Toros en El Puerto

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RESEÑA DEL FESTEJO

 

HUELVA.       Sábado 4 agosto 2007 -  3ª Corrida de Feria

 
Manzanares y Perera a hombros. Talavante,  intenso y grandioso  

FICHA DEL FESTEJO

Cartel:
José María Manzanares
, de grana y oro, una oreja y una oreja.

Miguel Ángel Perera, de verde botella y oro, dos orejas tras aviso y una oreja.

Alejandro Talavante, de lila y oro, una oreja tras aviso y ovación.

Toros:
Se han lidiado cinco toros de Núñez del Cuvillo, de buen juego salvo el manso sexto. Al tercero se le premió con la vuelta al ruedo. En cuarto lugar se lidió un sobrero de José Luis Pereda, complicado, que sustituyó al titular al partirse un pitón al derrotar en un burladero.

Incidencias:

Miguel Ángel Perera cuaja una sensacional tarde cortando tres orejas. Muy buena y firme actuación de José María Manzanares. Alejandro Talavante perdió un triunfo de clamor con la espada. Buena corrida de Cuvillo, con un toro premiado con la vuelta al ruedo.

Más de tres cuartos de plaza. Manzanares, Perera y el mayoral salieron a hombros.

 
 
 

Miguel A. Perera


                        
 Fotos: Javier Martínez

 

 

 

GALERÍA FOTOGRÁFICA

  

 

  No se agota esa mina sinfin que es el toreo de Talavante. Es intenso, grandioso, finamente trazado y demostrado cada tarde por quien sabe dar una vuelta de tuerca a sus formas más auténticas. Con ese espíritu vital de entusiasmo que imprime a lo que hace se acerca cada vez más  a una tauromaquia  que emociona y, a veces, enloquece. Talavante reúne cualidades y sentimientos que desgrana abajo, en el ruedo, para que los de arriba, en el tendido, aprecien las virtudes de su inconmensurable toreo.

 

    Importante estuvo Alejandro ante la noble embestida del tercer 'nuñezdelcuvillo'. El extremeño, tras un vistoso quite por gaoneras y los siete u ocho estatuarios sin inmutarse en los medios del inicio de faena, decidió emplearse a fondo con la muleta en la diestra convencido de la larga duración del pase circular. Después, seguro ya, se abrió con un serio y sobrio toreo para de inmediato emocionar a la gente con una melodía de pases rítmicos, ajustados, hilvanados, y siempre bien rematados. Y fue así, con valor y verdad en su toreo, como Talavante hipnotizó y paralizó la embestida de la fiera  bajo la suave tela de una extraordinaria muleta. Lentos y hondos naturales con el magistral mando de una zurda de ensueño. Y para terminar unas bernardinas de miedo que hicieron enloquecer a la gente. Mató de estocada precedida de pinchazo, y utilizó el descabello tras levantarse el moribundo animal en tres ocasiones ante la proximidad del puntillero. Una oreja para el torero que supo a poco, y vuelta al ruedo para el toro que supo a mucho. Con el sexto, manso y complicado, anduvo con vanos intentos de toreo mecánico por conseguir una puerta grande perdida inmerecidamente.

 

    A Perera casi se le escapa el triunfo con el quinto quizá porque fue más allá de su propio deseo, y dejó de poner en práctica toda su capacidad para doblegar la noble embestida. Con todo, hubo momentos muy relevantes en el transcurso de la faena con un espectacular prólogo en los medios con dos pases cambiados por la espalda y ligados con otros sin inmutarse. Algunos muletazos diestros, de lento y largo trazo, así como el gusto en los adornos de trinchera y molinetes, fueron una muestra del buen sabor en las formas del extremeño, que atacó en demasía la distancia corta cuando el toro pedía la larga. No obstante, Perera, había dado lo mejor de sí mismo con el segundo. Un toro de calidad extraordinaria, y este sí, merecedor del premio de la vuelta en el arrastre. Fue durante la lidia de  “Violeto” de donde surgieron muletazos de especial significación y delicadeza, y que dieron la medida exacta de un toreo muy atrayente y emotivo. Quitó por ajustadas chicuelitas ligadas con tafalleras. Se quedó quieto e impávido en los medios hasta sumar cinco estatuarios sin mover un sólo músculo. Se emborrachó de toreo con los hondos muletazos diestros de arrastrando la tela, y los despaciosos, ceñidos y bien rematados naturales. Los circulares invertidos y unos adornos de exquisito gusto pusieron fin a una faena con la firma de una contundente estocada que certificó el doble trofeo conseguido.

 

    El toreo de Manzanares también brilló en la tarde onubense con sutiles y destellantes trazos de una belleza sublime. Casi no tuvo aristas ni interferencias la faena al primero, un buen toro, de ahí el suave temple que el joven torero de Alicante le imprimió a su diestra. Y la inspirada ejecución de un ramillete de notables naturales compartidos con el coro del tendido. Imbuido en su toreo, José María Manzanares, dio toda una excelente versión de su mejor tauromaquia: sentida, inspirada y de auténtica verdad. Un pinchazo hondo que acabó enterrado hasta la empuñadura de la espada y un descabello, bastaron para conseguir la oreja. El cuarto se partió un cuerno al derrotar en uno de los burladeros y fue devuelto y sustituido por un sobrero de Pereda sin calidad en sus peligrosas embestidas. Manzanares le bajó la mano diestra y con perfecta técnica le pudo robar algún que otro emotivo pase. Una estocada de efecto rápido le bastó para pasear el nuevo apéndice que le posibilitó acompañar a Perera en la salida por la puerta grande.


    

Manuel Viera - TorosComunicacion

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