Toros en El Puerto
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RESEÑA DEL FESTEJO

 

4 de Marzo 2007 Olivenza (Badajoz)
 

Memorable faena de Ponce en la matinal de Olivenza

Cartel: Enrique Ponce, de purísima y oro, una oreja y dos orejas tras un aviso. Morante de la Puebla, de grana y oro, una oreja tras aviso y silencio. Alejandro Talavante, de grosella y oro, que debutaba, dos orejas y una oreja.

 

Toros: Se han lidiado  toros de la ganadería de ZalduendoMansito el primero, pero se dejó. Manejables segundo y tercero. Manso aunque rompió a bueno en la muleta el cuarto. A la defensiva el quinto. Manejable el último
 

Incidencias: Lleno de 'No hay billetes'. El banderillero El Lili -de la cuadrilla de Morante- fue arrollado en banderillas en el quinto astado, sufriendo fractura de huesos frontal-craneal, pendiente de estudio y valoración
 


          

 

      Ponce y punto. Y punto y aparte, porque no puede haber tras Ponce ni siquiera punto y seguido, porque de momento, nadie de los actuales son capaces de entender tan bien a tanta cantidad de toros y ser poseedor del clasicismo del toreo en estado tan puro y perfecto. Ponce, en jornada de doblete en Olivenza, dictó una mañana de toros excepcional, para que los alumnos de las escuelas taurinas se la empape n de cabo a rabo. Un torero que marca una época en la historia más reciente del toreo.

 

    Su primero fue un mansito que se dejó después hacer cosas en la faena. Lo que pasa es que este valenciano no le hace 'cosas' a los toros, sino que lo engrandece todo. En buena parte, este primer toro de Zalduendo fue a mejor porque estaba Ponce delante de él. Faena basada en la derecha, con muletazos muy bajos para después, ya cerca de toriles y en la querencia del toro, robarle varios naturales lentísimos. Una oreja al esportón.

 

    Lo mejor debía llegar en el cuarto de la matinal oliventina.  Fue un toro manso que huyó de varas en muchas ocasiones. Ponce lo lidió con maestría con el capote, sujentándolo muy cosidito a los vuelos para llevarlo al caballo. Después, los doblones inciales en el tercio hacían presagiar que lograría el milagro de hacer al manso un buen colaborador de una faena magistral. Y así fue. Faena grande, de maestro, con una capacidad interminable para torear despacio, lento, suave. Una faena extensa y excelsa en todos los sentidos. Buen gusto en los remates por bajo, los de pecho, los cambios de mano, los doblones de filigrana finales. Una faena memorable de un maestro único. Dos orejas fue el premio y no cortó el rabo porque pinchó con la espada en el primer intento.

 

    Morante estuvo desinhibido en su primero de capote. En la faena, muy lenta y ceremoniosa, fue de menos a más y acabó animándose y animándonos a todos con unos fogonazos de arte puro, de arte caro, del que te dejan con las ganas de volver a verlo al día siguiente. Brotaron de sus privilegiadas manos muletazos preñados del mejor arte de torear. El quinto, a la defensiva, agazapado y sin querer embestir, no hizo posible una faena morantista.

 

    Alejandro Talavante sigue en este dubitativo inicio de temporada buscando su hueco taurino. Su primera faena fue un compendio de imprevisiones: nunca se sabía qué muletazo iba a ejecutar, porque lo mismo combinaba un natural con uno de pecho que un derechazo con uno cambiado por la espalda. Y en el toreo todo debe tener cuerpo, una unidad, un hilo conductor. Eso sí, tiene valor y se empeña en esa reducción de espacios y ese toreo en las cercanías que, en ocasiones, ahoga la embestida del toro en detrimento de la belleza. Su desprecio a los terrenos del toro gustó a los tendidos y se le premió con doble trofeo en su primero. En el último cortó una oreja por una faena un tanto irregular, sobre todo con el capote, pero muy entregado y asustando por las cercanías y esa obsesión de pasárselo muy cerca.

           

 Francisco Mateos  - Fotos - Javier Martínez - TorosComunicación -  Ver lo mejor de la tarde en imágenes

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