CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Logroño  -23 septiembre 2009 -

El Juli, despacito y paciente

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de Zalduendo (Fernando Domecq Solís), de desiguales hechuras, cumplidores en el caballos, nobles pero claudicantes, apagados y aplomados. Rajado el cuarto, parado el tercero.

ESPADAS:

El Juli, de nazareno y oro, oreja y silencio tras un aviso.

Sebastián Castella, de azul pavo y oro, ovación tras un aviso y silencio tras un aviso.

Daniel Luque, de canela y azabache, silencio en los dos.


INCIDENCIAS

4ª de feria. Casi tres cuartos de plaza. Un gran puyazo de Diego Ortiz al primero. Una hermosa faena a un toro de Zalduendo que quiso irse y no pudo. Técnica y buen gusto. Corrida de Zalduendo sin motor ni entrega. Espesito Castella, ligero Luque.
 

Video resumen del festejo

El Juli toreó muy despacito un toro cinqueño de Zalduendo que, sin gota de fiereza, tuvo, por tener, nobleza pajuna. Y una manera mansa de protestar. La protesta fue, en el caso de los dos del lote de El Juli, una renuncia. Pero El Juli le impidió a ese primer toro irse de los engaños. Lo hizo de la manera clásica de manual: sujetándolo con la muleta por delante, y enganchándolo. O con toques en los remates de tanda. Entera en los medios la faena, para que el toro tuviera las tablas a distancia. Cuando las buscaba con la mirada, aparecía interpuesto el vuelo de la muleta.

El toro se abría, se rebrincaba, se frenaba o se arrepentía. Ni una vez tropezó la muleta, sin embargo. No pudo tampoco resistirse a los toques, que fueron pura suavidad. No llegó a haber ni persecuciones ni carreras ni gritos. Ni concesiones. Sino sentido del toreo. De capa: en el saludo muy despacioso, a la verónica, y, enseguida, tres lances largos y una impecable revolera con la que quedó el toro en suerte para tomar, de manos de Diego Ortiz, un soberbio puyazo, de los de detener con la vara; y un quite por tafalleras, donde el toro anunció su deseo de rajarse. Castella hizo un quite movidito por chicuelinas.
El toro zurció a cornadas un burladero después de banderillas y estuvo a punto de troncharse un cuerno. La faena de El Juli fue modelo de sobriedad. Sin dilación, con sólo un banderazo, ya estaba el toro puesto donde iba a tener que quedarse convencido luego. La falta de impulso la solucionó El Juli con tandas cortas y traídas por delante, de cuatro y el de remate, siempre largo y limpio. La joya fueron los muletazos a cámara lenta con la mano izquierda. No contó tanto la técnica como el dibujo. Encajado estuvo siempre El Juli. Y más entonces.

El toreo de alta escuela no tuvo, sin embargo, tanto reconocimiento como el de alardes: las trenzas de circulares cambiados cosidos con sus pares en la suerte natural, los péndulos, de fino gobierno. Ligar un circular con un farol fue el acabóse. Una estocada del todo inapelable. Y se quedaría a gusto El Juli.
No tanto después, porque no remató con la espada su concienzudo segundo trabajo. A otro toro cinqueño. Más rajado que el primero. Más remolón también. Del todo desganado. Faena resuelta con recursos de gran nivel. Con parecida parsimonia, con parecida entrega. Pero el renuncio de este cuarto de corrida lo fue sin condiciones. No había ni que abrirle un hueco. Se colaba por cualquier rendija. El Juli discurrió torearlo y ligarlo a base de ganarle pasos en las salidas de suerte. Hubo una tanda magistral. Y una genial idea: sujetar al toro con un desplante. El toro por dentro, El Juli por fuera y encañonado. Aunque la faena, brindada al público, no llegó a la altura de la otra, se celebró más ruidosamente.
Tristona la corrida de Zalduendo. Ni uno salió galopando. El cuarto lo hizo en banderillas. Falsa alarma. Se dejaron pegar en el caballo, y el quinto apretó casi en serio, pero todos salieron de varas batidos y claudicantes. Castella, ajeno al juego de recursos de El Juli, se embarcó en dos faenas tesoneras, eternas y sin pies ni razón ni cabeza. Daniel Luque se embraguetó por la mano izquierda con un noble tercero, que, sin celo, se paró enseguida. Se aplomó en seco el sexto y Luque sólo pudo cumplir con buen oficio. Castella castigó al quinto con pases y más pases

Colpisa - Barquerito

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