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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Madrid - 7ª de abono - 13 Mayo 2009 |
| Feria de San Isidro: "A sangre y fuego Bolívar con un toro imponente" |
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Muy belicoso, el sexto de Las Ramblas fue el toro más vibrante de cuanto va de feria. Con él triunfó a la brava Luís Bolívar. Un toro de golosa pinta: colorado y calcetero, bien descarado, muchas carnes musculadas, bajo, largo y ancho, las manos cortas. Gran viveza, una chispa de fiereza. Sólo un primer trote engañoso, porque se encendió enseguida y fue hasta el final y sin tregua como una traca. Pronto y con pies. Muy brioso el galope. Humilladas y completas las embestidas por la mano derecha, de las de meter la cara y volver, repetir y seguir. De tanto fondo que después de dos varas, dos quites y dos docenas largas de muletazos casi todos por abajo y hasta el final, después de todo eso quedaba todavía toro. Y mucho. Y después del trato revuelto y nada cordial que implica un quite tras una cogida. Al rematar la segunda tanda con la diestra, generosa serie de cinco muletazos ligados o cosidos, Bolívar se cambió por detrás de mano con la intención de abrochar con un natural o un pase del desdén. Lo encañonó el toro, un error de colocación del torero, y lo prendió por la pantorrilla. Formidable la voltereta. Eso estaba pasando en los medios y, aunque las cuadrillas llegaron céleres, Bolívar tuvo que rodar por delante del hocico para evitar la cornada. La hubo menor: diez centímetros en un muslo. Había habido antes, en el remate de siete eléctricos y ceñidos lances de recibo, una primera voltereta monumental, pero de ella salió indemne el torero de Cali. No de ésta segunda refriega. Con habilidad insuperable, El Fandi le hizo con su propia pañoleta a Bolívar un torniquete por encima de los machos. Y siguió la pelea, que fue de emoción en raudal. El gesto de Bolívar de abrir faena de largo, en los medios casi, y de dejar venir al toro desde un burladero a rienda suelta, para embrocarse sin protestar ninguno de los dos. Cinco derechazos por abajo, descargada la suerte pero templado el toro, y en un palmo, y el de pecho cuando se puso a vomitar lava el volcán. La segunda tanda, con su acelerón, tuvo la misma fuerza furiosa que la previa. Y más porque la encarecieron la cogida y la cornada. Y el gesto renovado de Bolívar de no volver la cara, sino casi todo lo contrario. Piso la otra mejilla. Embalado el público, caliente el deseo de triunfar a sangre y fuego Bolívar. Pura pasión la segunda mitad de faena. Sin calma, por tanto. Por la izquierda el toro atacaba díscolo. En el momento justo, Bolívar atacó con la espada en corto y, soltando el engaño, dejó enterrada una estocada letal. Gran gloria.
No se pudo
lidiar
entera la
corrida
anunciada de
Las Ramblas
y se
completó con
tres toros
del hierro
del Marqués
de Domecq,
que se
jugaron de
impares. Al
verse el
estallido
del sexto
pareció
entenderse
de un golpe
que ninguno
de los cinco
toros
echados por
delante
había
embestido
propiamente.
Una
impresión.
El primer
marqués,
suavón y
sueltecito,
se dejó en
media altura
muy
calculada,
porque Juan
Bautista
sintió que
se le iría
al suelo si
le bajaba la
mano. Por la
izquierda
repuso el
toro, que
fue de los
de más a
menos. No la
faena de
Juan
Bautista,
técnica,
formal y
segura. Como
la lidia del
toro. Hizo
viento
entonces y
costó el
doble todo.
El tercero,
negro y
aleonado, de
felino paso,
pegó
cabezazos en
el caballo,
estuvo
enseguida
descompuesto
o
defendiéndose.
Y sin dejar
de enredar.
Largo
trasteo
justificatorio
de Bolívar.
Metisaca,
caída
tendenciosa
y dos
descabellos.
Y viento. La
segunda
parte
arrancó con
un toro de
público,
castaño
listón, sin
cuello, muy
abierto de
cuerna,
badanudo, Y
permanentemente
engallado
como todos
los cortos
de cuello
que salen
agresivos y
con gas.
Suelto de
varas,
trotón,
dolido en
banderillas.
Lo trató con
suavidad
Juan
Bautista.
Muleta
mínima,
pitones
afilados y
cuerda
inmensa. Y
viento_
salieron
enganchados
los
muletazos de
acoplarse y
entenderse.
Se había
quedado
crudo el
toro y en la
muleta
pesaba
mucho.
Sereno el
torero de
Arles. Pero
no
brillante.
Trató mejor
Juan
Bautista al
toro que la
gente y el
toro a Juan
Bautista.
Una
estocada.
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