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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis
toros de Núñez del Cuvillo. Muy
astifinos los seis, de bellas pintas y
lindo remate. Corrida muy variada. De
empleo y condición desiguales. El
quinto, bravo, muy ovacionado en el
arrastre. Frágil un primero gazapón; sin
fuelle un noble segundo; venidos abajo
tercero y sexto; a menos un noble cuarto
fundido antes de tiempo.
ESPADAS:
El Juli, de azul prusia y oro, silencio en
los dos.
El Cid, de tabaco y oro, silencio y ovación.
Miguel Ángel Perera, de azul cobalto y oro,
ovación y silencio tras un aviso.
INCIDENCIAS
13ª de San Isidro. Lleno. El Rey y
la infanta Elena, en una barrera, recibieron brindis
de El Juli y Perera. Inseguro El Cid con él y
ocasión desaprovechada. Ambiente helador y agresivo
en contra de El Juli, que torea con cabeza. Perera,
todo firmeza con dos toros ingratos.
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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El único toro
valido - Foto: Las-ventas.com
Así lo vio la prensa
COPE.ES:
“Un toro bravo entre los cuvillo” (Rafael
Cabrera)
BURLADERO.COM:
“El Cid se deja ir al (por ahora) toro de la feria”
(Mario Juárez)
ABC:
“A
la corrida le sobró calidad” (Zabala de la
Serna)
LA RAZÓN:
“La sombra alargada de las figuras” (Patricia
Navarro)
ELMUNDO.ES:
“Decepcionante corrida con las figuras” (Lucas
Pérez)
EL PAÍS:
“Gatos en lugar de toros” (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE:
“Correctivo para los tres” (Juan Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM:
“Tres desmayos y una tortilla” (Carlos Ruiz
Villasuso) |
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El primero
fue un toro
de
porcelana.
Colorado, el
más largo y
alto de
agujas de la
corrida, tan
astifino
como todos
los demás.
Bizco y
tocado, casi
arremangado.
Muy bonita
la lámina.
Suelto, se
abría.
Flojo, de
apoyos
irregulares,
fue corrido
al caballo y
derribó. Ya
llevaba un
ratito
sonando la
orquestina
reventona
preparada
para asar o
freír a El
Juli. El
Juli sólo
pudo sujetar
al toro en
el recibo de
capa, pero
no
estirarse, y
dibujar
luego un
quite de
sólo media
verónica y a
toro pasa,
porque el
toro se fue.
Andarín y
frágil, las
dos cosas, y
algo
pegajoso
como tantos
toros
bondadosos
pero sin
fuelle. Un
coro de
miaus
mientras El
Juli, fuera
de las
rayas,
trataba de
asentar al
toro,
tomarle las
medidas y
medirlo al
fin en la
distancia.
Ninguna gana
del toro.
Miaus
humillantes
para
subrayar los
embroques.
Hicieron su
agosto los
reventadores,
que andaban
esta vez muy
bravos. Una
estocada al
salto y
mortífera
acalló el
gallinero.
Pero se
daría por
enterado El
Juli de que
esta vez lo
estaba
esperando
con casi los
mismos
collares los
mismos de
siempre. No
hubo tregua
ni
concesiones.
Para la
majeza de
sus
templados
lances de
saludo al
cuarto
cuvillo no
hubo
prácticamente
ni una palma
ni un amago
de jaleo. No
estaba el
ambiente
para
negociar.
Tampoco el
cuarto toro.
El único
negro zaino
del envío de
Cuvillo, el
más astifino
y más ancho
de corona,
que tuvo
fijeza pero
muy poquito
arranque.
Dos
muletazos de
El Juli en
una sucinta
apertura y,
ejemplo de
resolución,
a los medios
para citar
de largo y
templar por
abajo,
sujetar y
ligar tres
tandas en
redondo sin
sufrir, sino
poniendo
incluso más
que el toro
de Cuvillo.
El eco fue
raquítico. A
los veinte
muletazos
estaba el
toro parado
y casi
reventado.
Al pararse
el toro se
sintieron
motivados
los
revientahuevos.
Silbiditos
en los
embroques,
incluso
cuando El
Juli tiró
del toro a
tenaza y
forzando la
figura. No
quiso apenas
el toro por
la mano
izquierda.
No reponía,
pero le
costaba
llegar al
embroque. No
repitió un
solo viaje.
El Juli se
encajó en
péndulos
breves. Como
de
costumbre,
breve fue
también la
faena, bien
cortada. Y
suficiente.
Es probable
y hasta
posible que
a El Juli lo
dejara algo
tocado el
maltrato,
gratuito e
insultante,
y recibido
sin razón
mayor. Una
estocada
trasera de
gran
listeza.
Cuatro
descabellos.
Ni unas
palmas de
cortesía.
Una voz
suelta del
coro
pronunció un
reproche
insostenible,
muy injusto:
“¡A
cobrar…!”.
El Juli
corrió en el
fondo con la
cuenta de la
feria: de
los que
están en
ella y de
los que no
están, y de
los que la
han armado,
defendido y
festejado.
No le
rodaron a El
Cid las
cosas ni a
Perera
tampoco. El
Cid tuvo el
favor de la
inmensa
mayoría en
el segundo
turno, y con
el toro de
la corrida.
Un jabonero
de bravo son
que metió la
cara y se
empleó por
las dos
manos. Pero
no se encajó
en serio el
torero de
Salteras ni
por su mano
buena ni por
la otra. Ni
con el
capote,
aunque
celebradas
dos medias
de salirse
de embroque,
ni con la
muleta. Ni
se templó
tampoco
salvo en
muletazos
más
aprovechones
que
obligados.
Los hubo,
sueltos,
buenos. De
perder pasos
por sistema
todas las
tandas,
indecisa la
apuesta. Al
tercer
embroque en
falso se oyó
alguna
reclamación
del algún
cliente. Un
pinchazo
hondo, dos
descabellos,
ovación
cerrada para
el toro y El
Cid,
convocado
por algunos
incondicionales,
decidió no
salir a
saludar.
Vergüenza
torera.
Retinto y
Rechoncho
El primero
de su lote,
retinto,
rechoncho,
bajito de
agujas,
acarnerado,
bien armado,
se topó
desde el
comienzo con
el voto en
contra de
quienes
saben cómo
volcar
ambiente. No
hubo manera
de
calentarle
la mano de
verde al
palco, se
cambió el
tercio
cuando
parecía
inmediata la
ruina y,
entre
protestas,
vino El Cid
a batirse.
Se le fue el
toro al
suelo en la
tercera
baza. “¡Una
becerrada…!”,
dijo uno. De
manos dulces
el toro, que
tuvo mejor
fondo que
fuerza. Dos
pinchazos y
un bajonazo.
Al final del
paseíllo
trató sin
éxito de
abrirse
hueco una
ovación.
¿Para
recibir a
Perera, que
volvía a
Madrid
después de
la épica
machada y
las dos
graves
cornadas del
pasado Otoño
en este
mismo
teatro? Por
si acaso, no
salió Perera.
Podía
haberlo
hecho. A ese
punto ha
llegado en
Madrid el
pánico
escénico. El
tercero fue
el único
toro mal
rematado de
la corrida
de Cuvillo.
Por estrecho
y
acaballadito,
por
escurrido.
Escarbó, se
movió, se
tuvo,
obedeció.
Ningún
carácter.
Perera
estuvo con
el toro
tenaz, firme
y compuesto.
Ajustado.
También
ligero
porque el
toro no se
daba más
aire.
Planteada
como faena
de poder,
pero sin
enemigo, la
cosa fue
acompañada
de un fondo
de
protestas.
Al toro lo
llamaron
“simulacro
de toro”. No
era para
tanto.
El compañero
de lote fue,
como se
esperaba,
más toro que
cualquiera
de los
otros. Negro
girón,
cuajado,
ofensivo.
Con plaza.
Un toro
corretón.
Perera, muy
firme, no
llegó a
dibujar con
el capote.
Ni luego,
porque,
brindada al
público la
idea, el
toro se vino
abajo en
cuanto
apretó el
torero
extremeño
las tuercas
un poquito.
Un valiente
arranque con
cambiados
por la
espada y dos
bucles de
natural
ligado con
el de pecho
se
celebraron.
Y algunos
muletazos
traídos a
pulso y a
pelo. Se
pidió
silencio
cuando se
sintieron
murmullos de
discordia.
Fue
larguísima
la porfía.
De gran
firmeza,
pero un
abuso. Y un
aviso antes
de cambiar
Perera de
espada.
(COLPISA,
Barquerito)
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