CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid -  - 4 Junio 2009 - 3ª de las Corridas del Aniversario.

Daniel Luque, otro gesto de torero mayor

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de El Pilar (Moisés Fraile). Corrida de gran trapío, imponente presencia y mucha alzada. Primero, segundo y cuarto dieron mucho juego. Lastimado el tercero. Brusco el quinto. Se defendió con listeza el sexto.

ESPADAS:

Uceda Leal, de verde esperanza y oro, saludos en los dos.

Alejandro Talavante, de lila y oro, pitos en los dos.

Daniel Luque, de azul cobalto y oro, silencio y saludos.
 

INCIDENCIAS

3ª de las Corridas del Aniversario. Lleno. Encapotado. En héroe el joven torero de Gerena con el toro más problemático de una brava e impresionante corrida de El Pilar que dio tres toros de alta nota.

 

 Video resumen del festejo de Las-ventas.com

                         

                           Así lo vio la prensa

COPE.ES: “Un día más… un día menos” (Rafael Cabrera) BURLADERO.COM: “Una corrida demasiado maltratada le da más crédito a Luque” (Mario Juárez)
ABC: “Daniel Luque se juega la vida en silencio” (Daniel Luque)
LA RAZÓN: “Murieron con las orejas puestas” (Juan Posada)
ELMUNDO.ES: “Firmeza de Luque y detalles de Uceda Leal” (Lucas Pérez)
EL PAÍS: “Arriesgado Luque” (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE: “Talavante, contra las cuerdas” (Juan Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM: “Cuando el caballo era un caballo” (CRV)


Amplia con avaricia la corrida de Moisés Fraile. Con mucha plaza los seis toros, de apabullante presencia. No por ser descarados ni por estar exageradamente armados, aun siendo corrida seria de cara; ni porque impusiera su fiereza, porque los seis fueron de temperamento antes frío que caliente. Lo apabullante fueron los volúmenes. La longitud de eslora, de hocico a penca, y hasta la última cerda de rabos llamativamente frondosos y despeinados. La alzada formidable, que tuvo su grado de efecto óptico en el caso de dos toros muy ensillados, segundo y tercero, pero que fue excepcional de promedio. Con un sexto de mórbida presencia, que montaba por encima de la tabla cimera de barrera. Altos, largos y estrechos, de timón y cuellos elásticos. No cargados de carnes pero cuajados los pechos de los toros. Los seis fueron, además, muy prontos. La prontitud fue determinante. Por ella vino a calibrarse la corrida, la más densa de toda esta feria bicéfala de Madrid. La más severamente castigada en el caballos de cuantas se llevan vistas aquí desde el 7 de mayo último.
Dentro de la corrida, encastada por pronta, vinieron tres toros de buena nota. Un primero que rompió a embestir de seguido y sin tregua; un segundo codicioso, tal vez algo crudo de varas, y con la listeza de la casta pasada de grados, y por eso parecía reponer; y un cuarto que se llegó a encaramar en la barrera con la intención de saltarla, que cobró a modo en tres varas no del todo certeras y que atacó en la muleta con son sostenido. A más los tres toros, en señal de fondo. La muerte del segundo, muy de bravo, provocó a la gente. A ése y a los otros dos se les aplaudió en el arrastre con ganas y ruido.
Pero la corrida trajo, además, otros tres toros de condición y suerte muy diversas. El tercero estaba tan ensillado que parecía un toro de dos mitades, como dentro de su especie los centauros. Fue el toro desafortunado: lastimado al salir de la primera vara, renqueó sin dejar de moverse antes de banderillas y se descompuso en la muleta por lo mucho que le costaba apoyar. En toro parado, tal vez no hubiera sido relevante. Pero éste, por codicioso, se desmadejaba. El quinto, bravucón en el caballo, fue complicado por áspero e incierto o por frenarse y reponer. El sexto, el de más afiladas agujas, trotón de feo paso, se blandeó de manso en dos varas, pegó en banderillas dos arreones de oleada y sacó en la muleta intenciones perversas: por meterse por debajo, por acostarse y enterarse, por volverse y reponer. Por defenderse mucho, lo que no hizo ningún otro toro de esta tan espectacular corrida de El Pilar.

Los dos toros más formales y de más templado motor se los llevó Uceda Leal en su lote, y a los dos les bajó la mano en tandas más de compromiso que de dejarse ir, con el oficio del torero de vuelta y hasta su garra sutil en los remates de pecho. A las dos faenas les faltó pensarse, y asiento y descaro en los embroques por la mano izquierda. Las dos las remató Uceda de dos estocadas inapelables. Casi de sorpresa la primera; de rigor de ingeniero la otra.
La suerte de Talavante no fue redonda. El toro de fondo se había ido del caballo con un puyazo de menos y no hubo manera de rectificar ni dar marcha atrás. Enganchó tela en los muletazos de engaño escondido y repuso protestando en los muletazos cortos, casi rácanos. El brusco quinto sorprendió a Talavante en casi todas las bazas. La gente se echó encima del torero y fue el caso dramático de toro ganador del combate casi por cao.

Minoría intransigente

El lote de castigo fue el de Daniel Luque. Los dos toros y la ruidosa minoría intransigente que, fiera inclemente, lo estuvo castigando y friendo de punta a cabo como si fuera una primera figura del toreo. En el ojo de huracán de fobias varias estuvo Daniel inesperadamente. Sin motivo ninguno. La reclamación por la cojera del tercero iba contra el palco pero le estuvo a conciencia rebotando a Daniel encima. Daniel hizo alarde de notable aplomo. Y de entereza. El confuso guirigay de fondo con su acento reventón y remolinos de viento que entorpecían el manejo de engaños. Y un toro de aire incierto por todo.
Los que vinieron por Luque estuvieron todavía más agresivos después. Apenas unas palmas para un meritorio quite por delantales. Tampoco se había reconocido el detalle de un valeroso quite por chicuelinas al quinto. Y, en fin, a freír al torero, que le buscó al toro las vueltas, la distancia, la medida, las dos manos. Que no se dejó coger cuando el toro amagó con hacerlo, pero aguantó firme sin irse de suerte. Sino con oficio precoz. Cuando tocó convencer con un desafiante cuerpo a cuerpo, ahí estuvo Daniel de verdad.
Todo lo fría que podía estar la cabeza porque mortificaron al torero con el repertorio de impertinencias. Incluido el famoso “¡Se va sin torear…!” Cuando los gestos pasaron la batería, la mayoría se puso del lado del torero. Entonces Daniel hizo la última de épica: cuadrar el toro en los medios y atacar por derecho para enterrar la espada entera. Salió cogido y empalado, rebotado, el toro lo tuvo entre las manos y los cuernos, y con los pitones le anduvo rozando la yugular en varios derrotes. De ellos salió casi indemne Daniel. Héroe legítimo de la batalla final.

(COLPISA, Barquerito)

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