CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Castellón -  20 Marzo 2009 

Un distinguido éxito de Abel Valls"

FICHA DEL FESTEJO

TOROS

Seis toros de El Torreón (César Rincón). Corrida muy bien hecha, son dos toros, segundo y tercero, de bella lámina. El sexto dio muy bien juego. Bondadoso un primero fragilísimo; manejables segundo, tercero y cuarto; se rajó el tercero.
 

ESPADAS

Luis Francisco Esplá, de turquesa y oro, silencio y saludos

José Tomás, de rosa y oro, oreja y oreja tras un aviso.

Abel Valls, de malva y oro, saludos y dos orejas.



INCIDENCIAS

Lleno. Primaveral. Cogido por el sexto el banderillero José Vicente Almagro. Una cornada superficial en zona inguinal y escrotal con amputación de un testículo.
 

Foto: Burladero.com

 

 


Antes de soltarse el segundo toro, se liaron a bofetadas dos parroquianos en los altos del 7, que en Castellón es tendido de sol y sombra. Pegaba el primer sol calentito de la primavera. Los púgiles iban tocados con esos sombreros de plástico que remedan la paja trenzada Por ansiedad sería. Lo propio de los llenos reventones. Los nervios. No fue para tanto: ni para pegarse ni para ponerse de pie ni para rasgarse las vestiduras. Ni para entonar el famoso “¡Ya lo vi!”. Nada de eso.
Un hermoso toro de El Torreón, el mejor rematado de la corrida: negro, engatillado, todo puesto en su sitio y en armonía. José Tomás lo recibió con una gavilla mixta de tres verónicas, cinco chicuelinas y revolera. De cuanto acabó haciendo el toro, esas embestidas de salida codiciosas y suaves fueron lo de mejor son. Noble, apagado, dócil y mansito, escarbó al dolerse. Al descolgar parecía rendido, exánime. Fue y vino sin más. Y sin gas.

José Tomás se embarcó en larga faena. Ni mística ni retórica. La castigó la banda de música con las marciales notas del Amparito Roca. Ni así se animó el toro, cada vez más encogido. Tampoco se inspiró el torero: encima pero por fuera, sin pausas apenas. La apuesta, convencional, se quedó corta por las dos manos. Sin soltar toro en una tanda en redondo; perdiéndole pasos por la izquierda. La distinción de una trinchera de salida y uno de la firma. No hubo ni el subrayado de óles. A pies juntos y de perfil, en un palmo, ligó José Tomás una tanda forzada. Un frustrado adorno del repertorio mexicano: el pase de las flores y otros pétalos sueltos. Y un final intencionado: de quererle ganar al toro el pitón contrario a pasitos, ya demasiado tarde, y de firmar la cosa toda con pases por alto a pies juntos ligados sin rectificar. Pinchazo y estocada. No hubo petición mayoritaria. Tenía floja la mano el palco: una oreja.

Antes de soltarse el quinto, otros dos del 7 alto, tal vez los mismos de antes, se engancharon a puñetazo limpio. Toda la ventaja para el que estaba dos filas por encima. No había ni espacio para que entraran agentes del orden. Asomó el toro y fue como firmar en Westfalia una paz que no dejó heridos ni muertos. Un toro colorado, bizco, de anchas mazorcas, recogidito, lleno. También a éste salió José Tomás a recibirlo y fijarlo. Con lances a pies juntos, siete u ocho, despaciosos, acompasados, de lindo juego de brazos y muñecas. Promesa de mejorar la prestación previa. En un quite premeditado y solemne, dando distancia, José Tomás atacó por gaoneras, y pasó el toro rozando los alamares pero salieron enganchados los tres lances. Y desplazado el torero.

Desgana

Este quinto de corrida, bondadoso, iba a aplomarse o a obedecer con desgana. Tras hermosa apertura a dos manos, y la suerte cargada que distingue en el toreo por alto la mena de la ganga, José Tomás volvió a embarcarse en prolija faena. Ajustada, tesonera, pero de las de una tanda y otra, y otra más, ninguna redonda. Muchos embroques a pies juntos, no se rompía el toro por falta de fondo. Doce minutos. Al palco se le paró el reloj. No tocó la banda esta vez. Pero en un tendido de sol apareció un Farina o Farinelli flamenco. Voz en falsete que se saltó el diapasón como con pértiga. Parodia del duende de cante jondo. Visita inesperada y no del todo oportuna. No hubo duende. Sí el remate por manoletinas, abundantes, y al segundo viaje, tras sonar un aviso, una estocada.
Esplá había cumplido sus dos turnos sin apuros ni apreturas ni remilgos. Tuvo el detalle de banderillear los dos toros de lote. Una ortopédica faena al primero de la tarde, que no podía con su alma; y un trasteo como al escondite con el cuarto, que después de banderillas, ya no tuvo ganas de nada. Un circular ligado con un molinete fue el único sello Esplá en esta su corrida de adiós a Castellón. Como su huella dactilar
El tercer hombre, Abel Valls, fue el torero de la tarde. El mejor librado, el claro triunfador de la pelea que no fue tal pelea. O la pelea de verdad: de torero y toro. Abel no terminó de entenderse con el tercero de la tarde, que se rajó a los diez muletazos. Torero nuevo, sólo cuatro días de antigüedad en el escalafón de matadores de alternativa. No dio con la manera de sujetar y perseguir al toro. Fue luego, con el sexto, cariavacado, flaco y largo, de raras hechuras. Al banderillero Almagro lo prendió de feísima manera en el segundo par y le pegó una cornada del ano al ombligo con lesiones en ingle y escroto. Abel se echó adelante. Y vino, con el toro de la corrida, la faena de la tarde: la más templada, la de la ambición, la de éste no se me escapa. “Éste” fue el toro que, con gasolina y estilo, tomó la muleta por las dos manos, por abajo y repitiendo. Y el nuevo matador de Castellón hizo lo propio: bajar la mano, correrla, templarse, despatarrarse sin exagerar, sujetarse cuando por algún motivo le dudó el toro en el embroque. Fueron fantásticos los naturales y los de pecho: por el dibujo y el gobierno. Sinceridad de torero nuevo. Corazón. La gota de calidad imprescindible. Una estocada sin puntilla. Puerta grande. A hombros con José Tomás. Un lujo.

Colpisa- Barquerito

 


 

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