CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid -  - 6 Junio 2009 - 5ª de las Corridas del Aniversario.

Cartagena, espectacular y a hombros

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros despuntados para rejones de Luis Terrón. De desiguales hechuras. El sexto, excelente, llamativamente noble y dócil. Bueno el quinto, que tuvo estilo bravo pese a haber buscado saltar. Noble el segundo, que se apagó. De mal jugo un tercero con genio y un cuarto muy distraído. De rajó el primero.
 


ESPADAS:

Antonio Domecq, silencio en los dos.

Andy Cartagena, saludos y dos orejas. Salió a hombros.

Sergio Galán, silencio y una oreja.
 

INCIDENCIAS

5ª de las Corridas del Aniversario. Lleno. Lluvia en el sexto toro.  Y una desigual corrida de murubes de Luis Terrón. Bueno el quinto y le cortó las orejas Andy. Excelente el sexto, y exhibición notable de Sergio con el arropo de su gente.
 

 Video resumen del festejo de Las-ventas.com

 


 

Tardó en dar alegrías la corrida de murubes de Luis Terrón. El quinto toro hizo amago de saltar como tantos murubes legítimos y de los buenos. Con un son y una fijeza que no había sacado ninguno de los cuatro jugados por delante. El sexto, de nombre Bondadoso, fue de una nobleza extraordinaria. Y se acompasó, además, con el tranco celeste que tanto place a los caballos de rejones. Y a los rejoneadores. Ese sexto toro se lidió bajo mansa lluvia. Pues el ritmo de esa lluvia en calma tuvo el toro, que fue bravo: no se dolió al castigo, y fue severamente castigado, tuvo la prontitud dócil del toro encastado y bueno, y no pegó ni un cabezazo ni una sola cornada. Sergio Galán tuvo el detalle de aplaudirlo cuando el toro agonizaba. Amorcillado tras estocada trasera letal, recostado contra tablas sin dolerse ni siquiera entonces. Desplantado, Sergio le estuvo acariciando el testuz. Cariñosamente.
Se arrastró sin las orejas el quinto tras una exhibición de Andy Cartagena: piruetas y violines, juntos o por separado, carrusel de cortas, una bonita manera de torear con la bandera. Muy espectacular. Francamente bueno el dominio del toro, de sus terrenos y momentos. Seguridad de torero sabio. Dos caballos bien domados y puestos: un Maravilla tordo vinoso, que se deja llegar mucho, y un Júpiter tordo rodado que galopa de costado con ritmo seguro, y sale de suertes o entra en ellas con elasticidad impropia de un caballo tan cargado de grupas. Una estocada espléndida cobrada al segundo intento hizo rodar sin puntilla al toro.
Mientras estuvo descargando tibia el agua de una negra nube de paso, entró en acción Sergio Galán con dos de sus mejores monturas: una yegua Habanera luso-árabe que torea de salida con valor y temple y un tordo Ojeda que en poco más de dos temporadas se ha puesto al nivel de los grandes. Un caballo pesado, como casi todos los de la cuadra de Galán, de gran porte y lindo ritmo. Con él atacó Galán de frente o de caras y viniendo de largo hasta los medios, donde vino a rendirse el toro en la mayoría de los embroques. Visto el son del toro, Galán se atemperó: ni un caballazo, esmero en las reuniones, clavadas certeras a estribo, limpias las salidas de cuarteos o reuniones a pitón contrario. Sin forzar ni obligar. Sin prisas.
Buen toreo.

Las licencias

Otro de los toreros mayores de la cuadra se llama Vidrié, en una de tantas licencias tan de Calígula, y, honor al nombre impuesto, ese Vidrié hizo sus magias todas: encelar con la grupa y esperar, galopar a dos pistas, rizarse en los rodeos, batir con valor. Con Andy se había calentado ese público candoroso siempre de los rejones. Con Galán todavía más, porque en Madrid Sergio aporta público propio, la gente de Tarancón, que lo quiere, celebra y sigue como a hijo predilecto. En ese calor de la gente parece sentirse inspirado Sergio. Y atrevido: para, con Vidrié justamente, prender en los medios a dos manos el par más difícil de la tarde y de la feria, de altísimo riesgo, de acierto supino, de asustar al miedo y de poner a la gente de pie.
Tanto Andy como Galán abusaron de las ayudas de capa a cargo de los auxiliadores y sobre éstos cayeron broncas menores. Había el temor, exagerado, de que esos dos últimos toros pudieran pararse o perderse o rajarse como cualquiera de los otros cuatro. El primero, 600 kilotes, ya estaba quemado tras el tercio de castigo y listo para rajarse tras dos farpas. Antonio Domecq hizo, en clásico, lo más torero y refinado de la tarde: el dominio de los aires y las suertes, la seriedad sin concesiones, el rigor del clasicismo. Todo a la vez para sacar de querencia a ese primer toro. Excelente en banderillas el tordo Ruiseñor. Preciosos los caracoleos con un veterano Quilla tordo que juega con el cuello al pitón contrario antes de embrocarse por los pechos. A esa primera faena tan notable de Antonio Domecq, que es el jinete perfecto, le faltó acierto en el remate con el rejón de muerte.
El cuarto fue el más distraído de la corrida y, resabiado, dejó de encelarse o se resistió más que ninguno. Templado, paciente, Antonio supo encontrar la manera de clavar. Sin torear para la galería, sino por mero sentido del toreo. El segundo fue poquito toro, terciado, exageradamente desmochado, pero de verdad noble. Se apagó después de cobrar, Andy se lució aparatosamente con un castaño Pericalvo que se balancea en el sitio con un aire heterodoxo, circense, nada torero. Pero que pone a la gente. Más que al toro. El tordo Magno, ya veterano, hizo sus alardes en costosos galopes de costado. El vómito de una estocada caída dejó sin premio una faena muy de público, salpicada de pausas y cortes. El tercero, de brusco genio, frío de salida, a la defensiva en los ataques, fue el más difícil de los seis. Galán le anduvo seguro, le aguantó arreones, clavó con tino, arriesgó. Y gustó a todos: a los de Tarancón y a los de otros lugares no tan principales




(COLPISA, Barquerito)

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