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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros despuntados para rejones de Luis
Terrón. De desiguales hechuras. El sexto, excelente,
llamativamente noble y dócil. Bueno el quinto, que
tuvo estilo bravo pese a haber buscado saltar. Noble
el segundo, que se apagó. De mal jugo un tercero con
genio y un cuarto muy distraído. De rajó el primero.
ESPADAS:
Antonio Domecq, silencio en los dos.
Andy Cartagena, saludos y dos orejas.
Salió a hombros.
Sergio Galán, silencio y una oreja.
INCIDENCIAS
5ª de las Corridas
del Aniversario. Lleno. Lluvia en el sexto toro.
Y una desigual corrida de murubes de Luis Terrón.
Bueno el quinto y le cortó las orejas Andy.
Excelente el sexto, y exhibición notable de Sergio
con el arropo de su gente.
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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Tardó en dar
alegrías la
corrida de
murubes de
Luis Terrón.
El quinto
toro hizo
amago de
saltar como
tantos
murubes
legítimos y
de los
buenos. Con
un son y una
fijeza que
no había
sacado
ninguno de
los cuatro
jugados por
delante. El
sexto, de
nombre
Bondadoso,
fue de una
nobleza
extraordinaria.
Y se
acompasó,
además, con
el tranco
celeste que
tanto place
a los
caballos de
rejones. Y a
los
rejoneadores.
Ese sexto
toro se
lidió bajo
mansa
lluvia. Pues
el ritmo de
esa lluvia
en calma
tuvo el
toro, que
fue bravo:
no se dolió
al castigo,
y fue
severamente
castigado,
tuvo la
prontitud
dócil del
toro
encastado y
bueno, y no
pegó ni un
cabezazo ni
una sola
cornada.
Sergio Galán
tuvo el
detalle de
aplaudirlo
cuando el
toro
agonizaba.
Amorcillado
tras
estocada
trasera
letal,
recostado
contra
tablas sin
dolerse ni
siquiera
entonces.
Desplantado,
Sergio le
estuvo
acariciando
el testuz.
Cariñosamente.
Se arrastró
sin las
orejas el
quinto tras
una
exhibición
de Andy
Cartagena:
piruetas y
violines,
juntos o por
separado,
carrusel de
cortas, una
bonita
manera de
torear con
la bandera.
Muy
espectacular.
Francamente
bueno el
dominio del
toro, de sus
terrenos y
momentos.
Seguridad de
torero
sabio. Dos
caballos
bien domados
y puestos:
un Maravilla
tordo
vinoso, que
se deja
llegar
mucho, y un
Júpiter
tordo rodado
que galopa
de costado
con ritmo
seguro, y
sale de
suertes o
entra en
ellas con
elasticidad
impropia de
un caballo
tan cargado
de grupas.
Una estocada
espléndida
cobrada al
segundo
intento hizo
rodar sin
puntilla al
toro.
Mientras
estuvo
descargando
tibia el
agua de una
negra nube
de paso,
entró en
acción
Sergio Galán
con dos de
sus mejores
monturas:
una yegua
Habanera
luso-árabe
que torea de
salida con
valor y
temple y un
tordo Ojeda
que en poco
más de dos
temporadas
se ha puesto
al nivel de
los grandes.
Un caballo
pesado, como
casi todos
los de la
cuadra de
Galán, de
gran porte y
lindo ritmo.
Con él atacó
Galán de
frente o de
caras y
viniendo de
largo hasta
los medios,
donde vino a
rendirse el
toro en la
mayoría de
los
embroques.
Visto el son
del toro,
Galán se
atemperó: ni
un
caballazo,
esmero en
las
reuniones,
clavadas
certeras a
estribo,
limpias las
salidas de
cuarteos o
reuniones a
pitón
contrario.
Sin forzar
ni obligar.
Sin prisas.
Buen toreo.
Las
licencias
Otro de los
toreros
mayores de
la cuadra se
llama
Vidrié, en
una de
tantas
licencias
tan de
Calígula, y,
honor al
nombre
impuesto,
ese Vidrié
hizo sus
magias
todas:
encelar con
la grupa y
esperar,
galopar a
dos pistas,
rizarse en
los rodeos,
batir con
valor. Con
Andy se
había
calentado
ese público
candoroso
siempre de
los rejones.
Con Galán
todavía más,
porque en
Madrid
Sergio
aporta
público
propio, la
gente de
Tarancón,
que lo
quiere,
celebra y
sigue como a
hijo
predilecto.
En ese calor
de la gente
parece
sentirse
inspirado
Sergio. Y
atrevido:
para, con
Vidrié
justamente,
prender en
los medios a
dos manos el
par más
difícil de
la tarde y
de la feria,
de altísimo
riesgo, de
acierto
supino, de
asustar al
miedo y de
poner a la
gente de
pie.
Tanto Andy
como Galán
abusaron de
las ayudas
de capa a
cargo de los
auxiliadores
y sobre
éstos
cayeron
broncas
menores.
Había el
temor,
exagerado,
de que esos
dos últimos
toros
pudieran
pararse o
perderse o
rajarse como
cualquiera
de los otros
cuatro. El
primero, 600
kilotes, ya
estaba
quemado tras
el tercio de
castigo y
listo para
rajarse tras
dos farpas.
Antonio
Domecq hizo,
en clásico,
lo más
torero y
refinado de
la tarde: el
dominio de
los aires y
las suertes,
la seriedad
sin
concesiones,
el rigor del
clasicismo.
Todo a la
vez para
sacar de
querencia a
ese primer
toro.
Excelente en
banderillas
el tordo
Ruiseñor.
Preciosos
los
caracoleos
con un
veterano
Quilla tordo
que juega
con el
cuello al
pitón
contrario
antes de
embrocarse
por los
pechos. A
esa primera
faena tan
notable de
Antonio
Domecq, que
es el jinete
perfecto, le
faltó
acierto en
el remate
con el rejón
de muerte.
El cuarto
fue el más
distraído de
la corrida
y,
resabiado,
dejó de
encelarse o
se resistió
más que
ninguno.
Templado,
paciente,
Antonio supo
encontrar la
manera de
clavar. Sin
torear para
la galería,
sino por
mero sentido
del toreo.
El segundo
fue poquito
toro,
terciado,
exageradamente
desmochado,
pero de
verdad
noble. Se
apagó
después de
cobrar, Andy
se lució
aparatosamente
con un
castaño
Pericalvo
que se
balancea en
el sitio con
un aire
heterodoxo,
circense,
nada torero.
Pero que
pone a la
gente. Más
que al toro.
El tordo
Magno, ya
veterano,
hizo sus
alardes en
costosos
galopes de
costado. El
vómito de
una estocada
caída dejó
sin premio
una faena
muy de
público,
salpicada de
pausas y
cortes. El
tercero, de
brusco
genio, frío
de salida, a
la defensiva
en los
ataques, fue
el más
difícil de
los seis.
Galán le
anduvo
seguro, le
aguantó
arreones,
clavó con
tino,
arriesgó. Y
gustó a
todos: a los
de Tarancón
y a los de
otros
lugares no
tan
principales
(COLPISA,
Barquerito)
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