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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros de La Quinta
(Álvaro Martínez Conradi),
en tipo, astifinos, de
juego desigual. Fue
corrida apagada en
general y de emplearse
poco. El tercero, que se
escupió del caballo y
escarbó, tuvo buen son
por la mano derecha. El
quinto, que escarbó
también, peleó sin
entregarse. Noble sin
gas el primero;
distraído el segundo; la
cara arriba el cuarto;
parado el sexto.
ESPADAS:
Antonio Barrera,
que sustituyó a El Fundi,
de escarlata y oro,
ovación tras un aviso en
los dos.
Sergio Aguilar,
de violeta y oro, silencio y silencio tras un aviso.
Iván Fandiño,
de malva y oro, una oreja y silencio.
INCIDENCIAS
El
torero
de
Orduña
se
templa
con
el
toro
mejor
de
una
apagada
corrida
de
La
Quinta.
Una
oreja.
Se
gana
la
sustitución
de
Morante.
Valiente
Sergio
Aguilar.
Cumple
Barrera
. Al
término
del
paseíllo,
un
minuto
de
silencio
en
memoria
de
tres
destacados
personajes
del
Bilbao
taurino
fallecidos
en
el
curso
del
año:
Carmelo
Sánchez
Pando,
Javier
Aranduy
y
Javier
de
Bengoechea.
2ª
de
las
Corridas
Generales.
Encapotado,
templado.
Media
plaza.
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Se esperaba una
corrida agresiva,
díscola y con motor.
Porque esas son tres
claves del toro
santacoloma de La
Quinta. Y se
esperaba una corrida
ofensiva, limpia y
afilada de pitones.
Lo primero, no; lo
segundo, sí. Apenas
agresiva, calado el
motor y, luego, una
corrida que ni fue
díscola ni dejó de
serlo. La chispa de
temperamento que da
el encaste anduvo
dormida. El
escaparate cumplió
con lo previsto de
antemano. Alto
promedio de peso.
Muy anchos los seis
toros.
Particularmente
serios de cara los
dos últimos. Paso de
pitones el quinto,
que, cárdeno
calcetero y lucero,
fue el de más lucida
pinta de los seis.
Dos agudas dagas
tenía el sexto.
Remangado de astas,
el primero fue el
toro con más plaza
de todos. No el más
armado. El segundo,
más bajo de agujas,
apuntó ese perfil de
toro-ratón tan
clásico en lo
antiguo de Santa
Coloma. Le dieron en
tablilla 540 kilos.
O sea, que no tan
ratón.
Con lo que nadie
contaba era con que
los toros fueran a
emplearse tan poco.
Lo que tuvo de noble
el primero lo tuvo
también de apagado.
Sólo que, la primera
vez que Antonio
Barrera se tomó una
confianza, se le
metió por debajo de
los vuelos y lo
desarmó. Barrera ha
toreado en México
mucho. De novillero
y de matador. Pese a
su experiencia con
el toro de dormido
empuje, como ese
primero de La
Quinta, Barrera
pareció pretender
torearlo como si
fuera el clásico
toro de Parladé. En
corto más que en la
distancia, de abajo
arriba. Un exceso de
castigo en una tanda
de ahormar dejó al
toro casi vacío.
Farragosa faena de
las que parecen
condenadas al aviso
de castigo, que sonó
tras una estocada
contraria y dos
descabellos. Barrera
está matando bien
los toros.
Sergio Aguilar le
sacó los brazos al
segundo en el
saludo. Lances
firmes de buen
vuelo. Y un desarme.
Toro incierto y
mutante. Andarín, la
cara arriba,
distraído, no llegó
a encelarse
propiamente. No
descolgó y, en los
viajes a media
altura, perdía el
hilo. De pronto se
paró. Era el toro
del debut en Bilbao
de Sergio y resultó,
con el sexto, el más
deslucido o el menos
propicio de los seis
pupilos de La
Quinta. Tras un
pinchazo, Sergio
agarró una buena
estocada a capón.
Esos dos primeros
toros habían sido,
de paso, los de otro
debut en Bilbao: el
de los caballos de
pica de Alain
Bonijol. Una cuadra
francesa que en
plazas como las de
Bayona o Nimes lleva
ya tiempo operando.
Con general
admiración. Los
caballos, domados y
ligeros, y sus
ligeros arneses
impecables son
elemento clave en
una suerte de
reforma del tercio
de varas. La
revolución francesa.
Pablo y Óscar
Chopera estaban tras
la pista de Bonijol,
que fue novillero de
arte en la Francia
de los años ochenta
antes de dedicarse a
la cría y doma de
caballos de pica. En
San Sebastián la
cuadra ha producido
general asombro.
Bilbao es ahora el
gran examen.
Con el tercero de La
Quinta vino a ser la
primera exhibición
importante. El toro,
el de mejor aire, se
escupió de una
primera vara. Hubo
que sujetarlo en la
segunda. Y
convencerlo. Lo hizo
recostándose
delicadamente el
caballo de pica
sobre la salida del
toro. Y volvió a
hacerlo en una
tercera reunión. Se
puso andarín el
toro, y escarbó. Y,
sin embargo, empezó
a querer y a venirse
enseguida. Suele
pasar con los toros
bien picados. Y bien
entendidos. Lo que
hizo Iván Fandiño
fue torear sin
atacar, suavemente.
Lo mismo que acababa
de hacer el caballo
de Bonijol. Y perder
de partida pasos,
que tanto agradecen
los toros de Santa
Coloma.
Éste tuvo clase por
la mano derecha. No
por la izquierda.
Caprichos de los
encastes. Sin
molerlo ni
castigarlo, pero
tocando con
precisión; sujeto en
los embroques,
sueltos los brazos,
Fandiño le encontró
el gusto y el cómo
al toro. Y se templó
con él, le ligó tres
tandas cadenciosas.
Remató con alegría.
Y con calma. Una
estocada ligeramente
desprendida y
soltando el engaño.
Disfrutó todo el
mundo: la gente y el
propio torero de
Orduña, que es
refinado. Una oreja.
Y la primera
sustitución en
Bilbao de Morante,
que todavía
convalece de la
cornada de El
Puerto. La más cara
de la temporada.
Segunda parte
En la segunda mitad
de corrida no llegó
a saltar ningún toro
con la bondad del
tercero. El cuarto
se empleó en el
caballo: protestando
en la primera vara,
pero no en la
segunda. Tal vez
fuera trasero alguno
de los dos puyazos,
porque, después en
galopar en
banderillas, el toro
metió la cara en la
muleta pero no los
riñones. Ni una vez.
Una paciente porfía
de Barrera, pero
encima. Por la mano
izquierda se puso
pegajoso el toro,
que se enteraba.
Recibiéndolo,
Barrera le pegó una
notable media
estocada. La media
lagartijera.
El quinto fue el
hueso de la corrida.
Por la cara y la
cuerda de un pitón a
otro; porque apretó
en cuanto se sintió
acosado. Aquí estuvo
más visible la
pólvora. Fue toro
muy desagradecido,
sin embargo. Aguilar
le pegó por las dos
manos pases de
increíble ajuste.
Imposible más cerca.
Infinita la firmeza.
Monumentales
tragaderas.
Agresivo,
escarbador, algo
distraído, el toro
hizo de todo:
arrear, pegar algún
taponazo, revolverse
y tomar el engaño
también. Sin
demasiada fijeza. Ni
celo. Una estocada
trasera, otra en su
sitio. Larga faena.
A dos horas de había
ido ya la cosa
cuando saltó el
lindo sexto, que se
picó al relance y se
vino debajo de
repente. Mortecinos
viajes rebrincados.
El más aplomado.
Fandiño abrevió. No
lo vio claro con la
espada y no pasó.
Pero encontró la
manera.
Colpisa -
Barquerito
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