CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Logroño  -21 septiembre 2009 -

"Sólo un fuenteymbro de nota"

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). De idéntica pinta –retintos- pero no perfiles ni condición semejantes. Con la edad recién cumplida los seis. El tercero, que descolgó y se entregó, fue de buena nota. El quinto, de agresivo genio, y rajado de cobardón, el peor. Manejables primero, cuarto y sexto. Se vino abajo un deslucido segundo.

ESPADAS:

Luis F. Esplá, de azul prusia y oro, silencio tras un aviso y silencio.

El Juli, de verde musgo y oro, silencio en los dos.

Miguel Ángel Perera, de carmesí y oro, una oreja y silencio tras un aviso.


INCIDENCIAS

2ª de feria. Casi tres cuartos de plaza. Sacaron a Esplá a saludar después del paseo. Una bella corrida de Ricardo Gallardo, pero sin la calidad ni la categoría de la del año pasado en San Mateo. Perera se luce con el toro mejor pero no llega a redondear.

Video resumen

La corrida de Fuente Ymbro fue sólo de escaparate. Idénticas las pintas de los seis toros. Sería capricho del ganadero. En las ganaderías largas cabe jugar hasta con los pelos. Retintos los seis: castaños lombardos. Los seis, con la edad recién tomada. El primero, noblito y pronto, tuvo embestida más de novillo que de toro. Del toro de verdad belicoso de Fuente Ymbro apenas hubo noticia. Salió, sin embargo, un tercero de muy notable calidad. Un volatín completo. Y se temió que lo dejara mermado. Un primer puyazo de los de emplearse. Y ese segundo viaje al caballo que es preceptivo en Logroño. De gran alegría el toro: largos viajes humillados por las dos manos, bravo el son. El son es el ritmo y ese toro lo tuvo: codicia y regularidad. Duración. Así que fue de los elegidos.
No los otros. Un quinto agresivo, con chispa de genio, de los que se defienden al atacar y no embestir. Tarascadas apoyándose en las manos. Escarbó con su punto de fiereza. Rajado cuando, bajados los humos, ni siquiera sometido de puro díscolo, tuvo el combate perdido. No más garbanzos negros ni tan agrios. Se dejó el sexto, de aire mansito, hasta que se puso a buscar las tablas. Metió la cara pero empujando muy poquito un cuarto con más carnes que trapío. Y hubo, en fin, un segundo, frenado y distraído de partida, las manos por delante: ligeramente claudicante, mal coordinado, derrengado, hizo lo que suelen hacer toros de tal condición: la cara altura, y pegar cabezazos.
El reparto del sorteo fue, por tanto, favorable para Perera. Más que aceptable para Esplá. El Juli se llevó juntos los dos peores: el toro prenda, que fue el quinto, y el más deslucido, que fue el segundo. Con la suerte echada, sin embargo, pesaba entre los fijos del abono la seria conducta de dos de los toros de Torrestrella que abrieron el domingo abono. Contrastes inevitables.
Perera jugó su baza con firmeza. La baza del excelente tercero de corrida. Le bajó las manos en un templado saludo de capa. Al marcar abajo la revolera de remate, se pegó el toro el volatín de la falsa alarma. Un brindis al público. Para corresponder: antes de soltarse el toro, se abrió hueco una ovación de aliento. En reconocimiento de sus tres gloriosas tardes de Logroño hace un año. Perera abrió faena con su manojo habitual de alardes en el platillo: cambiados por la espalda, pases del desdé, dos cambiados. Todos cosidos en un solo lazo. Trepidante trompetazo.

Inseguro por la izquerda

Quedó visto el toro, ya dispuesto sin tregua en lo que iba a ser larga y abundante faena. No todo fue del mismo calibre: despacio, templado Perera con al mano diestra. Menos seguro por la izquierda. Enchufado, le hizo el toro perder más pasos de la cuenta. Perera quiso ir a las trenzas entre pitones. No consintió el toro. Estuvo embalada la música, que le dio al temible “Nerva” tres vueltas de 78 revoluciones. Perera no perdió la calma, pero a la faena le faltó el punto de dominio que las distingue de otras. El ambiente, volcado, se enfrió un poco. Un pinchazo, una estocada. Una oreja. La única de la tarde. Al sexto, de poquito corazón, se empeñó Perera en tomarlo muy de cerca y, después de un par de arrancadas sorpresas, se encajó, pero no del todo, en la zona de bucles y ochos. Hasta que decidió el toro irse.
Esplá cumplió con su papel. Una despedida ni cargante ni ceremoniosa. Dos sencillos trabajos, seis pares de banderillas –con el regalo de dos violines muy lindos- y detalles del viejo repertorio: lances de costadillo, molinetes, espaldinas, el muletazo suelto ajustado de escuela clásica. El Juli bailó con la más fea. Tuvo el feliz detalle de abreviar con el segundo y el inesperado gesto de brindar al público el quinto cuando ya el toro había hecho unas cuantas perrerías. Un estupendo quite por chicuelitas, unos lances de rico temple y, en los medios, una faena de pelear. De fijar al toro y bajarle la mano, de jugar sobre las piernas cuando se le revolvió. Y de decir basta cuando, rajado, se fue el toro a tablas. Una notable estocada contraria. Y cinco descabellos.
 

 

Colpisa - Barquerito

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