CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid - 12ª de abono  - 18 Mayo 2009 

 ¡Qué bien torea Miguel Ángel Delgado, y qué mal mata!

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Cuatro novillos de La Quinta (Álvaro Martínez Conradi), en tipo, astifinos, de líneas variadas y desigual juego, y dos sobreros de El Jaral de la Mira (Fernando Peña), jugados de cuarto y sexto, amplios los dos, de buen juego. El tercero de Conradi, con calidad y nobleza de bravo. Manejables los dos primeros, que tuvieron el sello del encaste. Difícil un quinto con genio reservón.
 

ESPADAS:

Daniel Martín, de añil y oro, silencio tras un aviso y silencio.

Mario Aguilar, de Burdeos y oro, silencio tras un aviso y palmas.

Miguel Ángel Delgado, de lila y oro, saludos tras dos avisos y palmas tras un aviso.
 

INCIDENCIAS

12ª de San Isidro. Tres cuartos largos. Primaveral. La falta de destreza y acierto con la espada deja con la miel en los labios al novillero ecijano, que, sin embargo, convence con su asiento, su delicado gusto y su temple
 

 Video resumen del festejo de Las-ventas.com

Así lo vio la prensa

COPE.ES: “¿Dónde queda la sangre de Santa Coloma?” (Rafael Cabrera)

BURLADERO.COM: “Delgado cuaja a un novillo con manos de seda y espada de madera” (Mario Juárez)

ABC: “Delgado y un novillo a la mexicana” (Zabala de la Serna)

LA RAZÓN: “Intensa faena rota a espadas” (Patricia Navarro)

ELMUNDO.ES: “Ovación para Delgado, que pincha una templada faena” (Lucas Pérez)

EL PAÍS: “Un estilista pinchaúvas” (Antonio Lorca)

AGENCIA EFE: “Delgado, brillante sin espada” (Juan Miguel Núñez)

De los seis novillos sorteados de La Quinta, sólo pudieron verse enteros cuatro. Dos cayeron en la trinchera: un tercero de linda traza y buen aire, frío, devuelto con cierta precipitación, y un cuarto flacote y cariavacado, hocicudo, trotón, que enterró un pitón dio un mal paso y pareció lastrado pero no inválido. Se abrió la gatera esta vez para dos novillos de El Jaral de la Mira, de estilo, lámina y carácter distintos. La Quinta es hierro de gran reserva pura de Buendía-Santa Coloma. No se parece a casi nadie. Lo de El Jaral es Ibán, fue en su día el pan nuestro de la plaza de toros de Madrid y, aunque fuera del circuito hace tiempo, sigue dando casta y fondo. Dieron juego los dos sobreros. Un cuarto de corrida ensabanado y capirote en cárdeno que, blando en varas, humilló y repitió después. Noble. Y un sexto playero, cuajado y largo, que fue el toro o novillo de peor fortuna en lo que va de feria: picotazos rebotados en la puerta, salida precipitada de los picadores, dos infames puyazos, una lidia abusiva. Etcétera. Codicioso y noble, resistió hasta el final. Rebrincado unas veces. Con firmeza las más.
Pero el reclamo de la cosa eran los novillos de La Quinta, estrellas de cualquier San Isidro. Eso había ido a verse. No fue para nada la novillada mayúscula de otros mayos. Un nobilísimo tercero que no remató en el caballos y rompió en son más apagado que guerrero; un primero de mutante conducta que se enteraba si no iba o venía toreado; un segundo maltratado en el caballo, noble pero de protestar en la corta distancia; y un quinto frenado de salida, geniudo en el caballo, duro de manos, encogido y de ojo con el perro. Que muerde. Y mordió: una cornada parece que no grave y en sus partes al mexicano Mario Aguilar, valeroso de verdad, entero después del percance y con corazón bastante como para aguantar tras la cogida sin gestos de más, montar la espada y cobrar una estocada. Gesto notable.
Lo notable de verdad fue, en esta aguada fiesta, la salida impecable de Miguel Ángel Delgado. No la espada, que le costó dos avisos en un toro y uno más en otro. Sí todo lo demás: el encaje, la delicadeza, la elegancia, el valor, la presencia, el aura, la seguridad. Dos faenas distintas, porque poco tuvieron que ver entre sí los dos toros de turno, el mejor de los cuatro supervivientes de La Quinta y el menos propicio de los dos sobreros de El Jaral. A los dos les dio fiesta. Con capa y muleta. Toreo de ritmo y compás a la verónica en el saludo y recibo del tercero. Antes de eso, un personal y vertical quite por chicuelinas al segundo de corrida.
Y después, la espera en los medios de la suelta del sexto para librarlo con una talaverana, y otra luego, en alarde de repertorio. No de criterio porque ahí tuvo que empezar el toro a saltar obstáculos. Con el pulso y la calma con que Miguel Ángel toreó por las dos manos al primer novillo no había toreado casi nadie en San Isidro. ¿Sergio Aguilar, Sebastián Castella? De seda fueron los muletazos por las dos manos, de seda el hilo con que se fueron cosiendo en suave ligazón. Caricias los de pecho, puro rumbo. A pies juntos más que a compás abierta, descolgado de hombros ek torero de Écija, sueltos los brazos. Soberbios los toques para traer o rematar con el vuelo de la muleta. No filigrana, sino el paño entero.


Soberbio

El sosiego fue soberbio. Como el ritmo de la faena con un toro que embestía al minué y no enganchó la muleta nunca. En ambiente de clamor y, para muchos, de sorpresa también, vino un desastrado uno de la espada. Con el sexto, incómodo por playero, estuvo Delgado en valiente: firme en embroques ajustados y muy difíciles precisamente por ser playero el toro. Y de irregular ritmo. Una apertura más valerosa que adecuada –de largo, el pase cambiado a la manera de Castella o Perera, por citar a dos habituales del trapecio- y. después, una singular manera de imponer al toro ritmo y controlarle los pies hasta tenerlo casi en la mano. Con la espada vino el segundo borrón.

Machacón el salmantino Daniel Martín con el sobrero ensabanao que se dejó por las dos manos a gusto. Y firme y encajado, dispuesto y capaz con el primero de corrida, que cortaba el viaje y, si no iba tapado o abierto, veía mucho al torero. Bravo de verdad el mexicano Mario Aguilar. De verdad el valor; no la técnica ni los

 

(COLPISA, Barquerito)
 

 

 

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