Toros en El Puerto

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RESEÑA DEL FESTEJO

 

FERIA DE ABRIL - SEVILLA 2007       Lunes 16 de Abril - Quinta de abono

 
Los 'cuadri' no dieron la talla
 

FICHA DEL FESTEJO

Cartel:

Antonio Fernández Pineda, de rosa y oro, saludos y división al saludar tras dos avisos.

Serafín Marín, de verde manzana y oro, silencio tras aviso y saludos tras aviso.

Manuel Escribano, de rosa palo y plata, saludos y saludos.

Toros:
Se han lidiado toros de la ganadería de Cuadri, de escasa transmisión. Destacó la nobleza del primero, el cuarto y el quinto.


Incidencias:

Los sevillanos Fernández Pineda y Manuel Escribano no pudieron destacar en la que iba a ser la gran oportunidad en sus complicadas carreras. Serafín Marín, una actuación más discreta que en años anteriores. Dos tercios de plaza en casi tres horas de festejo.

 

Fernández Pineda
 

 
 
 
 

   

    Fernández Pineda pudo tocar las teclas de una suave melodía y seguir seduciendo con su bello toreo, que antes parecía oscuro y huidizo y ahora lo quiere mostrar impregnado por matices de formas virtuosas y muy sevillanas, si sus piernas no hubiesen protestado del esfuerzo que le suponía atacar en la embestida tarda, aunque clara y dulzona, del primer toro de los herederos de Celestino Cuadri. El sevillano de La Puebla del Río se ajustó antes con la capa en templadas verónicas y anunció venir dispuesto a no dejar pasar este otro tren de la oportunidad en su plaza de Sevilla.

 

    Su toreo complace por su formas y provoca la admiración de lo bien hecho, pero hoy, con este toro, le faltó continuidad y seguridad en sí mismo para resolver la dificultad de la tarda embestida implícita en la escasa casta del toro de Cuadri. Y aunque Fernández Pineda engarzó algunos muletazos, tanto a derechas como a izquierdas, con buena estética, naturalidad y buen temple, la faena no alcanzó la altura deseada. La estocada  algo baja, precedida de pinchazo puso fin a un trasteo que supo a poco.

 

    También al tercero, otro de los toros de los ganaderos onubenses que tomó los engaños con claridad manifiesta, lo toreó Fernández Pineda con naturales de trazo irreprochable pero con demasiada intermitencia en la continuidad de la faena. Al diestro de La Puebla le costaba enganchar la embestida y dejarle después el engaño muy cerca de los pitones para hilvanar lo muletazos. Los espacios muertos se sucedieron y la paciencia del espectador terminó cansándose. Trasteo largo con escasos momentos emotivos  y mal rematado con los aceros.

 

    Los toros de los Herederos de Celestino Cuadri no dieron la talla esperada, la tardanza en acudir a los engaños junto a la sosería de sus embestidas fue la nota característica de una corrida muy bien presentada y de ofensivas defensas. No obstante, además de los ya citados primero y cuarto, fue el quinto el que demostró más tranco en la embestida. Serafín Marín lo toreó de capa ajustado e inspirado. Verónicas de trazo muy despacioso y muy de verdad. Decidido el diestro catalán en los inicios de muleta consiguió doblegar los molestos cabeceos de la fiera con la diestra, aunque los notables muletazos no tuvieron continuidad. Igual sucedió con el toreo al natural de mano baja y trazo largo, supo a poco, hasta tal punto de diluirse la faena en la pesadez del número de pases trazados con mejor voluntad que calidad. La buena estocada le obligó a saludar desde el tercio. Antes, con el segundo, más complicado al sorprender casi siempre al Marín en las embestidas, no consiguió acoplarse.

 

    Tiene mérito que toreros de esta tierra escasamente placeados lleguen a este coso a mostrar en una tarde todo su repertorio con el deseo de que penetre cuanto antes en los tendidos de manera abundante y emocionante. Quizá por ello Manuel Escribano se fue decidido a recibir a sus toros a portagayola, banderilleó a ambos mejor que nunca, y optó después por un toreo en la distancia corta, muy vertical y con  abundancia de medios pases. Faena de iguales características al parado tercero y al soso sexto, sin que ninguna de ellas les sirviera para alcanzar el objetivo que el joven torero de Gerena se había propuesto alcanzar al iniciar el paseíllo. Divina locura la de ser torero.

  

    

 

TorosComunicacion - Manuel Viera

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