CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid -  - 2 Junio 2009  1ª Aniversario

Feliz alternativa de Miguel Tendero

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Cinco toros de Lorenzo Fraile, con el hierro de Puerto de San Lorenzo, y un sobrero de Antonio Palla, jugado de cuarto.

ESPADAS:

El Cid, de rosa y oro, silencio y pitos.

Sebastián Castella, de carmín y oro, ovación y silencio.

Miguel Tendero, que sustituyó a El Fundi y tomó la alternativa, de blanco y oro, vuelta tras un aviso y silencio

INCIDENCIAS

1ª de las Corridas del Aniversario. Lleno. Veraniego. El nuevo matador de Albacete gana crédito y acumula méritos con un raro toro de Lorenzo Fraile que puso a prueba su pericia, su temple y su valor. Interesente

 

                           ASÍ LO VIO LA PRENSA

COPE.ES: “Ni cambiándole el nombre” (Rafael Cabrera)
BURLADERO.COM: “Miguel Tendero llega con un soplo de aire fresco” (Mario Juárez)
ABC: “Hambre y fibra de Tendero entre mansos” (Zabala de la Serna)
EL PAÍS: “El toro miedica” (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE: “Toque de atención de Miguel Tendero en su alternativa” (Juan Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM: “Esa modestia que nos mata” (CRV)


La mayor emoción la puso un toro de Puerto de San Lorenzo que se acuarteló en tablas, se huyó mucho y sólo pudo torearse en terreno de chiqueros, que era su querencia. Fue el toro de la alternativa del albacetense Miguel Tendero y se juntaron de pronto el hambre con las ganas de comer. Hubo fiesta. El hambre, o la ambición de Tendero, cuya alternativa estuvo anunciada el pasado domingo en Nimes y en una matinal, pero se suspendió la corrida por lluvia. De Nimes a Madrid y a la segunda de las dos sustituciones de El Fundi. La moneda al aire. Y las ganas de comer de un toro Caratuerto, castaño, acochinado, remangado y casi alirado, serio y guapo. Palas y pitones blancos. La mancha greñuda y tostada en un ojo de los toros llorones.
Acobardado, el toro olisqueó de salida, se frenó a capotes, volvió grupas y, luego, en lugar de emplazarse como suelen los toros abantos, huidos o fríos, vino a acularse en tablas. En las de toriles encontró cálido refugio. Ahí vino a plantarse tras un intento de doma a cargo de un banderillero muy bueno: Carlos Ávila. En huidas y a oleadas, estrellado contra caballos que cerraron el paso y blandeándose, el toro acabó tomando cuatro picotazos. Muy certero el joven picador Agustín Collado.
La pelea del toro y su lidia fueron del todo insólitas. Por raramente vistas, espectaculares. Es decir, un espectáculo notable, que vino a resolverse felizmente. Primero, hubo la ceremonia de la cesión de trastos de alternativa, que el toro estuvo a punto de desbaratar en una de sus carreras desnortadas. Luego, una buena prueba de resolución, carácter y oficio a cargo del joven Tendero. Como si llevara horas de vuelo. Listo para entenderse con el toro, y sujetarlo en los medios en una primera tanda de gran electricidad pero buen temple con la diestra; y todavía más listo y esforzado para entre rayas y, a porta gayola, en paralelo con ella, aguantar al toro con la zurda en tres tensas tandas de tres y el de remate. Que tuvieron su épica, porque el toro se revolvía en los muletazos contra querencia y parecía reponer de celoso. Tendero pecó de abusar de los gestos, la gallardía impostada, pero la gente se calentó no con los gestos, que también, sino con el descaro, el dominio, la firmeza y el temple de este nuevo matador que pone Albacete en el planeta. Un telonzazo, una trinchera, alguna voz de más, un desplante y, en la suerte contraria, una estocada de soberbia habilidad. Pero trasera, de muerte lenta al acurrucarse de nuevo el toro contra la barrera, un aviso, tres descabellos, una bien ganada vuelta al ruedo. Pudo haber sido fiesta mayor. Y fue, en todo caso, una bonita manera de plantarse en el escalafón.
No se acabó la corrida entonces. Pero faltó el canto de un duro. Renunció sin disimulo El Cid en tres turnos: primero, en el toro del Puerto de la devolución de trastos, que fue bondadoso y manejable; luego, en el cuarto de corrida, del propio Puerto, un galán enmorrillado de no mal aire, sólo que El Cid y su gente decidieron mandarlo al limbo, lo lidiaron y picaron a la contra. Hicieron por derribarlo y aburrirlo, y provocaron una injustificada y caprichosa devolución; y, en fin, con un sobrero de Antonio Palla, altísimo, largo y estrecho que fue lidiado como en capea pueblerina y sacó en la muleta nobleza pajuna y poca fuerza.

Toreo templado

Junto al renuncio de El Cid, la confianza de Castella en turnos relativamente propicios. Se protestó por no se sabe qué razón la presencia y el estilo de un tercero, hondo y algo endeble; no anduvo sobrado de fuerzas sino casi lo contrario un quinto imponente, el más serio de la corrida. Castella toreó templado con el capote, pero, mientras quitaba por chicuelinas, empezaron a oírse las consignas de los reventadores: el muy mal, el que no, el miau. El torero en la diana era esta vez Castella. Quedó claro. Castella abrió con el segundo por bellos estatuarios, tiró a tenaza del toro por la mano izquierda, lo apuró en exceso, le exigió más de lo que tenía y lo mató de media defectuosa. Con el quinto, muy mugidor, rebrincado de los de puntear engaños sin romper ni darse, Castella tuvo que aguantar todavía más de un insultante miau. Todas las ventajas le dio el torero de Beziers al toro, que se vino abajo y se defendió. Una estocada. Turno en blanco.
La calorina, el repajolero corito reventón y piconero, la desigualdad de la corrida, su falta de gasolina: por todo eso pesaba hasta el aire cuando se soltó el sexto y volvió a salir Tendero. Con casi la misma ambición de antes, la hierba en la boca y al toro que es una mona. No lo era: bravito, de ataques desordenado, descolgado, pedía calma. Precipitado ahora Tendero, como si le perdieran las ganas de montarse encima. Con el capote toreó a compás y con ritmo. Y con la muleta, descargada por sistema la suerte, dejó ver sus intenciones: tocar más que enganchar, más en corto que de lejos. Justo lo contrario de lo que pedía el toro en espera.


 

 

(COLPISA, Barquerito)

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