CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid  - 5 de Julio 2009 - Corrida

Vuelta al ruedo para Navarro en noche de sopor y mansos

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Tres novillos -segundo, tercero y cuarto-, de Fernando Peña, un sobrero -el primero-, de López Gibaja, y otros dos sobreros más -quinto y sexto, éste último sustituto de otro sobrero de Antonio Gibaja,- de "Hato Blanco", desiguales de presentación, extremadamente mansos y de poco juego. Los más "toreables": cuarto y sexto.

ESPADAS:

José Manuel Pérez Valcárcel: estocada (ovación tras un aviso); y pinchazo y estocada caída (silencio).

Juan Carlos Cabello: estocada tendida y dos descabellos (ovación); y estocada (ovación).

José Miguel Navarro: dos pinchazos y estocada defectuosa (silencio tras un aviso); y media estocada y descabello (aviso y vuelta al ruedo tras petición de oreja)

INCIDENCIAS

En cuadrilla, saludó montera en mano David Adalid tras banderillear al tercero. La plaza tuvo un cuarto de entrada en tarde-noche agradable.

 

 Video resumen del festejo de Las-ventas.com

 

 

Una tarde para olvidar. Y eso que no va a ser tarea fácil. Un espectáculo tan eterno como lamentable, televisado por las cámaras de Digital Plus. Casi tres horas de la nada más absoluta. Y todo por culpa de los novillos, mansos a más no poder, imposible para hacer el toreo, ni tan siquiera para poder esbozar el más mínimo detalle lucido.

La ganadería titular del festejo, la de Fernando Peña, se ha llevado la palma. Tan sólo tres novillos de los reseñados llegaron a lidiarse, provocando un baile de corrales como hace mucho tiempo no se recuerda en Madrid. ¡Hasta cuatro sobreros saltaron al ruedo!. Y a todo esto, de los novilleros, muy poco que contar.

Pérez Valcárcel, que se presentaba en Madrid, tuvo en primer lugar un sobrero de López Gibaja tan noble como flojo, al que alivió cuidándolo mucho a media altura, pues a la mínima que le bajaba la mano el novillo acababa por los suelos. Y con el cuarto, un manso pregonao que no tuvo ni un muletazo, fue imposible.

Cabello sólo dejó patentes la voluntad y las ganas de agradar.

Poco más, pues en lo artístico ninguna de sus dos faenas tuvieron poso, muy aceleradas y bullidoras, y si se tiene en cuenta además que ningún novillo de su lote colaboró lo más mínimo, el balance de su actuación, más allá de las dos ovaciones que recibió, fue más bien escaso.

Juan Miguel Navarro demostró más oficio que sus dos compañeros.

Con su primero, novillo imposible, apenas pudo hacer nada. Y con el sexto, que se movió algo más, estructuró una labor entregada muy de cara al tendido que rápidamente se volcó con él, cosas del paisanaje. Pues este novillero madrileño estuvo muy arropado toda la tarde por su gente. Le pidieron la oreja, pero el presidente, muy acertado, no la concedió.

 

 

EFE


 

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