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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros de Fuente
Ymbro (Ricardo
Gallardo). De idéntica
pinta –retintos- pero no
perfiles ni condición
semejantes. Con la edad
recién cumplida los
seis. El tercero, que
descolgó y se entregó,
fue de buena nota. El
quinto, de agresivo
genio, y rajado de
cobardón, el peor.
Manejables primero,
cuarto y sexto. Se vino
abajo un deslucido
segundo.
ESPADAS:
Luis F. Esplá, de
azul prusia y oro,
silencio tras un aviso y
silencio.
El Juli, de verde
musgo y oro, silencio en
los dos.
Miguel Ángel Perera,
de carmesí y oro, una
oreja y silencio tras un
aviso.
INCIDENCIAS
2ª de feria. Casi tres
cuartos de plaza.
Sacaron a Esplá a
saludar después del
paseo. Una bella corrida
de Ricardo Gallardo,
pero sin la calidad ni
la categoría de la del
año pasado en San Mateo.
Perera se luce con el
toro mejor pero no llega
a redondear.
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La corrida de Fuente Ymbro fue sólo de escaparate. Idénticas
las pintas de los seis toros. Sería capricho del ganadero. En
las ganaderías largas cabe jugar hasta con los pelos. Retintos
los seis: castaños lombardos. Los seis, con la edad recién
tomada. El primero, noblito y pronto, tuvo embestida más de
novillo que de toro. Del toro de verdad belicoso de Fuente Ymbro
apenas hubo noticia. Salió, sin embargo, un tercero de muy
notable calidad. Un volatín completo. Y se temió que lo dejara
mermado. Un primer puyazo de los de emplearse. Y ese segundo
viaje al caballo que es preceptivo en Logroño. De gran alegría
el toro: largos viajes humillados por las dos manos, bravo el
son. El son es el ritmo y ese toro lo tuvo: codicia y
regularidad. Duración. Así que fue de los elegidos.
No los otros. Un quinto agresivo, con chispa de genio, de los
que se defienden al atacar y no embestir. Tarascadas apoyándose
en las manos. Escarbó con su punto de fiereza. Rajado cuando,
bajados los humos, ni siquiera sometido de puro díscolo, tuvo el
combate perdido. No más garbanzos negros ni tan agrios. Se dejó
el sexto, de aire mansito, hasta que se puso a buscar las
tablas. Metió la cara pero empujando muy poquito un cuarto con
más carnes que trapío. Y hubo, en fin, un segundo, frenado y
distraído de partida, las manos por delante: ligeramente
claudicante, mal coordinado, derrengado, hizo lo que suelen
hacer toros de tal condición: la cara altura, y pegar cabezazos.
El reparto del sorteo fue, por tanto, favorable para Perera. Más
que aceptable para Esplá. El Juli se llevó juntos los dos
peores: el toro prenda, que fue el quinto, y el más deslucido,
que fue el segundo. Con la suerte echada, sin embargo, pesaba
entre los fijos del abono la seria conducta de dos de los toros
de Torrestrella que abrieron el domingo abono. Contrastes
inevitables.
Perera jugó su baza con firmeza. La baza del excelente tercero
de corrida. Le bajó las manos en un templado saludo de capa. Al
marcar abajo la revolera de remate, se pegó el toro el volatín
de la falsa alarma. Un brindis al público. Para corresponder:
antes de soltarse el toro, se abrió hueco una ovación de
aliento. En reconocimiento de sus tres gloriosas tardes de
Logroño hace un año. Perera abrió faena con su manojo habitual
de alardes en el platillo: cambiados por la espalda, pases del
desdé, dos cambiados. Todos cosidos en un solo lazo. Trepidante
trompetazo.
Inseguro por la izquerda
Quedó visto el toro, ya dispuesto sin tregua en lo que iba a ser
larga y abundante faena. No todo fue del mismo calibre:
despacio, templado Perera con al mano diestra. Menos seguro por
la izquierda. Enchufado, le hizo el toro perder más pasos de la
cuenta. Perera quiso ir a las trenzas entre pitones. No
consintió el toro. Estuvo embalada la música, que le dio al
temible “Nerva” tres vueltas de 78 revoluciones. Perera no
perdió la calma, pero a la faena le faltó el punto de dominio
que las distingue de otras. El ambiente, volcado, se enfrió un
poco. Un pinchazo, una estocada. Una oreja. La única de la
tarde. Al sexto, de poquito corazón, se empeñó Perera en tomarlo
muy de cerca y, después de un par de arrancadas sorpresas, se
encajó, pero no del todo, en la zona de bucles y ochos. Hasta
que decidió el toro irse.
Esplá cumplió con su papel. Una despedida ni cargante ni
ceremoniosa. Dos sencillos trabajos, seis pares de banderillas
–con el regalo de dos violines muy lindos- y detalles del viejo
repertorio: lances de costadillo, molinetes, espaldinas, el
muletazo suelto ajustado de escuela clásica. El Juli bailó con
la más fea. Tuvo el feliz detalle de abreviar con el segundo y
el inesperado gesto de brindar al público el quinto cuando ya el
toro había hecho unas cuantas perrerías. Un estupendo quite por
chicuelitas, unos lances de rico temple y, en los medios, una
faena de pelear. De fijar al toro y bajarle la mano, de jugar
sobre las piernas cuando se le revolvió. Y de decir basta
cuando, rajado, se fue el toro a tablas. Una notable estocada
contraria. Y cinco descabellos.
Colpisa - Barquerito
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