CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid - 13ª de abono  - 19 Mayo 2009 

Un notable toro de Cuvillo, pero sólo uno

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de Núñez del Cuvillo. Muy astifinos los seis, de bellas pintas y lindo remate. Corrida muy variada. De empleo y condición desiguales. El quinto, bravo, muy ovacionado en el arrastre. Frágil un primero gazapón; sin fuelle un noble segundo; venidos abajo tercero y sexto; a menos un noble cuarto fundido antes de tiempo.

ESPADAS:

El Juli, de azul prusia y oro, silencio en los dos.

El Cid, de tabaco y oro, silencio y ovación.

Miguel Ángel Perera, de azul cobalto y oro, ovación y silencio tras un aviso.

INCIDENCIAS

13ª de San Isidro. Lleno. El Rey y la infanta Elena, en una barrera, recibieron brindis de El Juli y Perera. Inseguro El Cid con él y ocasión desaprovechada. Ambiente helador y agresivo en contra de El Juli, que torea con cabeza. Perera, todo firmeza con dos toros ingratos.

 Video resumen del festejo de Las-ventas.com


El único toro valido - Foto: Las-ventas.com

Así lo vio la prensa

COPE.ES: “Un toro bravo entre los cuvillo” (Rafael Cabrera)
BURLADERO.COM
: “El Cid se deja ir al (por ahora) toro de la feria” (Mario Juárez)
ABC
: “A la corrida le sobró calidad” (Zabala de la Serna)
LA RAZÓN
: “La sombra alargada de las figuras” (Patricia Navarro)
ELMUNDO.ES
: “Decepcionante corrida con las figuras” (Lucas Pérez)
EL PAÍS
: “Gatos en lugar de toros” (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE
: “Correctivo para los tres” (Juan Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM
: “Tres desmayos y una tortilla” (Carlos Ruiz Villasuso)

El primero fue un toro de porcelana. Colorado, el más largo y alto de agujas de la corrida, tan astifino como todos los demás. Bizco y tocado, casi arremangado. Muy bonita la lámina. Suelto, se abría. Flojo, de apoyos irregulares, fue corrido al caballo y derribó. Ya llevaba un ratito sonando la orquestina reventona preparada para asar o freír a El Juli. El Juli sólo pudo sujetar al toro en el recibo de capa, pero no estirarse, y dibujar luego un quite de sólo media verónica y a toro pasa, porque el toro se fue.

Andarín y frágil, las dos cosas, y algo pegajoso como tantos toros bondadosos pero sin fuelle. Un coro de miaus mientras El Juli, fuera de las rayas, trataba de asentar al toro, tomarle las medidas y medirlo al fin en la distancia. Ninguna gana del toro. Miaus humillantes para subrayar los embroques. Hicieron su agosto los reventadores, que andaban esta vez muy bravos. Una estocada al salto y mortífera acalló el gallinero.
Pero se daría por enterado El Juli de que esta vez lo estaba esperando con casi los mismos collares los mismos de siempre. No hubo tregua ni concesiones. Para la majeza de sus templados lances de saludo al cuarto cuvillo no hubo prácticamente ni una palma ni un amago de jaleo. No estaba el ambiente para negociar. Tampoco el cuarto toro. El único negro zaino del envío de Cuvillo, el más astifino y más ancho de corona, que tuvo fijeza pero muy poquito arranque. Dos muletazos de El Juli en una sucinta apertura y, ejemplo de resolución, a los medios para citar de largo y templar por abajo, sujetar y ligar tres tandas en redondo sin sufrir, sino poniendo incluso más que el toro de Cuvillo. El eco fue raquítico. A los veinte muletazos estaba el toro parado y casi reventado.

Al pararse el toro se sintieron motivados los revientahuevos. Silbiditos en los embroques, incluso cuando El Juli tiró del toro a tenaza y forzando la figura. No quiso apenas el toro por la mano izquierda. No reponía, pero le costaba llegar al embroque. No repitió un solo viaje. El Juli se encajó en péndulos breves. Como de costumbre, breve fue también la faena, bien cortada. Y suficiente. Es probable y hasta posible que a El Juli lo dejara algo tocado el maltrato, gratuito e insultante, y recibido sin razón mayor. Una estocada trasera de gran listeza. Cuatro descabellos. Ni unas palmas de cortesía. Una voz suelta del coro pronunció un reproche insostenible, muy injusto: “¡A cobrar…!”. El Juli corrió en el fondo con la cuenta de la feria: de los que están en ella y de los que no están, y de los que la han armado, defendido y festejado.

No le rodaron a El Cid las cosas ni a Perera tampoco. El Cid tuvo el favor de la inmensa mayoría en el segundo turno, y con el toro de la corrida. Un jabonero de bravo son que metió la cara y se empleó por las dos manos. Pero no se encajó en serio el torero de Salteras ni por su mano buena ni por la otra. Ni con el capote, aunque celebradas dos medias de salirse de embroque, ni con la muleta. Ni se templó tampoco salvo en muletazos más aprovechones que obligados. Los hubo, sueltos, buenos. De perder pasos por sistema todas las tandas, indecisa la apuesta. Al tercer embroque en falso se oyó alguna reclamación del algún cliente. Un pinchazo hondo, dos descabellos, ovación cerrada para el toro y El Cid, convocado por algunos incondicionales, decidió no salir a saludar. Vergüenza torera.


Retinto y Rechoncho

El primero de su lote, retinto, rechoncho, bajito de agujas, acarnerado, bien armado, se topó desde el comienzo con el voto en contra de quienes saben cómo volcar ambiente. No hubo manera de calentarle la mano de verde al palco, se cambió el tercio cuando parecía inmediata la ruina y, entre protestas, vino El Cid a batirse. Se le fue el toro al suelo en la tercera baza. “¡Una becerrada…!”, dijo uno. De manos dulces el toro, que tuvo mejor fondo que fuerza. Dos pinchazos y un bajonazo.

Al final del paseíllo trató sin éxito de abrirse hueco una ovación. ¿Para recibir a Perera, que volvía a Madrid después de la épica machada y las dos graves cornadas del pasado Otoño en este mismo teatro? Por si acaso, no salió Perera. Podía haberlo hecho. A ese punto ha llegado en Madrid el pánico escénico. El tercero fue el único toro mal rematado de la corrida de Cuvillo. Por estrecho y acaballadito, por escurrido. Escarbó, se movió, se tuvo, obedeció. Ningún carácter. Perera estuvo con el toro tenaz, firme y compuesto. Ajustado. También ligero porque el toro no se daba más aire. Planteada como faena de poder, pero sin enemigo, la cosa fue acompañada de un fondo de protestas. Al toro lo llamaron “simulacro de toro”. No era para tanto.

El compañero de lote fue, como se esperaba, más toro que cualquiera de los otros. Negro girón, cuajado, ofensivo. Con plaza. Un toro corretón. Perera, muy firme, no llegó a dibujar con el capote. Ni luego, porque, brindada al público la idea, el toro se vino abajo en cuanto apretó el torero extremeño las tuercas un poquito. Un valiente arranque con cambiados por la espada y dos bucles de natural ligado con el de pecho se celebraron. Y algunos muletazos traídos a pulso y a pelo. Se pidió silencio cuando se sintieron murmullos de discordia. Fue larguísima la porfía. De gran firmeza, pero un abuso. Y un aviso antes de cambiar Perera de espada.
 

 

(COLPISA, Barquerito)
 

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