lograse ligar dos, tres, y hasta excepcionales pases de pecho. Desde luego Daniel Luque tiene mimbres de buen torero. Está sobrado. Su repertorio  resulta agradable y bello, y la interpretación del muletazo es muy correcta, aunque tal vez en algunos momentos  la faena bajara en emotividad.

 

    Luque, que prologó faena con la diestra citando con la muleta muy por delante, trazando el pase con despaciosidad, hilvanando el siguiente y rematando las dos series con los de pecho, cambió para hacerlo con la mano izquierda sin alcanzar igual nota. Tuvo que ser de nuevo el toreo despacio, ligado y a derechas con el que elevara la temperatura de una tarde que continuó fría hasta la lidia del sexto. La estocada, de premio, no bastó para que le concedieran una oreja considerada justa por los muchos que se la pidieron.

 

    Las formas de Daniel Luque están libres de toda pedantería, por la simple razón de que están regidas por criterios estrictamente auténticos. De hecho, con el cuarto, un novillo bronco y complicado al que quizás dejó sin atemperar en el caballo, le toreó de capa con vibrantes verónicas  y medias de embrujo para después trazar excelentes naturales en un trasteo al que le faltó ligazón e intensidad. Fue en el epílogo cuando la faena rompió a derechas con la emoción de un toreo de mano baja, compás abierto, largo y bien rematado. El mal manejo de la espada rebajó parcialmente la importancia de lo hecho, con todo, la faena no dejo de ser interesante.

 

            El toreo de Oliva Soto está marcado por un punzante quejío agitanado. Lo que hace con capote y muleta tiene un contagioso aire calé que de inmediato llega a los tendidos. Este atisbo de su particular tauromaquia, lo pudo demostrar con el sexto, el 'jandilla' de más calidad de la tarde. De todas formas, a los notables muletazos con la diestra les faltó continuidad, y sobre todo, confianza en el sevillano para romper en una faena que se esperaba de altos vuelos. El natural tuvo empaque y los pases de pecho de trazos casi perfectos, pero a estos toreros que se sienten artistas ante el toro, y que a veces hacen un toreo de manera impecable, suelen pecar de asépticos cuando la desconfianza se apodera de ellos, y a Oliva Soto le costó transmitir la intensidad de un toreo expresivo y diferente. La espada le jugo una mala pasada  y el posible triunfo se difuminó casi por completo.

 

            Con el tercero, con serias complicaciones en sus embestidas, anduvo con ganas y precauciones. En dos ocasiones resultó cogido  y muy pocas veces pudo doblegar las coladas del utrero de Torrehandilla. Con la espada mal.

 

            Lo que hizo el sevillano de Espartinas no fue bueno, ni tampoco malo. No fue trascendente, pero sí relativamente plausible. Agustín, que recibió al segundo novillo de la tarde a portagayola, se encontró con la dificultad añadida de la invalidez del utrero que se había roto al dar una completa vuelta de campana a la salida del caballo. Intentos vanos y sólo un arrimón ante la impotencia. Con el manso quinto se perdió en una sucesión de pases valerosos sin poder mandar en la complicada embestida del descastado animal. Y esto sin pasar por alto la dificultad que le suponía  resolver las dificultades de la mala casta y la mansedumbre manifiesta. Detalles, sólo escasos detalles, de un prometedor novillero que hoy no tuvo su tarde.


 

TorosComunicacion - Manuel Viera

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