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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Cinco
toros de Los Recitales (Salvador Martín)
y uno -5º- de Fernando Peña, serio,
manejable. En tipo Osborne los tres
primeros de Los Recitales, bravos los
tres. De excelente condición tercero y
segundo. El cuarto, grandón, se empleó
sólo en medios viajes; el sexto,
terciado y descarado, sacó genio
protestón
ESPADAS:
Curro Díaz, de perla y oro, silencio en
los dos.
Iván Vicente, de carmín y oro, silencio
tras dos avisos y silencio.
Ambel Posada, de blanco y plata, silencio
en los dos.
INCIDENCIAS
Picó muy bien Francisco Martín al tercero. Un
gran par de Domingo Navarro. -Tres toros de buena
nota de Los Recitales en su estreno en el abono. Ni
Iván Vicente ni Ambel Posada les hacen los honores a
los dos de mejor condición.
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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Así lo vio la prensa
COPE.ES:
“Una ‘novillada’ cruda” (Rafael
Cabrera)
BURLADERO.COM:
“¿La oportunidad? Para Los Recitales”
(Mario Juárez)
ABC:
“Recital de Los Recitales” (Zabala
de la Serna)
LA RAZÓN:
“El milagro de Los Recitales“
(Patricia Navarro)
ELMUNDO.ES:
“Detalles
de Díaz en una tarde que supo a poco”
(Lucas Pérez)
MUNDOTORO.COM:
“Que salude Florito“ (Carlos Ruiz
Villasuso)
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Los tres
primeros
toros de la
corrida de
Los
Recitales
fueron de
notable
condición.
En el tipo
clásico de
Osborne:
buena y
afilada
armadura,
cortas
manos, bajos
de agujas,
cajas
carnosas.
Picado al
relance y
con prisa,
el primero
se empotró
en el
caballo con
bravo estilo
en una
primera vara
y empujó con
fijeza en
una segunda.
Algo frágil,
pero toro
pronto.
Cobró un
terrible
estrellón
contra un
burladero
cuando lo
cerraban en
tablas
después de
banderillas.
Mermado,
noble.
Aunque
rematara
arriba
alguna vez:
era codicia
sin resuello
suficiente.
El segundo,
que estaba
con todo de
pura viveza
pero no de
distraído,
se dolió en
banderillas.
Falsa
alarma. Pese
a enterrar
los pitones
a comienzo
de faena, se
sostuvo. Con
ritmo muy
regular. De
los tres
buenos toros
de línea
Osborne, el
más completo
fue
seguramente
el tercero,
acogido con
un coro
menor de
miaus. Les
parecería
poco toro a
los del
coro. Tenía
sus dos
velas y el
prototipo de
su estirpe.
Se empleó de
verdad en
dos
excelentes
puyazos del
gran
Francisco
Martín y
rompió en la
muleta sin
hacerse
esperar. Los
miaus del
primer coro
se
resolvieron
a la hora
del arrastre
en una
ovación
cerrada. La
hubo también
para el
segundo. Y
la habría
habido para
el primero
sin el
estrellón
terrible que
dejó al toro
zumbadito. Y
pareció
puntear
porque no le
daba el
impulso para
más.
Ni Curro
Díaz ni Iván
Vicente ni
Ambel Posada
terminaron
de acoplarse
con esos
primeros
toros de
lote. El
viento
inevitable
castigó a
Curro y a
Ambel. Lo
suficiente
para
molestar.
Por fuera
Curro Díaz
en una faena
más de
dibujar que
de poder,
como le es
tan propio.
Si
desplazaba
al toro, se
le iba. Como
lo esperaba
con la
muleta
escondida,
el toro la
tropezó por
sistema. Y
cuando Curro
se puso por
la mano
buena del
toro, la
izquierda,
dócil y
pastueña, ya
quedaba en
realidad muy
poco toro.
Iván Vicente
le pegó
muchos
tirones al
segundo y,
cuando no,
lo
violentaba
con pases
veloces en
embroques
precipitados.
Faltó
serenidad.
Un desarme
inoportuno,
justo cuando
el torero de
Colmenar
empezaba a
asentarse o
parecer
verlo claro.
Dos
pinchazos,
una estocada
atravesada,
dos
descabellos.,
dos avisos.
Al cobrar la
estocada se
hirió Iván
en una mano.
Ambel le
hizo al
segundo un
breve y
lindo quite
a la
verónica,
pero no se
animó con el
suyo. Muy
bonita una
apertura de
faena de
rancio
clasicismo.
Muletazos de
horma y,
tras ellos,
una tanda en
redondo, y
otra
enseguida,
bellamente
abrochadas
las dos.
Frágil el
encaje del
torero, que
estaba más
por
acariciar el
toro que por
someterlo.
Un falso
desarme al
ponerse por
la
izquierda:
se le cayó
la muleta,
sujetada con
las yemas. Y
de pronto se
torció el
viaje:
viento que
lo
descubría, y
Ambel que no
pegaba el
paso
adelante que
reclamaba ya
entregado
pero con su
bravo aire
el toro. A
menos todo.
Dos
pinchazos,
una
estocada.
La segunda
parte de
corrida no
fue la
misma. El
cuarto no
salió en
Osborne sino
en Juan
Pedro,
grandón,
alto de
agujas, las
manos por
delante,
medias
embestidas,
más de un
cabezazo.
Curro Díaz
saboreó las
mieles de
ser torero
consentido
de Madrid:
no hubo
muletazo
compuesto
que no
tuviera su
eco y su
jaleo.
Espléndidos
remates de
pecho.
Decidido de
verdad el
torero de
Linares,
bien
colocado,
tragón con
los viajes
cortos del
toro. Faltó
redondear
una tanda.
Fue, por lo
demás, tarde
infausta con
la espada:
metisaca y
bajonazo en
un turno;
dos
pinchazos y
entera caída
en el otro.
Completaba
corrida, de
quinto, un
toro de
Fernando
Peña, entre
aleonado y
abufalado,
serio,
frenado de
salida, de
blandearse o
no emplearse
en el
caballo. Y,
sin embargo,
manejable.
No descolgó,
pero se
movió. La
cara alta,
pero fijeza.
No lo llevó
Iván Vicente
metido en la
muleta.
Repuso el
toro por la
izquierda.
No cobró
vuelo la
cosa. Toda
al aire del
toro. Y el
toro a su
aire.
Terciado y
sacudido,
pero
ofensivo
–finas las
puntas y las
mazorcas-,
el sexto
eran dos
agujas en
movimiento.
Con sus
gotas de
genio, el
toro
embistió a
la
defensiva.
Pegó muchos
gaitazos.
Brindó al
público
Posada y
luego vino,
en contraste
de la calma
de antes, un
arrebato.
Protestó el
toro, que
derrotó y
punteó por
falta de
fuerzas. No
sería del
cupo de
Osborne, la
reserva cara
de la
ganadería,
que debutaba
en San
Isidro.
(COLPISA,
Barquerito).
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