Toros en El Puerto

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RESEÑA DEL FESTEJO

 

HUELVA.       Jueves 2 agosto 2007 -  2ª Corrida de Feria

 
Jesulín, El Cordobés y Salvador Vega, a hombros por la puerta grande  

FICHA DEL FESTEJO

Cartel:

Jesulín de Ubrique, de vainilla y plata, oreja y oreja con petición de la segunda.
 
Manuel Díaz 'El Cordobés', de azul y oro, una oreja con petición de la segunda y una oreja.
 
Salvador Vega, de grana y oro, una oreja y una oreja.

Toros:
Se han lidiado tres toros de la ganaderia de La Dehesilla -primero, segundo y tercero-, y otros tres de José Luis Pereda, el quinto como sobrero. El mejor fue el segundo, que embistió con nobleza, humillando y repitiendo. Todos los demás se dejaron

Incidencia:
Buena corrida de toros de José Luis Pereda. A todos los toros se le cortaron una oreja. Excelente momento de los tres espadas, cada uno en su esilo. Importante actuación de Vega. Media plaza. Televisada por Canal Sur. Jesulín se despedía de La Merced
 



                            

 Fotos: Javier Martínez

 

 

 

GALERÍA FOTOGRÁFICA

  

Jesús Janeiro dio esta tarde en Huelva vida a su toreo no sólo con una impecable técnica, sino además con una enorme firmeza, con verdadero sentimiento y con notable profundidad. La faena al cuarto, un toro manso pero con enorme nobleza en sus embestidas, resultó de una elegancia y redondez exquisita, y caracterizada además  por una notable y ya dicha exigencia técnica.  Faena de derecha, de muletazos largos, muy templados, bien ligados y mejor rematados. Toreo despacio en el natural suave y hondo y una estocada, que por si sola, bien valió la oreja.

 

    El toreo que le hizo Jesús al primero, complicado por su casta, fue también de una perfección técnica admirable, y sobre todo con enorme profundidad en los muletazos diestros. Sin exhibicionismos insustanciales este Jesulín de Ubrique, que vive su madurez torera con serenidad, se despidió de la afición de Huelva poniendo a prueba su apabullante oficio y su privilegiado temple.

 

    Otra cuestión es saber si el toreo de Manuel Díaz  avanza más allá de lo establecido, o simplemente  sigue exponiendo en el ruedo unas formas que parecen haberse  estancado sólo para el divertimento de la gente en fiestas. Y no. Este otro Cordobés torea con capa y muleta como el que más. Interesa al público por sus características formas, a veces, pocas ortodoxas. Y, además, rememora cada tarde el encanto de pasadas tauromaquias que todavía hacen disfrutar a gente festera y sin grandes exigencias. Obviamente, no le faltan ganas a Manuel ni escatima esfuerzos par dar con su estilo nostálgico y expresividad manifiesta lo que su público quiere de él. Y esa es su grandeza.

 

    Manuel Díaz manejó la  capa con despaciosidad con sus dos toros, Al bravo segundo le toreó con la diestra enganchándolo por delante, despacio y bien hilvanado en  los inicios de faena, sorprendiendo después en el epílogo del trasteo con un toreo al natural de extraordinaria calidad. Al quinto, un sobrero de José Luís Pereda, noble y de buen tranco -buena corrida la del ganadero onubense- le exprimió sus buenas condiciones con un toreo a derecha templado y bien trazado. Muy despacio, aunque quizá demasiado despegado, resultó el de izquierda. Y no se olvidó del ranazo en el epílogo de faena, con el que revela una gran capacidad de transmisión. Mató bien al segundo y se atracó en demasía con el quinto, pese a lo cual le cortó la oreja.

 

    A Salvador Vega le faltó rigor con la espada en el tercero para triunfar a lo grande. Su toreo de empaque, de lento trazo y largo recorrido no tuvo rubrica con el acero. Y aunque se esforzó en el intento necesitó de una segunda estocada para finiquitar al noble y bravo toro de La Dehesilla. El mayor interés de la tarde se centró en la calidad extraordinaria de la faena  de Vega. Estamos ante un recuperado Salvador Vega que hace escasos años era uno de los más interesantes toreros del panorama taurino. Su sensibilidad quedó demostrada con la franela en la diestra. El malagueño empezó a convencerse de larga duración de las embestidas, y fue entonces cuando brotó un sencillo y soberbio toreo de pases rítmicos, imantados y bien ligados. Vega se sintió seguro en ese sitio que hila la emoción con lo  trágico. Muy quieto ligó los pases, trazó circulares, realizó cambios de manó y… no mató. Una lástima porque la tarde era suya. Con el sexto, congestionado de salida o descoordinado en sus embestidas, quiso y pudo arrancarle la oreja con firmeza para no dejar de salir por la puerta grande junto a sus compañeros de terna.


    

Manuel Viera - TorosComunicacion

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