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FICHA DEL FESTEJO |
TOROS:
.- Toros de
Juan
Pedro Domecq,
desiguales
de
presencia,
mansos y
flojos.
Cuarto y
quinto, con
más
contenido,
aún sin
cumplir los
mínimos.
Desproporcionado,
alucinante
el indulto
del cuarto
¿toro?, de
nombre
"Comendador",
número 134,
colorado,
482 kilos y
nacido en
diciembre de
2004. Datos
ofrecidos
sin
pretensión
de hacerlos
pasar a la
historia.
ESPADAS:
Enrique
Ponce:
estocada
baja (una
oreja tras
un aviso); y
sin llegar a
simular la
suerte de
matar al
toro
indultado
(dos orejas
simbólicas)
José
María
Manzanares:
pinchazo
hondo y
estocada
(palmas); y
estocada
(dos
orejas).
Eugenio
Pérez:
estocada y
dos
descabellos
(aviso y
vuelta tras
petición en
el límite);
y estocada
(ovación
tras un
aviso).
INCIDENCIAS:
El indulto de una babosa tomada por
toro, de Juan Pedro Domecq, en una
escenificación de corrida
desproporcionadamente llevada a lo
ridículo, fue el clímax de la tarde, hoy
en Alicante.
En cuadrillas, Álvaro Oliver se
desmonteró tras banderillear al tercero.
La plaza tuvo casi tres cuartos de
entrada en tarde agradable, matizada la
buena temperatura por una ligera brisa
imperceptible en el ruedo
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Toro indultado y resumen del festejo |
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EL
TRIUNFO DE
LO BANAL
No tiene
arreglo lo
de los
indultos en
plazas
menores,
donde se
llevan la
palma las
ganaderías
con fama de
"toreristas"
(las
preferidas
por los
toreros
figuras),
caso de la
de Juan
Pedro Domecq.
Y a
propósito,
muy buena la
teoría de
este
ganadero
sobre los
cumplimientos
del toro
bravo,
magníficamente
expuesta en
disertaciones
y un lujoso
libro de
reciente
aparición,
aunque no se
corresponde
con su forma
de plasmarlo
en la
realidad. Lo
que él cría
es otra
cosa. El
toro bajo
mínimos, con
notables
ausencias en
los dos
frentes
fundamentales:
ni raza, ni
fuerzas.
Un toro cuya
principal
exigencia
estriba en
los cuidados
que necesita
para que
colabore con
el torero.
Los
problemas de
la bravura,
al no darse
ésta,
tampoco
existen.
Aunque sí
los que se
derivan de
su ausencia.
Dicho más
claro, las
únicas
dificultades
del toro de
Juan Pedro
Domecq es
mantenerlo
en pie,
apuntalarle,
y una vez
conseguido,
acompañarle.
Nada de
aguantarle,
ni tragarle,
ni poderle,
ni imponerse
a él. Sólo
consentirle.
Ese es el
toro que
cría Juan
Pedro Domecq
para
vergüenza y
escarnio de
los
verdaderos
ganaderos de
bravo, para
desgracia de
"la Fiesta".
Y no hay que
hablar de
"afeitado"
porque éste
es un pecado
ajeno al
animal. Pero
el problema
no es Juan
Pedro Domecq,
ni su
tratado
sobre la
bravura. El
aprieto está
en las
fórmulas
administrativas
(del Estado,
de la propia
nación y/o
de las
autonomías)
que
propician
desvergonzantes
actuaciones
como la de
hoy en la
plaza de
Alicante
donde se ha
elevado a
categoría de
indulto el
reconocimiento
a una
auténtica
babosa, un
torito sin
presencia ni
esencia, el
cuarto de
corrida,
cuyos
méritos se
reducían a
un poco más
de aguante y
fuerza
que los tres
toros que ya
se habían
lidiado.
¿La culpa,
del
presidente?
Sin duda.
Pero hace
falta que el
espectador
tenga
también lo
que se llama
cultura
taurina.
Saber ver y
valorar más
allá del
colorido de
la tarde. La
parte
externa del
espectáculo
es bonita, y
necesaria.
Pero el
respeto a la
liturgia,
conocer el
desarrollo y
la esencia
del festejo,
para
apreciarlo
en su justa
medida, es
fundamental.
Y aquí
entraría la
responsabilidad
también de
los medios
de
comunicación.
El
periodismo
independiente,
sin
prejuicios
ni
hipotecas,
por una
"Fiesta"
estimada en
su verdadera
dimensión.
De los
estamentos
profesionales
directamente
implicados
hay que
esperar
poco. Al
contrario,
aprovechan
la mínima
para montar
"el
numerito",
como hoy. De
vergüenza.
Los
aspavientos
del ganadero
y el
empresario,
forzando al
presidente
Javier
Arricivita a
sacar el
pañuelo
naranja.
Anda que si
como
comisario de
policía, en
sus tareas
más
estrictamente
profesionales,
se anda con
la misma
ligereza,
dejándose
convencer,
por no decir
engañar, tan
fácilmente...
Hay que
pensar que
ahí no hay
fallos, que
la seguridad
ciudadana de
los
alicantinos
está en muy
buenas
manos. Pero
ese temple y
mando,
también en
las plazas
de toros.
Es lo que
tiene a
veces el
triunfalismo.
El triunfo
de lo banal.
La gran
mentira de
"la Fiesta"
es el
indulto y
las orejas
de hoy en la
plaza
alicantina.
Un toro que
apenas
superó la
suerte de
varas. Que
perdió las
manos y
manseó
durante toda
su lidia.
Que iba y
venía
mientras
Ponce no le
obligaba lo
más mínimo,
sin
someterle en
un solo
muletazo. El
perfecto
toro de
carril, sin
emoción,
como la
misma faena.
Estética,
sí, pero
ninguna
profundidad.
Y no hace
falta entrar
en más
consideraciones
para
desacreditar
los demás
"triunfos"
en la tarde.
Ponce cortó
también una
oreja del
primero, que
no sangró ni
para un
análisis.
Manzanares
hizo el
ridículo en
su primero
por
empeñarse en
rescatarlo
de la
mansedumbre
y la
invalidez
totales. Al
quinto le
cortó las
orejas por
una faena
también sin
grandes
argumentos
artísticos
ni mucho
menos de
valor,
sencillamente
por la
velocidad
que había
tomado la
orgía
triunfalista.
Y Eugenio
Pérez, por
no matar
bien y
porque su
lote no se
dejó tanto,
se fue de la
plaza por su
propio pié
Juan Miguel
Núñez -
EFE
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