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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros de
Alcurrucén (hermanos Lozano Martín), de preciosas y
variadas hechuras. De gran remate los seis, cada uno
en línea distinta. Sin darse un toro completo, fue
corrida de muy buena nota. Brava, noble y con fijeza
en la muleta. Con clase primero, tercero y sexto. Se
emplearon los otros tres. El quinto, resabiado por
los enganchones, con una chispa de temperamento
incierto.
ESPADAS:
Antonio Ferrera,
de lila y oro, silencio en los dos.
Matías Tejela,
de azul marino y oro, silencio en los dos.
Rubén Pinar,
de blanco y oro, oreja en cada toro. Salió a
hombros.
INCIDENCIAS
6ª de las Corridas
del Aniversario. Lleno. Primaveral y ventoso. Firme,
templado y tenaz el torero de Tobarra, que, sumando
oreja y oreja, abre la puerta grande en el cierre de
la cuarentena taurina de Ventas. Buena corrida de
Alcurrucén
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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Una muy
distinguida
corrida de
Alcurrucén.
De catálogo
largo y
variado. Muy
bellos los
seis toros,
y en tipo
los seis a
pesar de
distinguirse
unos de
otros. No
sólo las
pintas.
Siendo
corrida bien
armada, no
fue
especialmente
ofensiva,
sino de
caras tan
afiladas
como bien
cortadas. El
más
remangado no
era el más
astifino,
pero estaba
a punto de
cumplir los
seis años:
ese rompió
el fuego. Y
fue buen
toro. Y con
él hizo
Antonio
Ferrera lo
que suele
hacer con
los toros
buenos que
le tocan:
lucirlo sin
escamoteos
ni
escondites.
Al toro,
noble,
repetidor,
de darse por
las dos
manos, le
faltó
rematar pro
abajo el
muletazo.
Entonces, y
ya hasta el
final,
estuvo
castigando a
toros y
toreros el
viento. No
vendaval,
pero
enrarecedor:
no dejó
elegir
terrenos, no
consintió
torear en
los medios
ni abrirse
demasiado en
distancias
que casi
todos los
toros
pidieron
mayores.
Fue, encima,
tarde de
desaciertos
puntuales de
las
cuadrillas:
abundaron
los puyazos
traseros,
los hubo
pésimos,
también
lidias
farragosas,
abusivas,
sin sentido.
A todos los
errores e
imponderables
sobrevivió
sin duelo la
corrida de
Alcurrucén.
El quinto,
de aire más
agresivo que
los demás,
engatillado
y armado por
delante,
acusó los
resabios de
enganchar
engaños en
golpes de
viento. Era
toro de la
famosa reata
de músicos
de sangre
Núñez-Rincón,
un toro
Cornete.
Bravo fue.
También
díscolo, con
su punto
incierto,
sus
calambrazos
al disparar.
Y cierta
falta de
formalidad:
una primera
embestida
segura
buena, sólo
aceptable la
de la
repetición,
y ya
indispuesto
o revuelto
el tercer
ataque.
Muchos
cabezazos
pegó el toro
en el
caballo de
pica. No
engañó la
señal.
Fue corrida
transparente:
en especial,
un tercer
toro de
humilladísimas
embestidas,
todas de
largo y
generoso
recorrido.
De exquisito
temple,
clase clara.
Con más
motor,
habría sido
toro de
premio.
Recogido y
engatillado,
algo
ensillado,
con las
proporciones
y los cabos
perfectos
para
galopar. Y
la
elasticidad
casi ideal.
Lo toreó con
firmeza,
grave
carácter y
tesón
sobresaliente
Rubén Pinar.
Una faena
muy
empeñosa. Y
bien armada:
las tandas,
las pausas,
los tiempos.
Muy encima
del toro
Rubén, y por
fuera del
cacho al
embarcar,
pero preciso
en los
toques para
ligar sin
perder
pasos. Ni
cargar la
suerte. El
efecto del
toreo bien
cosido.
Faltó toreo
con la
zurda. Una
tanda muy
cortita de
aliento.
Hubo alguna
censura para
lo que se
entendieron
como
ventajas.
Pero se
produjo el
efecto
bumerang y
los
villamelones
de domingo
pudieron más
que los
exquisitos o
los
censores.
Una estocada
casi
pescuecera y
fatal. Oreja
por mayoría
incontestable.
Facidito y
casi lucero
Y otra oreja
para Rubén
del sexto.
Con más
méritos de
fondo ahora,
porque con
sus 604
kilos de
tablilla, el
toro, negro
facadito y
casi lucero,
de tronco
cilíndrico y
culatas
formidables,
no parecía
invitar ni
seducir
tanto como
el otro. A
este sexto
le faltó la
elasticidad
propia del
toro de
encaste
Núñez, pero
le sobró
nobleza.
Ritmo
constante.
Ahora se
encajó en
serio Rubén:
corrió la
mano, acertó
en los
toques
siempre, dio
con la
fórmula. De
perder pasos
cuando
procedía, de
no violentar
la bondad
del toro. El
trabajo tuvo
fuste. Y
raza el
torero, que
aguantó
estoico el
chaparrón de
una docena
de
reventadores.
Muy feliz la
estocada. El
toro murió
de bravo en
los medios.
De modo que
Alcurrucén
cumplió con
su tradición
de sacar
toreros por
la puerta de
Madrid, la
grande, la
de las
fotos, la
fama y la
pasta.
Tejela hizo
el esfuerzo
y el gasto
con el toro
difícil, el
hueso de la
corrida, el
quinto
fierito,
pero no
terminó de
entenderse
con el
sencillo. Un
bello
segundo
colorado que
fue
literalmente
molido a
capotazos
durante los
dos primeros
tercios. Y
lo acusó. No
se animó
Tejela a dar
el pasito
que convence
a los toros,
y a éste,
que reponía
si no venía
enganchado
con espacio,
costaba
convencerlo.
Un poco
liosa la
faena. Lo
que hizo
Tejela fue
pegarle al
quinto una
estocada de
premio.
Inmejorable.
Ferrera,
castigado
por un
sector
impertinente,
lidió muy
bien sus dos
toros y a
los dos los
banderilleó
con corazón,
acierto,
riesgo e
imaginación.
El tercio
del cuarto
toro fue,
con
diferencia,
su más
completo
logro como
rehiletero
en Madrid en
mucho
tiempo. Ese
cuarto toro,
ancho, alto,
de pezuñas
desmedidas.
Estuvo
manseando de
salida, se
despabiló en
banderillas
con una
velocidad
fantástica y
peleó en la
muleta
seriamente.
El viento
hizo dudar a
Ferrera en
el momento
de
ventilarse
la pelea. En
tablas,
buenos los
viajes del
toro. En las
rayas, no
tanto. Y
después de
tropezar
telas,
menos.
(COLPISA,
Barquerito)
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