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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Cuatro toros de
Victoriano del Río y dos de Garcigrande, jugados de
cuarto y quinto.
ESPADAS:
El Juli, de añil y
oro, pitos en los dos.
José María Manzanares, de
azul marino y oro, silencio y saludos tras un aviso.
Miguel Ángel Perera, de saludos tras un aviso en los
dos.
INCIDENCIAS
Corrida de la
Beneficencia. Lleno. Veraniego. Los Príncipes de
Asturias, en el Palco Regio. Excelentes en
banderillas Joselito Gutiérrez y Juan José Trujillo.
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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Estuvo
torcido el
ambiente con
El Juli, que
es de
siempre
pieza muy
codiciada
por los
depredadores.
Más que
nadie. Por
si se le
había
olvidado, se
encargaron
de
recordárselo
muy
enseguidita.
Se echaron
encima los
reventadores
en cuanto El
Juli trató
sin mayor fe
de domeñar
el genio
violento del
primer toro
de corrida,
que, alto y
levantado,
frenado por
sistema, la
mirada
desparramada
de toro
distraído,
no se prestó
a nada y
tuvo incluso
su chispazo
de
depredador.
Éramos pocos
y…
Al primer
tapón,
zurrapas.
Regalito
envenado del
ganadero,
que estaba
de antemano
en
entredicho.
Sólo cuatro
toros de
Victoriano
del Río
pasaron
fielato.
Borrón
grueso en
una Corrida
de
Beneficencia.
El propio
Victoriano
del Río está
anunciado en
Madrid el
viernes con
otra
corrida. De
esa cuentan
que sí. El
toro primero
fue el único
de
Victoriano
del Río que
mató El Juli.
De dos
pinchazos al
salto y
estocada
ladeada. No
fue sencillo
pasar con la
espada
porque el
toro se
mantuvo
encampanado
de manso
hasta la
hora del
despacho.
Pese a su
genio,
traducido en
cabezazos, y
en una falsa
pelea de
manso, hubo
miaus en
muchos
embroques. Y
el
“¡Julián!”
subrayado en
tantos
embroques
con que en
soniquete
bufo lo
lleva
castigando
un año y
otro un
anónimo
espectador
de grada de
sol. Sin que
nadie lo
haga callar.
Ni a él ni
al coro de
burlas de la
gran
grillera,
que hizo
grandes
estropicios,
y carne con
los nervios
de
Manzanares,
y maltrató a
Perera en
cuanto pudo.
A manos de
Manzanares
fue a parar
el toro de
la tarde,
uno de los
dos de
Garcigrande
que
completaban
corrida. El
quinto.
Retinto,
hermoso,
bien
cortado,
seriedad
sobrada.
Acodado pero
abierto.
Codicioso,
el toro
descolgó con
estilo, y
con estilo
metió la
cara,
humilló y
repitió.
Fue, además,
toro muy
noble. Sin
asiento ni
tino en el
saludo de
capa,
Manzanares
abrió faena
con una
rumbosa
trenza de
toreo
cambiado,
que incluyó
de guinda un
cambio de
mano por
delante y,
de postre,
uno de pecho
templadísimo,
suntuoso.
Esa guinda y
ese postre
iban a
contar al
cabo como el
logro más
redondo de
una faena de
sólo la
convicción
justa y
desigual
acople,
mutante el
ritmo y no
para bien
las
mutaciones.
En la
elección de
mano,
tiempos y
terrenos se
dejaron
notar los
nervios de
Manzanares.
Cuando lo
castigaron
los
censores,
reaccionaron
los
partidarios.
Ni eso bastó
para
encubrir la
sensación de
haber andado
Manzanares
por debajo
del toro.
Tomado
estuvo el
ambiente
durante el
juego de los
cuatro toros
restantes.
Dos
manejables
de
Victoriano
del Río,
tercero y
sexto, pero
con la cara
arriba el
uno y
rebrincándose
mucho el
otro. Uno
más de Del
Río, segundo
de la tarde,
engatillado
y recogido,
casi cubeto,
castigado
con
hirientes
rechiflas
por algunos.
Desfondado
el toro
después de
varas,
descoordinada
la
embestida,
latía un
fondito
noble. Pero
no metía los
riñones el
toro, que se
iba al suelo
si se le
obligaba.
Manzanares
dibujó una
suave tanda
con la
derecha.
Perera
estuvo muy
empeñoso con
los dos de
lote en
faenas muy
de su
manera.
Abierta con
banderazos
la primera,
hasta seis
sin
rectificar;
con el pase
cambiado por
detrás y a
la distancia
la otra, y
abrochada
con toreo
por alto.
Eso iba a
ser marca de
las dos
faenas, que
abundaron en
el toreo por
alto y en
los
cambiados en
circular. Y
no en el
palo propio
de Perera,
del toreo
por abajo,
embraguetado
y ligado. No
ligar, sino
coser
muletazos
tapados sin
soltar toro:
esa fue la
solución con
el sexto
toro, al que
tal vez
atacó en
exceso y
antes de
tiempo. Una
tanda de dos
naturales
ligados con
el de pecho
fue en el
tercero de
corrida el
gran momento
de Perera.
Sus
defensores
pudieron con
los
detractores,
pero, casi
volcado el
ambiente,
falló la
espada, que
trajo muerte
lenta en los
dos casos.
Con su
resolución
de siempre,
El Juli,
listo para
lidiar con
eficacia
proverbial,
se dejó
sentir en un
saleroso
quite por
chicuelinas
al toro de
Garcigrande
que hizo
cuarto. Un
toro que
escarbó
bastante y
no descolgó
nunca, de
sólo regular
fijeza y de
moverse sin
entregarse.
Sin retórica
El Juli,
pero con el
ambiente
hirsuto y
agrio a la
contra desde
el mismo
arranque. Un
bello
arranque de
faena, por
cierto, con
toreo por
alto ligado
a
trincherillas
y uno de
pecho.
Faena,
luego, de
severo
dominio de
la media
altura con
la mano
izquierda,
seca majeza
en las
transiciones
y en el
toreo a pies
juntos. Y
muchas ganas
de acabar.
Porque aquí
lo quieren a
El Juli muy
poquito.
(COLPISA,
Barquerito)
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