CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Bilbao - 16 Agosto 2009 -

Iván Fandiño, fortuna y ganas

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de La Quinta (Álvaro Martínez Conradi), en tipo, astifinos, de juego desigual. Fue corrida apagada en general y de emplearse poco. El tercero, que se escupió del caballo y escarbó, tuvo buen son por la mano derecha. El quinto, que escarbó también, peleó sin entregarse. Noble sin gas el primero; distraído el segundo; la cara arriba el cuarto; parado el sexto.
 

ESPADAS:

Antonio Barrera, que sustituyó a El Fundi, de escarlata y oro, ovación tras un aviso en los dos.

Sergio Aguilar, de violeta y oro, silencio y silencio tras un aviso.

Iván Fandiño, de malva y oro, una oreja y silencio.

INCIDENCIAS

El torero de Orduña se templa con el toro mejor de una apagada corrida de La Quinta. Una oreja. Se gana la sustitución de Morante. Valiente Sergio Aguilar. Cumple Barrera . Al término del paseíllo, un minuto de silencio en memoria de tres destacados personajes del Bilbao taurino fallecidos en el curso del año: Carmelo Sánchez Pando, Javier Aranduy y Javier de Bengoechea.
2ª de las Corridas Generales. Encapotado, templado. Media plaza.

Se esperaba una corrida agresiva, díscola y con motor. Porque esas son tres claves del toro santacoloma de La Quinta. Y se esperaba una corrida ofensiva, limpia y afilada de pitones. Lo primero, no; lo segundo, sí. Apenas agresiva, calado el motor y, luego, una corrida que ni fue díscola ni dejó de serlo. La chispa de temperamento que da el encaste anduvo dormida. El escaparate cumplió con lo previsto de antemano. Alto promedio de peso. Muy anchos los seis toros. Particularmente serios de cara los dos últimos. Paso de pitones el quinto, que, cárdeno calcetero y lucero, fue el de más lucida pinta de los seis. Dos agudas dagas tenía el sexto. Remangado de astas, el primero fue el toro con más plaza de todos. No el más armado. El segundo, más bajo de agujas, apuntó ese perfil de toro-ratón tan clásico en lo antiguo de Santa Coloma. Le dieron en tablilla 540 kilos. O sea, que no tan ratón.
Con lo que nadie contaba era con que los toros fueran a emplearse tan poco. Lo que tuvo de noble el primero lo tuvo también de apagado. Sólo que, la primera vez que Antonio Barrera se tomó una confianza, se le metió por debajo de los vuelos y lo desarmó. Barrera ha toreado en México mucho. De novillero y de matador. Pese a su experiencia con el toro de dormido empuje, como ese primero de La Quinta, Barrera pareció pretender torearlo como si fuera el clásico toro de Parladé. En corto más que en la distancia, de abajo arriba. Un exceso de castigo en una tanda de ahormar dejó al toro casi vacío. Farragosa faena de las que parecen condenadas al aviso de castigo, que sonó tras una estocada contraria y dos descabellos. Barrera está matando bien los toros.
Sergio Aguilar le sacó los brazos al segundo en el saludo. Lances firmes de buen vuelo. Y un desarme. Toro incierto y mutante. Andarín, la cara arriba, distraído, no llegó a encelarse propiamente. No descolgó y, en los viajes a media altura, perdía el hilo. De pronto se paró. Era el toro del debut en Bilbao de Sergio y resultó, con el sexto, el más deslucido o el menos propicio de los seis pupilos de La Quinta. Tras un pinchazo, Sergio agarró una buena estocada a capón.
Esos dos primeros toros habían sido, de paso, los de otro debut en Bilbao: el de los caballos de pica de Alain Bonijol. Una cuadra francesa que en plazas como las de Bayona o Nimes lleva ya tiempo operando. Con general admiración. Los caballos, domados y ligeros, y sus ligeros arneses impecables son elemento clave en una suerte de reforma del tercio de varas. La revolución francesa. Pablo y Óscar Chopera estaban tras la pista de Bonijol, que fue novillero de arte en la Francia de los años ochenta antes de dedicarse a la cría y doma de caballos de pica. En San Sebastián la cuadra ha producido general asombro. Bilbao es ahora el gran examen.
Con el tercero de La Quinta vino a ser la primera exhibición importante. El toro, el de mejor aire, se escupió de una primera vara. Hubo que sujetarlo en la segunda. Y convencerlo. Lo hizo recostándose delicadamente el caballo de pica sobre la salida del toro. Y volvió a hacerlo en una tercera reunión. Se puso andarín el toro, y escarbó. Y, sin embargo, empezó a querer y a venirse enseguida. Suele pasar con los toros bien picados. Y bien entendidos. Lo que hizo Iván Fandiño fue torear sin atacar, suavemente. Lo mismo que acababa de hacer el caballo de Bonijol. Y perder de partida pasos, que tanto agradecen los toros de Santa Coloma.
Éste tuvo clase por la mano derecha. No por la izquierda. Caprichos de los encastes. Sin molerlo ni castigarlo, pero tocando con precisión; sujeto en los embroques, sueltos los brazos, Fandiño le encontró el gusto y el cómo al toro. Y se templó con él, le ligó tres tandas cadenciosas. Remató con alegría. Y con calma. Una estocada ligeramente desprendida y soltando el engaño. Disfrutó todo el mundo: la gente y el propio torero de Orduña, que es refinado. Una oreja. Y la primera sustitución en Bilbao de Morante, que todavía convalece de la cornada de El Puerto. La más cara de la temporada.

Segunda parte

En la segunda mitad de corrida no llegó a saltar ningún toro con la bondad del tercero. El cuarto se empleó en el caballo: protestando en la primera vara, pero no en la segunda. Tal vez fuera trasero alguno de los dos puyazos, porque, después en galopar en banderillas, el toro metió la cara en la muleta pero no los riñones. Ni una vez. Una paciente porfía de Barrera, pero encima. Por la mano izquierda se puso pegajoso el toro, que se enteraba. Recibiéndolo, Barrera le pegó una notable media estocada. La media lagartijera.

El quinto fue el hueso de la corrida. Por la cara y la cuerda de un pitón a otro; porque apretó en cuanto se sintió acosado. Aquí estuvo más visible la pólvora. Fue toro muy desagradecido, sin embargo. Aguilar le pegó por las dos manos pases de increíble ajuste. Imposible más cerca. Infinita la firmeza. Monumentales tragaderas. Agresivo, escarbador, algo distraído, el toro hizo de todo: arrear, pegar algún taponazo, revolverse y tomar el engaño también. Sin demasiada fijeza. Ni celo. Una estocada trasera, otra en su sitio. Larga faena.

A dos horas de había ido ya la cosa cuando saltó el lindo sexto, que se picó al relance y se vino debajo de repente. Mortecinos viajes rebrincados. El más aplomado. Fandiño abrevió. No lo vio claro con la espada y no pasó. Pero encontró la manera.

 

Colpisa - Barquerito
 

 

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