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FICHA DEL FESTEJO |
TOROS:
Toros de
Núñez del
Cuvillo,
aceptablemente
presentados,
nobles y, a
pesar de sus
justas
fuerzas, de
buen juego.
Los dos
primeros, no
obstante, a
menos en el
último
tercio. El
5°, premiado
con la
vuelta al
ruedo; y el
6°-"Miraflores",
N° 216, de
539 kilos de
peso,
castaño y
nacido en
febrero de
2005-,
indultado,
el más
completo,
bravo de
verdad,
aunque no se
le vio del
todo en el
caballo, con
un ligero
puyacito.
ESPADAS:
Javier
Conde,
ovación y
silencio
tras aviso.
José
Tomás,
oreja
minoritariamente
pedida y dos
orejas y
rabo.
Daniel
Luque,
dos orejas y
rabo y
máximos
trofeos
simbólicos.
INCIDENCIAS:
La plaza tuvo lleno de "no hay billetes"
en tarde de calor africano.
Curro Robles
saludó por un excelente tercio de
banderillas en el 6°.
Corrida de las que hacen historia, hoy
en Granada, por fin, un triunfo grande y
auténtico, de José Tomás y Daniel Luque,
con un balance en la tarde de siete
orejas, tres rabos, un toro indultado y
otro de vuelta al ruedo, y la salida a
hombros de los dos toreros, el mayoral
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Se
veía venir.
En Granada,
a poco que
embista un
toro, y que
un torero se
encuentre a
gusto con
él, triunfo
más que
seguro. Pero
si encima
embisten los
seis -la
corrida
completa de
Núñez del
Cuvillo
aún con sus
matices-, y
dos toreros
están más
que bien
-caso
José Tomás
y
Daniel Luque,
sobradísimos
ambos, y
aquí no hay
pegas que
valgan-, la
cosa alcanza
tintes de
acontecimiento.
La locura,
esta vez
justificada.
Seguramente
nace todo en
el fenómeno
José
Tomás,
que abarca
desde el
ambiente que
rodea a la
corrida en
sus
prolegómenos,
con la
reventa por
las nubes,
hasta el
desarrollo y
el remate de
la misma.
Todo a más.
Los
granadinos,
que cada
tarde salen
de su plaza
convencidos
de haber
visto el
espectáculo
del siglo
con
"marcadores"
de trofeos y
salidas a
hombros como
en pocas
plazas y
ferias se
ofrecen, de
pronto se
han dado
cuenta de
que el
paraíso es
otra cosa,
que todavía
estaba por
venir para
ellos, pero
que por fin
les ha
llegado.
Ha sido hoy,
quede claro
que con
José Tomás
y otro
benjamín del
toreo que se
mueve por el
ruedo y
frente al
toro con
desparpajo
de figura,
Daniel
Luque. Y
no se queden
atrás los
toros de
Núñez del
Cuvillo.
Al final,
los dos
toreros, el
mayoral y el
ganadero,
los cuatro a
hombros.
¡Ésta sí que
ha sido una
apoteosis!,
y como tal
son muchos
aspectos de
la misma a
significar.
La
concentración
del tendido,
total. No
dejaron
intervenir a
la banda en
momentos
puntuales
-pobres
músicos, sin
saber para
dónde tirar,
menos mal
que José
Tomás
tomó la
iniciativa,
apremiándoles
para que
arrancaran
el
pasodoble-,
ni
permitieron
otras
escenificaciones
ajenas a la
grandilocuencia
de la
corrida, por
ejemplo,
cuando
Javier Conde
quiso
ponerse "en
trance".
Todo
concentrado
en la
seguridad y
el dominio
de José
Tomás,
en la
personalidad
de su toreo.
Aunque
todavía en
su primero
hubo quien
echó en
falta algún
pasaje
épico, de
todas
imposible,
puesto que
el toro no
acompañó
hasta el
final. Por
eso faltaron
pañuelos en
la petición
del trofeo
que paseó.
Ya en el
quinto se
salió, de
principio a
fin. Los
lances
rodilla en
tierra, el
quite por
gaoneras.
Suertes muy
preparadas y
mejor
resueltas. Y
con la
muleta, el
toreo de una
extraordinaria
quietud y
gran ajuste.
En lo
fundamental,
derechazos y
naturales,
el cite
ofreciendo
el medio
pecho, la
pierna
contraria
adelantada,
muy cruzado
siempre, muy
metido en el
terreno del
toro, los
pases
magníficamente
engarzados
en tiempo y
espacio, lo
que los
flamencos
llaman a
compás.
Capítulo
aparte el
rosario de
remates, del
desdén y de
la firma,
antes los
cambios, por
delante y
por detrás,
el afarolado
y el
consabido de
pecho. Quizá
no habría
que entrar
en tantos
detalles. El
relato, la
alabanza,
siempre se
quedaran
cortos. La
vuelta al
ruedo con
los máximos
trofeos
entre gritos
de
¡toreros-torero!,
todo un
poema.
Y Luque.
Si no tiene
precio lo de
José
Tomás,
hoy, como
dicen los
ciclistas,
se le pegó a
la rueda
este
Daniel Luque,
como una
lapa.
Soberbio su
concepto del
toreo, y
fabulosa su
ambición.
Muy lograda
su primera
faena,
enganchando
siempre al
toro por
delante. El
pasaje final
de los
cambios de
mano
engarzados a
naturales y
derechazos
sin la ayuda
de la
espada, en
un palmo de
terreno y
quietísimo.
Menudo
alboroto.
En el sexto
versión
corregida y
aumentada.
El toreo por
abajo, con
ajuste y con
gracia.
Habrá quien
le ponga
pegas por la
aceleración,
y no sería
justo. ¿O
acaso la
juventud no
se
manifiesta
también y
sobre todo
por el
ímpetu? En
sus
circunstancias
hay que
tomarlo como
mérito
añadido. Dos
y rabo, y
dos y rabo
simbólicos.
Luque
está
embaladísimo.
Hay que
hablar de
Conde,
que no tuvo
su tarde. Y
pararse
también en
los toros.
Buenos
toros. Esta
vez no sería
justo
pormenorizar
algunas
cosillas en
contra -los
pitones,
sospechosamente
romos, pues
como ocurre
casi todas
las tardes
de figuras-,
pero del
"afeitado"
el toro no
tiene la
culpa.
Bravos sí
que fueron,
los seis.
Juan Miguel
Núñez -
EFE
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