CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Maracaibo (Venezuela) - 15 Noviembre 2009 -

Padilla y Perlaza a hombros por la puerta grande en Maracaibo

FICHA DEL FESTEJO

Se lidiaron seis toros venezolanos de la ganadería de "San José de Bolívar", de don Jerónimo Pimental, bien presentados y bravos que permitieron el lucimiento de los toreros; el segundo, reparado de la vista, fue sustituido por el sobrero que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

Padilla, dos orejas y dos orejas.

Perlaza, palmas y dos orejas.

"Morenito de Maracaibo", aplausos y palmas.

 


Foto: Epa

El matador de toros español Juan José Padilla cortó cuatro orejas y salió a hombros en la segunda corrida de la Feria de la Chinita, celebrada hoy en la Monumental de Maracaibo, Venezuela.

El diestro colombiano Paquito Perlaza cortó también dos trofeos y acompañó a Padilla en la salida a hombros, aunque en su caso fue llevado hasta el hotel por la avenida de Maicao.

El venezolano Carlos Criollo "Morenito de Maracaibo" mostró disposición y fue aplaudido en su labor.

 

El diestro gaditano recibió al toro que abrió plaza, un negro listón de bonita lámina, con largas cambiadas de rodillas y pausados lances. El jerezano y "Morenito de Maracaibo" adornaron el morrillo del astado con tres pares de banderillas.

Sentado en el estribo, Padilla comenzó emotiva faena acompañada por la música a un toro codicioso al que finiquitó con estocada desprendida que premiaron con doble trofeo.

A su segundo lo veroniqueó con soltura; clavó dos pares de poder a poder cerrando la suerte con el del "violín" que ovacionaron; con muletazos de rodillas y molinetes comenzó el trasteo con la muleta y la música tocando desde la primera serie.

Todo el público lo aclamó de pie y el toro colaboró embistiendo con raza, lo que aprovechó el coleta "patilludo" para transformar la Monumental en un manicomio; apretadas manoletinas y desplantes de rodillas antes de enterrar la espada hasta la cinta y doblarlo.

Perlaza pechó con un jabonero reparado de la vista que el presidente cambio acertadamente por el sobrero de la misma divisa. Veroniqueó con guapeza; con la mano en el lomo de las tablas de la barrera inició con ayudados y derechazos el último tercio antes de que se parara el bovino; abrevió y lo pasaportó de certera estocada.

A su segundo lo toreó valiente con la capa; el toro empujó en varas y embistió con raza a la muleta del caleño que comenzó de rodillas en los medios una temeraria faena llevándolo en largos y templados derechazos rematados con el martinete.

Se gustó en tandas por naturales, poniéndose muy cerca y fue enganchado de forma aparatosa sin consecuencias que lamentar; se levantó y ni siquiera se miró; siguió toreando al compás de la música por naturales y redondos.

El público pidió con insistencia el indulto del toro, que el palco no concedió; estocada en la cruz que lo tirí sin puntilla; dos orejas para el torero y vuelta al ruedo al toro en el arrastre.

El torero local, poco placeado, se encontró con una corrida que le vino grande; quiso y estuvo bullidor, banderilleó y porfió en sus dos toros, que tuvieron presencia y bravura, y los sorteó con más voluntad que acierto. Sus paisanos lo animaron con aplausos y mató con descaro a sus dos astados.

EFE

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