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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Madrid 4 octubre 2009 - |
| Urdiales apunta el mejor toreo de Otoño |
Se acabó la feria de Otoño madrileña.
Terminó sin un triunfo definitivo, porque, a
pesar de puertas grandes, la faena más
cargada de torería y de verdad la ha
realizado hoy un riojano que no sonará mucho
al gran público, pero que al aficionado le
va sonando desde hace un par de años. De
ganado hemos de quedarnos con los de Núñez
del Cuvillo, defraudando las corridas más
encastadas y exigentes –a priori- como la de
hoy –Victorino- o la de Palha. Hoy se veían
muchas más caras conocidas en los tendidos
que ayer; y si en la corrida del sábado hubo
más público que afición, hoy parecía que el
peso de ésta había crecido en términos
relativos y absolutos. Muchos se han
despedido ya hasta el año que viene…, y eso
que aun nos restan tres festejos en la
monumental de Las Ventas, pero, ¿quién
consigue atraerlos cuando desde la empresa
se apuesta por abaratar los carteles de fin
de temporada, sin aliciente alguno? Quizá,
en definitiva, después de programar esta
interesante feria de Otoño, sea lo que
pretenda la empresa: ¿para qué meterse en
berenjenales con carteles que sumen
ganaderías de interés con diestros de
categoría, si con programar la mediocridad
cumplimos con el pliego? Y la afición…,
¡ay!, esa, mejor que deserte y no nos
complique la vida, se dirá la empresa. Y así
se rematará la temporada madrileña con lo
que volverá a convocar a las tres mil almas
de turno y a unos cuantos turistas de paso
en época no estival.
Lo último de la de Otoño nos ha dejado dos puntos preferentes: el ganado en lo negativo, y la faena más completa e interesante en lo artístico. El ganado, mal presentado, con cuartos traseros escurridos y lavados, sin apreturas de carnes, delgado alguno cual oblea, y sólo adornados por delante por un sombrero a modo, ha lucido pocas fuerzas, y pocas ganas de embestir, con la excepción del primero, un semi-inválido pero noble animal. Salió, eso sí, la consabida y no tan habitual como se pretende, alimaña de Victorino, el quinto de la tarde, un toro peligroso que más de una vez ha ido derecho a por el diestro y que se quedaba a medio viaje –a veces a la entrada- para tirar la consiguiente tarascada. El segundo embestiría a veces con incertidumbres y complicaciones casi siempre; y el cuarto no terminó de entregarse jamás, algo gazapón al principio y luego sin empuje y con la cara altita. El tercero fue devuelto por invalidez, saliendo un buey en su lugar del hierro de Julio de la Puerta. Quizá el más completo de la tarde fue el sexto, el de Carriquiri, que aunque manso y sin demasiada clase, acudió a todos los cites con prontitud, a pesar de ir algo rebrincado y distraído en los inicios y con la cara alta en los finales. El cordobés José Luis Moreno no ha podido ratificar otras buenas actuaciones suyas de esta temporada, como las de Córdoba, Valencia, Las Ventas o Bilbao. Su primer oponente se llamaba Mataco, un bicho escurrido y anovillado –sobre todo por detrás- de 509 kilos, cárdeno, tocado de armas, manso, flojo, embestidor y noble. Un toro que fue a menos y que empezó queriendo saltar la barrera de entrada. Se lo sacó a los medios con torería y seguiría con la derecha, al hilo, dando distancias, y aunque embarcando un poco atrás, alargando mucho los remates de cada pase. Quizá no se lo metió en redondo, pasándolo en paralelo, pero hubo un par de buenos derechazos antes de que cortara la serie en el mejor momento, dejándonos con un palmo de narices. Luego vendría otra sin mayor historia y otra más, con la zurda, embarullada y más descolocado. Ambos fueron a menos antes de que lo cerrara, desde los medios al tercio, con trincheras, desprecios y un buen pase de la firma, y que lo rematase de una entera caída, escuchando un postrer aviso. El cuarto pasaba por Mitotero, de 536 kilos, cárdeno, tocado, escurrido de atrás, manso y aunque embestidor, sin entrega y sin terminar de humillar. Nada apuntamos de bueno en los dos primeros tercios, y llegado el tercero, salió Moreno sin la decisión del anterior. El toro un poco gazapón y con la cara alta, tenía mucho que torear, y el cordobés anduvo más al hilo o fuera, aprovechando a veces la inercia de la res, y otras pasándolo sin mucha fe ni profundidad. Volvía a embarcarlo con la muleta algo atrás, aunque alargando mucho el final de cada lance, gustándonos tres derechazos mediada la faena o un par de naturales dos series más adelante. Alargó en demasía la faena, hubo dos desarmes y escuchó un aviso antes de coger la espada, y tras doblarse con el toro le dejó una entera casi rinconera, suficiente para dejarlo para las mulas. Urdiales ha vuelto a estar francamente bien, aunque no haya habido oreja esta tarde –hubo petición insuficiente, quizá no secundada por el público-. La vuelta al ruedo fue, sin duda, de las de verdadera ley, quizá poca cosa para los méritos del riojano, aunque la aritmética sea infalible. Su primero se llamó Plumero, de 510 kilos, cárdeno, tocado de cuerna, poquita cosa aunque más hecho que el primero, manso, complicado y por momentos entrando sin saber por donde iba a salir. Nos gustaron –sabor añejo- unas verónicas de recibo con la pierna algo flexionada y lanceando con las manos por alto, muy toreras y efectivas, rematadas con una buena media. Luego el toro empezaría a hacer cosas raras, como andar culebreando, esto es sin una embestida recta y franca sino cambiando de viaje en su recorrido, algo que casi le vimos de nuevo en la franela. Se dobló de entrada el diestro en el último trance, aguantando el que el toro se revolviese a medio pase o derrotara por arriba en alguna ocasión. Y luego, muy bien colocado durante todo el trasteo, tiró de él con firmeza, en paralelo, pasándoselo por la faja en varias ocasiones, con mérito y aguante indudables, quizá sin ligazón, pero con verdad como no hemos visto en el resto de esta extraña feria otoñal. Con la zurda volvería a tragar unas embestidas poco claras, y terminó por doblarse bien con el bicho, como debía frente a un toro de cuidado, incierto y que fue alguna que otra vez al bulto. Un pinchazo con muchísimas ganas y una entera, desprendida, pero buena de ejecución, provocó la muerte instantánea del toro. Vuelta con sabor a poco. El quinto llevaba por mote Galletero, de 582 kilos, cárdeno, casi veleto, largo pero sin mucho remate trasero, manso y peligroso. Amagó el salto de barrera en el primer tercio y llegó a la faena con las de Caín, frenándose al entrar o a medio lance, derrotando por doquier y buscando al diestro. Urdiales se dobló con el toro, se peleó, lo intentó, y le agarró un pitón al final de la lid. Valentísimo, al final acabaría entre los pitones, dejándole una entera arriba, con habilidad, antes de adornarse muy torero en la muerte del toro. Sergio Aguilar vería como su primero se devolvía a chiqueros por perder constantemente las manos y en su lugar salía el sobrero de Julio de la Puerta, un toro llamado Cisquero, de 571 kilos, negro, tocado, zambombo de hechuras, manso, boyar en incierto: un lujo asiático en los toriles. No hubo opción con la capa, después de que el toro se volviese a chiqueros –porque le sonaría por su nombre-, pero con la franela hubo algunas cosas interesantes. Un tanteo genuflexo interesante, el aguantar alguna colada a pie firme, el tirar de él en algún trance, pero sin muchas posibilidades porque el bicho entraba casi al paso, con desgana absoluta, sin entrega y con escaso recorrido muchas veces. Le costó bastante cuadrarlo y cuando lo consiguió le dejó un pinchazo malo –por precipitarse-, y una entera arriba, buena, oyendo un aviso. El último fue el remiendo de Carriquiri llamado Corchito, un toro castaño chorreado de 590 kilos –parecían más-, tocado de puntas, manso y embestidor. La faena de muleta empezó desde el primer pase, en los medios, dando distancia, aguantando el trotecillo inicial incómodo, pasándolo en paralelo, sin terminar de metérselo. Luego ligaría en alguna tanda, como Castella ayer, perdiendo terreno al echar la pierna atrás, y sin la respuesta popular del sábado –hoy había más aficionados en el coso-. A ello se sumó el que el toro iba con la cara un poco alta y salía a veces distraído. Terminó, tras tocarlo de la misma manera con la zurda, sacándoselo en el inicio de pase para rematarlo un poco más adentro al final del lance, sin que la gente respondiera demasiado. Unas manoletinas precederían a una estocada un poco caída que puso punto y final a la tarde y a esta feria de Otoño de la que todos los aficionados esperábamos mucho, pero mucho, más. Cope.es |
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