|
FICHA DEL FESTEJO |
|
TOROS:
Cinco toros de Salvador Domecq y un
sobrero de Fernando Peña, que saltó de
quinto.
ESPADAS:
Miguel Abellán., de blanco hueso y oro,
palmas al retirarse a la enfermería.
El Capea, de nazareno y oro, silencio,
oreja y silencio.
David Mora, que confirmó alternativa, de
rosa y oro, saludos y ovación.
INCIDENCIAS
Una oreja para una templada y armada faena con el
mejor toro de la corrida de Salvador Domecq.
Percance menos grave de Abellán. Ambiciosa
confirmación de David Mora.
Abellán, herido en la corva izquierda. Cornada de
15 cms. de pronóstico menos grave. Dos soberbios
pares de banderillas de Félix Jesús Rodríguez, que
saludó.
|
Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
| |
Así lo vio la prensa
COPE.ES:
“En la más rancia tradición de los isidros”
(Rafael Cabrera)
BURLADERO.COM:
“¡Viva Madrid, que es un pueblo!” (Mario Juárez)
ABC:
“La suerte estaba para El Capea” (Zabala de la
Serna)
LA
RAZÓN:
“David Mora, confirmación arrebatada” (Juan
Posada)
ELMUNDO.ES:
“Oreja para El Capea en la tercera de San Isidro”
(Lucas Pérez)
EL
PAÍS:
“Cogida
menos grave de Miguel Abellán” (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE:
“El Capea vence al tendido 7” (Juan Miguel
Núñez)
MUNDOTORO.COM:
“Madrid
tenía su boina” (Carlos Ruiz Villasuso)
|
|
|
Era
la
confirmación
de
alternativa
de David
Mora, y
sábado con
el clásico
público
trashumante
de San
Isidro y de
paso o paseo
y charla.
Abellán
recibió en
una de las
corvas una
cornada del
toro de la
devolución
de trastos y
El Capea,
que mató
tres toros,
cortó la
primera
oreja de su
carrera en
Madrid. La
oreja del
mejor toro
de una
amplia y
diversa
corrida de
Salvador
Domecq.
El toro,
cuarto de
corrida,
estaba para
Abellán. Le
vino a El
Capea a las
manos y no
se lo dejó
ir. Cuajado,
alto, largo,
tocado y
astifino, un
Escorado de
585 kilos,
pero magro
el porte. La
lengua
afuera
después de
varas aunque
el gasto
fuera escaso
y saliera al
bies del
caballo. Un
quite de
David Mora,
que no
perdonó, por
cierto, ni
uno, y tres
pares de
banderillas
con el toro
en danza y
son. El
Capea vio el
toro mejor
que nadie.
Más cerca. Y
se acopló
con él.
La corrida
de Salvador
Domecq había
salido
trotona,
pero en este
cuarto asomó
no un galope
de los caros
pero sí el
tranco
acompasado
que hace
predecibles
viajes e
intenciones.
Descolgado
desde el
primer
ataque, se
rebosó bien.
Llorando
algo: fue
toro
mugidor. Ese
sería su
ritmo. El
Capea estuvo
encajado y
puesto desde
el primer
muletazo.
Desde la
primera
tanda con la
diestra,
resuelto
para ligar
en el sitio
y enganchar
por delante
como pedía
el toro. Por
abajo,
templadamente.
Por pronto,
pesaba el
toro. Las
tandas,
ajustadas y
de toreo
hacia dentro
sin
ventajas,
fueron
cortas: de
tres y el
cambiado.
Soplaba un
poco de
viento.
Entre las
rayas fue.
La cuarta
tanda, de
cuatro y no
tres, y el
cambiado de
remate, fue
logro mayor.
Ya a toro
ahormado y
gobernado.
Estaba
pendiente
una tanda
con la
izquierda. Y
una sola
hubo y no
buena: no
convino a
ninguno. Y
de vuelta a
la mano
buena. Por
ella, dos
tandas más,
más
templadas
todavía que
antes,
certeros los
embroques a
tiempo,
seguro el
trazo por
abajo. Ni un
enganchón
siquiera. El
grave adorno
de un cambio
de mano. De
nuevo,
grandes
remates
cambiados
con el toro
sacado de
atrás
adelante y
de abajo
arriba pero
al hombro
contrario. Y
una
estocada,
soltando el
engaño en el
embroque,
pero de las
que tiran
sin puntilla
los toros.
Fue el caso.
Una oreja.
Con algún
voto en
contra.
Doble, en
fin, el
infortunio
de Abellán:
por llevarse
una cornada
y por sólo
poder tener
en la mesa
de
operaciones
noticias del
toro que se
había
dejado. El
toro de la
cornada,
retinto,
cinqueño,
ensillado
casi
caballote,
dos pitones,
fue del cupo
de trotones,
se picó al
relance y
sólo tuvo
compás bueno
al encelarse
con la punta
de capote de
David Jaro,
que lo
corrió por
delante a
una mano
mientras se
celebraban
las
ceremonias
de
confirmación.
Abellán
abrió faena
hincado de
hinojos en
los medios
en cite de
largo, el
toro medio
galopó y
tomó el
engaño, pero
al tercer
viaje ya se
había metido
por debajo.
Al quinto
estaba
enterado:
reponiendo,
la cara
arriba,
revolviéndose
y, si no,
encogido y
buscando
presa. No le
consintió a
Abellán
ganarle ni
un paso. La
única vez
que Abellán
lo hizo, con
la idea de
someterlo,
el toro lo
cazó y
derribó, y,
en el suelo
el torero,
lo hirió
certero.
Abellán se
estuvo en la
plaza hasta
matar el
toro. Dos
pinchazos,
otro
envainado y
un
descabello.
La
confirmación
de David
Mora estuvo
marcada por
la ambición.
De rodillas,
no a porta
gayola sino
bien abierto
en el
tercio,
esperó la
salida del
toro de la
confirmación
y lo largó
con calma.
Se le fue
suelto el
toro de los
lances a
pie, una
revolera
doble, un
puyazo, el
toro en mal
equilibrio,
un quite de
costadillo y
dos medias
y, después
de haberlas
echado por
delante
varias
veces,
perdió las
manos el
toro. Al
corral. Se
corrió turno
y al que iba
ser sexto y
fue primero
bis, volvió
David a
esperarlo
frente a
toriles. Era
casi
obligado el
gesto. Gesto
fue. Un
zambombo de
600 kilos,
corretón,
que no
quería ni la
sombra del
caballo. Un
quite de
Abellán por
chicuelitas,
provocador.
Y réplica
estupenda de
Mora con el
capote a la
espalda.
Toro
posible:
codicioso.
Peor sin
fuelle
suficiente.
Por eso pegó
algún
cabezazo.
Dos desarmes
en el
arranque de
faena,
nervios que
agarrotaban.
Segura la
presencia
del torero,
pura
disposición.
Pero sin
redondear.
No le dejó
el sobrero
de Fernando
Peña, muy
trotón
también y
sacudiéndose
engaños.
Viento que
descubría,
tropezados
los engaños,
pocos
toques, el
toro solo no
se empleaba.
Tesón del
joven
torero: para
intentar el
toreo de
distancia,
para
sujetarse
incluso
cuando el
toro lo tuvo
a tiro.
Valiente.
Y dos toros
más. En la
cuenta de El
Capea. Un
tercero
corto de
manos y
cuello pero
que, después
de haber
trotado,
descolgó con
aire por la
mano derecha
y tuvo
bondad; y un
sexto
descarado
que se
embrocaba al
paso y veía
al torero.
El
vientecito
de tormenta
no dejó a El
Capea
salirse
fuera con el
tercero o
entregarse o
insistir
más. Faena
corta en
todo. Por la
izquierda se
metía el
toro. Con el
sexto, luz
artificial,
la gente
cansada, más
viento que
antes,
anduvo breve
el torero.
Sin
proponérselo
del todo.
Rebrincado y
protestón,
no convidaba
el toro a la
épica.
(COLPISA,
Barquerito).
|