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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros despuntados para rejones
de Los Espartales (José Luis Iniesta).
Fríos o abantos de salida en su mayoría.
Rompieron con clase cuarto y sexto.
Aplomado el primero; se vino abajo el
segundo; de buen son el tercero; parado
el quinto.
ESPADAS:
Pablo Hermoso de Mendoza, oreja y dos orejas.
Andy Cartagena, una oreja y silencio.
Sergio Domínguez, que confirmó la alternativa,
silencio y ovación.
INCIDENCIAS
Lleno. Tarde de imponente autoridad del
rejoneador de Estella. En perfecta condición la
cuadra, con tres caballos nuevos de gran estilo, y
dos faenas redondas de torero grande
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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Así lo vio la
prensa
COPE.ES:
“Hermoso, templado y renovado, a hombros en
Madrid“ (Pilar Abad)
BURLADERO.COM:
“Hermoso, tres orejas en Madrid” (Mario
Juárez)
ABC:
“Hermoso y ‘Silveti’ por la Puerta Grande” (Zabala
de la Serna)
ELMUNDO.ES:
“Tres orejas y puerta grande para Hermoso de
Mendoza” (Lucas Pérez)
EL PAÍS:
“Tres orejas, dos pollos“ (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE:
“Hermoso suma otra apoteosis en Las Ventas: tres
orejas“ (Juan Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM:
“Palmas de libre directo” (Carlos Ruiz
Villasuso)
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Fue el
festejo más
largo de
cuanto va de
feria: dos
horas y
veinte
minutos. La
parte buena
la llenaron
Pablo
Hermoso y
sus
caballos,
que fueron
esta vez
siete. Tres
de ellos,
nuevos en
Madrid: los
dos de
salida, un
Dalí alazano
y un
Patanegra
castaño, y
uno de
banderillas,
un Caviar
tordo en
fase negra
que va para
joya de la
corona.
Estuvieron
los fijos y
fieles: el
tordo Pirata
para cortas,
desplantes,
teléfonos y
muerte a
espada, con
esa sorda
eficacia de
los caballos
que matan;
el gran
Chenel,
estelar en
dos farpas y
varios
galopes de
costado pero
sin que se
encelara
como debía
el toro de
turno; el
bayo Ícaro,
que domina
el toreo en
cortas
distancias
mejor que
ningún
compañero de
cuadra; y,
en fin, ese
castaño
lusitano de
frondosas
guedejas y
fastuoso
porte que se
llama
Silveti y
que, honor a
la gloriosa
dinastía de
torero
mexicanos de
ese nombre,
torea de
maravilla. Y
ayer mismo,
por ejemplo,
y recién
salido de
una lesión.
Fueron
Silveti y el
que montaba
a Silveti
quienes
pusieron en
el quinto en
pie a la
plaza toda
con dos
llegadas de
caras hasta
el mismo
platillo con
calmadísimos,
retemplados
galopes, y
enseguida,
metido en
jurisdicción,
el caballo
cuarteó
ceñido y
libró la
embestida
segura del
toro. Pablo
sacó el
brazo
derecho en
rigurosa
perpendicular
y al
estribo, sin
la menor
violencia,
dejó clavada
la farpa en
todo lo
alto. Dos
veces. En el
mismo sitio.
Inmenso
poder.
Ese Silveti,
como caballo
de estatua
de Tacca, se
suspende en
el vuelo. Y
el nuevo
Caviar,
también,
porque
parece
cargar la
suerte en
las piruetas
por delante.
Tan
atrevidas
que son
solución de
reuniones al
pitón
contrario.
Dificilísimo.
Tres años
tiene ese
caballo
recién
puesto. Pero
ya lo hace
todo:
galopar de
costado por
las dos
manos,
encelar al
toro y
atreverse
sin
protestar en
todos los
terrenos, ir
de frente o
cuartear,
entrar y
salir.
El castaño
Patanegra,
rigurosa
novedad, va
a ser
caballo de
gran
corazón. De
precisión
magnética la
manera de
fijar y
parar al
cuarto toro.
Y, en fin,
Pablo
Hermoso se
encargó de
clavar
siempre
arriba, de
torear sin
ventajas, de
no pegar ni
un caballazo
y de medir
los tiempos,
el ritmo,
las
transiciones
y el sentido
de dos
lidias
distintas
porque hubo
que torear
toros de muy
diferentes
estilos. El
segundo,
venido abajo
tras un
segundo
rejón de
castigo que
fue
excesivo, se
quedó sin
impulso,
esperó y
punteó como
hacen los
toros que
quieren pero
no pueden.
El cuarto,
que llegó a
echarse tras
un carrusel
de Pablo con
las cortas,
entró en el
cupo de los
buenos de la
corrida de
Los
Espartales.
A éste le
cortó las
orejas
Pablo. Sólo
una al menos
propicio del
lote. Prueba
formidable
de dominio:
los
auxiliadores
de Pablo no
pegaron más
allá de
cinco
capotazos en
toda la
corrida. Por
tanto, Pablo
Hermoso en
sideral
altura. Y en
versión
clásica y
rigurosa.
Hubo el
delirio
habitual.
Inevitables
Las
comparaciones
se hicieron
inevitables.
Sergio
Domínguez,
que confirmó
la
alternativa,
fue un
manojo de
nervios.
Aplomado, el
toro de la
confirmación
no regaló
embestidas y
costó
llegarle.
Las
clavadas, a
la grupa,
despegadas y
sin tino.
Muy morosa
la faena. De
torero
nuevo,
aunque no lo
sea tanto.
Vivió un
quinario de
salida con
un sexto
bravo, que
saltó al
callejón
como es
costumbre en
los murubes
de alta nota
y embistió
después con
calidad
descolgada y
estilo. Y
entonces, a
última hora,
Sergio, que
había antes
marrado lo
indecible,
se encontró
a gusto y,
templado,
toreó por
delante con
cierta
tranquilidad.
El tercero
de corrida
intentó
saltar
varias veces
y estuvo a
punto de
lograrlo
una. Salía
suelto de
embroques y
tomaba
carrerilla.
No le dieron
los kilos
para tomar
el vuelo
preciso.
Buen toro el
tercero. Dos
rejones de
castigo y
sobró el
segundo. Un
buen tercio
de
banderillas
con un
caballo de
gran
alboroto,
teatral y
nervioso,
que se llama
Júpiter. Un
bajonazo.
Una oreja. Y
escasa
fortuna en
el otro
turno. Con
un toro
parado que
no se
prestó.
Clavadas muy
desafortunadas:
en los
lomos,
caídas. Un
acerico
parecía el
toro. Y
aquello no
fue torear
propiamente
sino clavar
por clavar.
A caballo.
(COLPISA,
Barquerito)
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