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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis novillos de Torres Gallego. En el tipo de
procedencia Núñez, pero lote variado. Primero,
cuarto y sexto dieron muy buen juego.
ESPADAS:
Arturo Saldívar, que sustituyó a José Manuel Mas,
palmas tras un aviso y una oreja.
Francisco Pajares,
silencio tras aviso en los dos.
Ernesto Javier Tapia
“Calita”, silencio en los dos.
INCIDENCIAS
Una oreja del mejor novillo de la tarde. Pero,
sobre todo, carácter, personalidad, valor, ambición.
Había entrado en el cartel como sustituto del
anunciado José Manuel Mas.
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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De los
toreritos
mexicanos
transterrados
a España
hace tres o
cuatro años
y que antes
o después
hicieron su
debut en
Madrid, sólo
uno de
ellos,
Ernesto
Tapia
“Calita”, de
Naucalpan de
Juárez,
capitalino,
del distrito
federal de
México,
decidió
afincarse en
Sevilla y
ahí para.
Ayer toreó
en Madrid.
Se va
encajando en
las maneras
españolas.
Es ya
historia
aquella
sorprendente
frescura
imberbe de
que,
toreando de
capa, hizo
gala en un
certamen de
2007.
Calita se ha
formalizado
y
apatronado,
ha echado
más cuerpo
de matador
de toros que
de
novillero,
no parece
frágil pero
se le
resiste la
quietud en
los
embroques. A
veces. Muy
prudente
Calita con
el tercer
novillo de
esa
colección de
sangre Núñez
del hierro
de Torres
Gallego. Con
la cual vino
a celebrarse
en son menor
la fiesta de
Corpus, que
fue en
tiempo fecha
taurina de
postín. Casi
nadie en la
plaza.
Calita quiso
torear por
gaoneras al
segundo de
la tarde en
un quite. Se
arrepintió
antes de
rematar la
primera. Y
volvió a
salir a
quitar en el
quinto, y a
medio
arrepentirse
de repente,
pero para
salir
volteado.
Nervioso.
Con el sexto
toro de esta
pedregosa
novillada,
un largo y
engatillado
torete muy
astifino,
protestado
por sus
malos
apoyos, se
sacó la
espina
Calita.
Espoleado
seguramente
por el
triunfo aún
caliente de
Arturo
Saldívar con
el notable
cuarto toro
de festejo.
Saldívar,
que se hizo
respetar en
sus dos
paseíllos
del año
pasado en
las Ventas,
es uno de
los tres
transterraditos
que
eligieron
Madrid y no
Sevilla para
hacer
carrera. Los
otros dos
son El Payo,
que confirmó
ya
alternativa
en San
Isidro, y el
bravo Mario
Aguilar, que
ha hecho
siempre el
gasto pero
nunca se ha
llevado de
sorteos ni
un novillo
que medio
quisiera.
Saldívar dio
ayer el
salto de
calidad que
se estaba
esperando.
Calita fue
con el sexto
toro pura
ortodoxia,
que implica
ritmo pero
también se
cobra su
precio en
imaginación.
Amontonada
una faena
reiterativa.
No mala. Ni
buena. De
cierto gusto
al componer
con la mano
derecha. Con
puntos de
empaque
donde se
adivina
todavía
proyección.
Saldívar
torea
bastante
mejor con la
mano
izquierda
que con la
derecha.
Muchísimo
mejor. Hay
un sabio
Benjamín
Bentura que
sostiene que
lo de verdad
difícil es
torear con
la derecha y
no al revés.
Será cierto.
Del todo en
el caso de
Saldívar,
que es, por
cierto, de
Jalisco, del
municipio de
Teocaltiche.
Y va a ser
torero con
cuerda. De
bragueta, de
pasarse, por
tanto, muy
cerca los
toros. Y eso
hizo con el
cuarto de
corrida. De
engancharlos
por delante
y tirar de
ellos al
temple y no
a tirones.
De no perder
pasos sino
ganarlos en
todo caso. Y
vertical, de
no
arrugarse.
Ni practicar
el toreo a
pies juntos
que ha
vuelto a las
pasarelas
como moda
retro. Sino
medio
abierto el
compás.
Saldívar,
que no se
cansa, que
se deja
acariciar la
tripita por
los pitones,
que se pone
donde no hay
toro que no
embista.
Como la
faena buena
tuvo sus
momentos de
compás, y
ligazón y
buen aire,
se
calentaron
los dos
centenares
escasos de
cabales que
esperan
siempre en
Madrid el
milagro. Y a
su manera lo
fue esta
actuación
tan sincera
y descarada,
entregada y
encajada de
Saldívar. La
apertura de
faena con
banderazos
firmísimos
fue promesa
cierta de
cuanto vino
después:
toreo
amanoletado
con la
zurda; muy
por pulir
con la mano
derecha.
Pecó de no
soltar toro,
y así no
vale. Y mató
con corazón.
No se podía
ir la oreja
de ese toro.
Le dará
fama,
crédito.
La primera
de sus dos
faenas,
templada y
entregada,
más
desordenada,
con más de
un panzazo a
toro pasado,
tuvo su
fuercecita.
Nada
comparable a
la otra.
Saldívar no
estaba
anunciado,
sino que
sustituyó a
un colega
enfermo,
José Manuel
Mas. El
placentino
Francisco
Pajares
anduvo con
oficio.
Discreta la
ilusión,
menores los
logros. Como
si no
bastara
saber andar.
De uno en
uno los
muletazos,
nunca dos
ligados. O
casi nunca.
Muy llorón
el quinto
novillo, y
se
aburrieron
toro y
torero.
Mansito
aunque noble
el segundo y
no hubo
pelea. Pelón
Saldívar,
que no
perdonó ni
un quite.
Chicuelinas,
talaveranas,
delantales,
faroles.
Repertorio
largo. Faltó
la verónica
pura y
desnuda.
Otro día.
(COLPISA,
Barquerito)
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