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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis
toros de José Escolar, de excelente
presentación, variado remate y notable
trapío. Tercero y sexto, de gran estilo,
muy ovacionados en el arrastre. Correoso
un primero duro de manos; rebrincado por
flojo un segundo noble; incierto un
cuarto bravucón; manso amoruchado el
quinto, muy pitado.
-Tercero y
sexto de una corrida desigual. Bravura,
nobleza, fijeza, clase. Listeza,
habilidad, oficio y entrega de Sánchez
Vara en dos faenas sinceras pero mal
recibidas.
ESPADAS:
Rafaelillo, de prusia y oro, saludos tras
un aviso y silencio.
Fernando Robleño, de carmín y oro,
silencio en los dos.
Sánchez Vara, de blanco y oro, leves
pitos en los dos.
INCIDENCIAS
Bien con capote y banderillas Álvaro Oliver
y Juan Carlos García. Un gran puyazo de Pedro
Iturralde.
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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Así lo
vio la prensa
COPE.ES:
“Tres
murieron con las orejas
BURLADERO.COM:
“Algo se muere en el alma, cuando dos toros se
van…” (Mario Juárez
ABC:
“Dos buenos toros de Escolar” (Zabala de la
Serna
LA RAZÓN:
“Una soporífera corrida más” (Juan Posada
ELMUNDO.ES:
“Sánchez
Vara desaprovecha un lote de triunfo” (Lucas
Pérez
EL PAÍS:
“El toro antiguo” (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE:
“Fracasa Sánchez Vara” (Juan Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM:
“¡¡Ay Campanera!!” (Íñigo Crespo)
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Bien con
capote y
banderillas
Álvaro
Oliver y
Juan Carlos
García. Un
gran puyazo
de Pedro
Iturralde.
Dos toros de
muy buena
nota trajo
la corrida
de
albaserradas
de Escolar.
Tercero y
sexto. El
lote de
Sánchez
Vara. Torero
con fama
justa de
afortunado
en los
sorteos. Y
justa fama
de darlo
todo. La
buena nota
se tradujo
en virtudes
clave:
fijeza, son,
bondad,
templada
codicia. No
las
hirientes
embestidas
arrebatadas,
listas y
hasta fieras
que han dado
a la
ganadería de
Escolar su
nombre y
renombre.
Sino, más
bien,
bonanza casi
pastueña.
Embestidas
con el sello
de la
bravura, y
no del
temperamento.
Bien
rimadas,
como procede
en el son
bueno.
Humillado y
por abajo
tomó los
engaños el
tercero. Un
largo toro
cárdeno,
cuajado y
sin
enmorrillar,
corto de
manos,
hondo,
armónico, de
espléndido
remate, algo
degollado.
Bello de ver
y mirar. De
excelente
aire. Un
pero menor
pero
significativo:
fue un punto
tardo. Tardo
para
venirse, no
para
repetir.
Nobleza no
sumisa.
Galopó en
banderillas
y ya se dio
hasta el
final.
Sánchez Vara
fue, como
suele,
generoso
para lucir
los encantos
del toro sin
ocultar
ninguno. Y,
como suele
también, muy
hábil para,
con astucia
de torero
muy toreado,
enganchar,
tocar, ligar
y torear con
limpieza.
Con el
ajuste que
mejor le
convino. Con
votos
reventones
en contra de
quienes
estuvieron
desde el
comienzo de
parte del
toro.
Campanero,
número 61.
523 kilos.
Una estocada
valiente, un
descabello.
Gran ovación
para el
toro. Algún
pito para el
torero de
Guadalajara.
No se tuvo
en cuenta
nada: ni el
oficio, ni
la entrega,
ni siquiera
la
estrategia,
que fue de
torero de
buena
cabeza.
A reñir en
calidades
con el
tercero hubo
todavía un
toro más. El
sexto. De
hechuras muy
distintas:
un puntito
paso de
pitones, que
fue su única
incomodidad
mayor, negro
bragado,
cabezón,
finos los
cabos, chato
y badanudo,
con papadita
no habitual
en el
encaste
Saltillo.
Sin el porte
caro del
tercero, ni
su
personalidad,
sacó
sorprendente
dulzura.
Pronto y no
tardo.
Constante el
ritmo de las
embestidas.
Llamativa
fijeza.
Bravo el
chorro en
cuanto
rompió el
toro, que
estaba
todavía
después de
banderillas
por ver del
todo. No
hubo que
esperar ni
un minuto ni
más de
cuatro
muletazos.
En cuanto
Sánchez Vara
se puso y
descaró
fuera de las
rayas, se le
encendió el
motor al
toro.
Y a Sánchez
Vara, que no
se dejó
tropezar la
muleta ni en
una baza,
que ligó
soltando
toro entre
pase y pase,
que se abrió
más de la
cuenta y
toreó
despegado
por eso.
Pero que
supo dónde
estar y
ponerse para
que no le
protestara
el toro, tan
cariñosamente
tratado. No
estaba la
mayoría a
favor de
obra sino
con, para y
sólo por el
toro. Un
coro de
palmas de
tango, los
gritos
condenatorios
de rigor, el
que no, el
se va sin
torear y
demás cantos
homéricos.
Una estocada
tan sincera
como todo lo
que hace
Sánchez
Vara.
Clamores
para el toro
en el
arrastre.
Cortijero,
562 kilos,
número 24.
Embistieron
otros dos
toros de la
corrida de
Escolar: los
dos
primeros.
Pero de
distinta
manera.
Salió un
escandaloso
quinto
amoruchado
que, dolido
de la
divisa, fue
tomado de
salida por
fiero hasta
que cantó la
gallina
antes de
echar ni un
naipe nadie.
Y hubo un
cuarto de
altas
agujas,
inmensa caja
y badana
rizada que
empezó
embrocándose
al paso y,
luego,
cobardón,
reservón e
incierto, no
tuvo apenas
entrega. Y
murió de
manso.
Correoso y
fiero
El primero
salió
correoso, un
punto fiero
y otro
distraído,
sin
romperse, la
cara arriba.
Demasiado
alto,
degollado,
el hocico de
rata
clásico.
Apretó en
serio. Lo
toreó con
calma,
sitio,
sabiduría,
encaje y
gusto
Rafaelillo.
La esgrima
precisa para
sortear los
momentos de
trágala y
resolver en
el punto
preciso.
Porque el
toro ni
humillaba ni
descolgaba
propiamente.
Sólo que
tomaba el
engaño y lo
seguía.
Faena
difícil. De
méritos. La
estocada,
ladeada, no
tuvo muerte.
El toro no
se
descubría,
un aviso,
cinco
descabellos,
no hubo
premio.
El segundo
tuvo el aire
del gran
sexto, pero
no la fuerza
ni la
regularidad.
Quiso pero
se rebrincó
o claudicó.
Faltó el
golpe de
riñón. Y,
encima,
sopló
viento. Y
Fernando
Robleño,
heroico
arrojo
siempre, no
halló la
manera. Una
buena
estocada. De
otra
expeditiva y
en los bajos
liquidó al
infame
quinto,
garbanzo
negro de
esta olla.
Rafaelillo
se peleó sin
empacho con
los
problemas
del cuarto,
que atizó a
la mandíbula
al volverse
por la mano
izquierda y
tuvo por la
derecha
difícil
carácter.
Fue toro de
los de meter
la cara
entra las
manos, que
es sacar
bandera
blanca. Y de
morir de
manso.
(COLPISA,
Barquerito)
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