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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Alicante - 8ª de Feria 27 de Junio 2009 La agradable sorpresa de Pinar |
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El toreo es
una sorpresa
permanente.
Ese es
también uno
de sus
principales
alicientes.
¿Quién iba a
pensar de
Rubén Pinar,
con tan
buenas notas
en su
carrera de
novillero y
en los
primeros
pasos de
matador de
alternativa,
que al
llegar a
Madrid, en
la corrida
de su
confirmación,
este San
Isidro
último, se
iba a dejar
escapar un
triunfo
claro con un
buen toro de
Juan
Pedro Domecq?
Inexplicable. Su primera faena de hoy fue un magnífico compendio del buen torear: aguante, firmeza, temple y tiempo en la cara del toro, haciendo las series cada vez más largas en número de muletazos, todos por abajo, limpios, perfectamente hilvanados y con ajuste. Fue lo mejor de la tarde. Faena con mucho reposo y muy buen ritmo que tuvo también bonito prólogo con el capote en el recibo a la verónica y un quite por tafalleras. Contó asimismo la rúbrica de la espada, con el toro patas arriba tras un perfecto estoconazo. Fueron dos orejas de las de verdad. Muy meritoria también su segunda faena a un toro menos claro, que no terminaba de humillar (llevando la cara natural, a media altura, se dice en la jerga) y pegando un tornillacito al final de cada pase. Aún así terminó imponiéndose Pinar, que si no llega a ser por el descabello hubiera cortado una oreja más. Y antes de seguir con el relato de la tarde, lisonjas también para la ganadería, que exceptuando este último astado, lidió una muy buena corrida. Sin embargo, no estuvieron los otros dos espadas a la altura de los toros de Manolo González. Tejela no terminó de cogerle el aire al bravo y enclasado primero, toro pronto y con recorrido. En el cuarto, faena con notables desigualdades, con cierto temple y asiento en ocasiones, otras demasiado acelerado. Cortó una oreja de éste, no obstante, sin convencer. Y algo parecido de Daniel Luque, que falló en el temple y en las distancias -demasiado encima- con el buen segundo, al que asimismo cortó una oreja sin llegar a estar a la altura de las circunstancias, entiéndase del toro, con demasiados enganchones. En el quinto le faltó mando y sentimiento, todo muy mecánico, componiendo la figura, sin "sentirse", forzado y rapidito. Hubo algún natural de buen trazo y mejor remate, pero muy aislados. Predominó el barullo.
Juan M. Núñez EFE
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