CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Granada - Quinto festejo de la Feria del Corpus.  10 de Junio 2009 

Demasiado premio para Morante y Perera en tarde en la que solo Talavante mereció salir a hombros por la Puerta Grande

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Toros de Gavira
, de aceptable presentación. En general, justos de fuerza, sin apenas raza, aunque nobles. El sexto, el mejor del encierro. Por el contrario, el quinto fue el más deslucido.

ESPADAS:

Morante de la Puebla: Pinchazo hondo, dos pinchazos más y estocada (ovación tras un aviso); y estocada (dos orejas).

Miguel Ángel Perera: Media estocada, se quedó en la cara y salió prendido sin consecuencias, y descabello (oreja) y estocada (oreja).

Alejandro Talavante: Estocada (dos orejas) y pinchazo y estocada (oreja). Presidió el festejo Mariano de Damas, muy genoroso a la hora de conceder trofeos.

INCIDENCIAS:

Plaza de toros de Granada. Quinto festejo de abono de la Feria del Corpus. Alrededor de tres cuartos de entrada. Tarde calurosa

 

 





Alejandro Talavante



 

 



 


 

   

Se produjo la primera apertura de la Puerta Grande de la Plaza de Toros de Granada. Y se hizo para los tres espadas, cuando en la realidad solo uno debió de salir a hombros por ella: Alejandro Talavante. Los otros dos toreros, Morante y Perera se aprovecharon de la bondad, lo hemos dicho hasta la saciedad año tras año, del público granadino y de las sucesivas presidencias que hay en el abono del Corpus, iguales caras e iguales defectos: Generosidad a porrillo.

Solo Talavante mereció salir a hombros. En Granada, ciudad en la que todo es posible y en donde más de un torero se reencontró consigo mismo, ha sido la ciudad para que Alejandro Talavante volviera a la senda del triunfo, tres orejas, después de realizar una faena muy homogénea a su primero después de recibirlo a la verónica y efectuar un precioso quite por sanjuaneras.

En la faena, Talavante volvió a estar en figura. Su toreo profundo, muy ajustado en ocasiones, pero siempre limpio, reflejó el estado de ánimo del torero en la tarde granadina, lo que habrá significado una buena dosis de moral para un torero que venía de no estar muy acertdo en Madrid y cuya temporada no estaba siendo buena. Faena importante que el público premio con dos orejas.

Si había estado en torero en su primer enemigo, superó con creces su actuación en el segundo. Lo sorprendente fue que solo se le pidiera una oreja por un pinchazo a la hora de matar cuando a otros espadas se les da hasta el rabo por actuaciones que nada tienen que ver con lo realizado hoy por Alejandro Talavante. El público de Granada es así, y sus presidentes, también.

Fue una lástima que no tuviera mayor premio el faenón que cuajó en el sexto de la tarde. Se encontró agusto ante su enemigo al que le fue sacando de la barriga cuantos pases tuvo. Pero no pases de cualquier forma, de los acostumbrados a ver por desgracia un día sí y el otro también. Fueron pases de excelente factura, pases puros, preciosos, algo que su enemigo merecía por la clase que demostró durante la faena.

El único defecto del toro fue que no entró en varas. Tuvo una toma de contacto y levísimo castigo. Si acaso, romperle la piel. Sabia, el torero, que no aguantaría de entrar al caballo de forma ortodoxa y correcta. Por eso le privó de ese castigo. Comprensible, pués, que no se le diera la vuelta al ruedo como algún sector lo pidió. Aquí, el presidente acertó. Como Talavante en el faenón que realizó, que mereció dos orejas y de no haber pinchado, hasta el rabo. Una lástima.

El toreo hondo, lo puso Alejandro Talavante, de eso no tienen duda los buenos aficionados.

MORANTE

Sonaron palmas por bulerías tras parear a su segundo enemigo y con toda tranquilidad puedo decir que sobraron porque el tercio de banderillas que hizo el de la Puebla no fue ni regular. Colocó dos medios pares y otro que se  estrelló en el albero. De su lote, el segundo fue mejor, porque el primero tuvo una embestida corta y desrazado, como casi todo el encierro en este sentido.

Su faena tubo de todo. Lo mismo mostraba torería, como toreaba vulgar, sin redondear el trasteo. El público, de todas formas, estuvo entregado a Morante desde el momento en que desplegó el capote para recibir al cuarto de la tarde, segundo de su lote y, en honor a la verdad, no fue para tanto ni la faena ni su actitud tan positiva, porque se limitó a cumplir sin más en su primera comparecencia. De ahí, que fuese demasiado premio las dos orejas que fácilmente le entregó el público y el presidente.

De su primero, poco que contar. Fue una faena sin continuidad, con altibajos y en esto colaboró sobremanera su enemigo, que jamás tomó la muleta con claridad.

PERERA

A punto estuvo de un percance cuando al entrar a matar se quedó en la cara de su enemigo. El susto en los tendidos fue mayúsculo por como se vió al torero suspendido de un pitón. Afortunadmente no pasó a mayores, no tuvo consecuencias, y Perera pudo continuar su labor, premiada con dos orejas, una y una en cada uno de sus enemigos.

Es cierto que en suerte le tocó el peor lote. Su primero no tuvo nada bueno, de la muleta salía con la cabeza alta, tomaba la muleta andando y su faena se basó en la quietud y en la insistencia.

En el quinto de la tarde, el peor del encierro, deslucido, la faena fue una más de las muchas que se ven, con un animal que cabeceaba por ambos pitones, muy soso, con pases que nunca fueron limpios, casi siempre enganchados por el pitón correspondiente y pare usted de contar.

Su voluntad e insistencia le valieron la oreja para acompañar a Talvante y Morante.

José Antonio Paredes.- GranadaDigital

 Laplazareal.net © casemo