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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Dos toros para rejones:
un primero, sobrero, de
Ángel Sánchez y Sánchez,
de menos a más, y un
cuarto de Fermín
Bohórquez, que dio
excelente juego. En
lidia ordinaria, cuatro
de José Miguel Arroyo.
Segundo y sexto con el
hierro de Toros del
Tajo. Tercero y quinto,
con el de Toros de la
Reina. Una corrida muy
bonita, noble y
bondadosa, que pecó en
conjunto de frágil. El
tercero, pastueño,
protestó en el caballo,
pero se empleó con aire
boyante. El quinto,
tundido en varas, no
contó. Manejables un
segundo sin fuelle y un
sexto que perdió mucho
las manos.
ESPADAS:
Hermoso
de Mendoza,
silencio y saludos.
Morante
de la Puebla,
de tabaco y oro,
silencio y pitos.
Rubén Pinar, de
salmón y oro, dos orejas
y una oreja.
INCIDENCIAS
3ª de
feria. Tres cuartos de
plaza. -El torero de
Tobarra se templa con
dos toros de los de
templarse o nada y cae
en Logroño de pie: tres
orejas, a hombros.
Inhibido Morante.
Soberbia faena de
Hermoso
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No todos cumplieron con las previsiones. Casi todos. Pablo
Hermoso toreó con desmedido talento un bravo toro de Bohórquez.
Imposible torear a caballo ni más cerca ni más despacio. Una
exquisitez. Joselito echó una corrida de seráfica bondad. Entre
las variantes de las dos ganaderías –Toros del Tajo y Toros de
la Reina- parecen repartidas en dosis idénticas eso que el
propio ganadero ha definido como “lo agreste” y “lo sensible”.
La dosis de Logroño fue infinitamente más sensible que agreste.
El breve chispazo agresivo del tercero de corrida quedó domado
en un puyazo que no tomó el toro de bravo precisamente. Ese toro
fue singular: escarbó mucho antes de varas y después, dejó de
hacerlo como por ensalmo y enterró los pitones en la arena dos
veces al arrancar Rubén Pinar una faena que iba a ser modelo de
temple. Para que el toro no se descompusiera en la muleta
resultó imprescindible el tiento. El compás, la delicadeza de
este nuevo torero de Albacete. Tan reciente, pero tan seguro:
para pisar, ponerse, tocar, rematar, ligar. Torear muy despacio
como si tuvieran imán los flecos de la muleta.
Firme, encajado, seguro de verdad Rubén, que debutaba en Logroño
y lo pudo celebrar. A modo. Fue una faena larga, pero sin
equivocaciones ni pasos en falso. Y, cuando todo parecía más que
hecho, y el toro más que toreado, Rubén decidió en alardes de
poder coser una trenza de casi diez muletazos en circular,
cambiados o en la suerte natural. El toro se abría un poco, o lo
abriría Pinar, y el efecto óptico sedujo a la gente. Una
estocada a capón y casi fulminante. Dos orejas.
Las previsiones a propósito de Morante eran inciertas. No se
descartaba una invasión de musas. Tampoco la posibilidad de una
renuncia. Moroso para resolverse, para llegar al toro, para
lidiarlo, hasta para estudiar el transparente fondo del primero
que mató. Un toro jabonero, acaramelados pitones, de dulce son
por la mano derecha. Morante estuvo como en un tentadero:
ayudados de su firma cargando la suerte, dos o tres tandas en
redondo de buen hilván y natural compostura, un kikirikí. El
punto distraído del toro confundió a Morante, poco amigo de
calcular terrenos y distancias. Torero improvisador. Pero aquí
pareció seriamente desinflado. Y más todavía en el segundo de
sus turnos. Desconfiado, tan fuera de cacho, que parecían toro y
torero de corridas distintas.
Hermoso acababa de rizar el rizo con el toro de Bohórquez. Con
dos de los galanes de la cuadra: Chenel, que parecía una muleta
echada al hocico, e Ícaro, que se metía en terrenos del toro con
un desparpajo insólito. Pero ni a ese toro lo mató como debería.
Ni tampoco al suave sobrero de Ángel Sánchez, que administró con
maestría. De menos a más. El fino tranco del sexto, jabonero
también, invitaba, pero se acostaba un poco. Valiente, claras
las ideas de Pinar. Pero ahora se tomó sus ventajas: despegarse,
tapar al toro. Se volcó el ambiente, que había protestado el
toro por flojo. Pero resistió: caratécnica. Valor también.
Colpisa - Barquerito |