CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid - 15ª de abono  - 21 Mayo 2009 

Morante y un privilegiado "¡ahí queda eso!"

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Cuatro toros de Juan Pedro Domecq y dos sobreros -2º y 3º- de José Vázquez. La corrida de Juan Pedro, de desigual remate, dio más nobleza que fuerza. El sexto tuvo gran estilo. Muy noble el cuarto. Claudicante el quinto, llamativamente más bruto que los demás. Flojo un primero amodorrado. Deslucidos los dos de Vázquez.

ESPADAS:

Morante de la Puebla, de caramelo y oro, silencio tras un aviso y oreja tras un aviso.

José María Manzanares, de tabaco y oro, silencio y saludos.

Rubén Pinar, que confirmó la alternativa, de escarlata y oro, silencio en los dos.

INCIDENCIAS

15ª de San Isidro. Lleno. Entoldado, bochornoso, veraniego. Antología del toreo de capa y muleta, y una gloriosa faena del torero de la Puebla del Río. Sólo una oreja de un noble toro de Juan Pedro, testigo de cargo de tanta belleza

 


Sublime Morante - Foto: Lad-ventas

 

 Video resumen del festejo de Las-ventas.com

Así lo vio la prensa

BURLADERO.COM: Como sólo un ángel ´sabe torear” (Mario Juárez)
ABC: “Y Morante despertó al dios de la verónica” (Zabala de la Serna)
LA RAZÓN: “Alboroto, el de Morante” (Patricia Navarro)
COPE.ES: “Morante torea” (Rafael Cabrera)
ELMUNDO.ES: “Sinfonía de toreo de Morante de la Puebla” (Lucas Pérez)
EL PAÍS: Las Bellas Artes, según Morante” (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE: “Morante, de ensueño” (Juan Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM: “Torear a la luz de una vela” (CRV)

 


 


 

Morante! Privilegio y maravilla. De capa y muleta. Con un noble toro de Juan Pedro Domecq, consentido, acariciado, afortunado. La antología del toreo a la verónica y a la manera de Morante. Encaje del cuerpo, asiento natural, como si estuviera posado el torero. Sólo en el saludo, recién fijado el toro de salida con dos meros lances genuflexos, ya estuvo Morante en el mismo platillo. Ahí se trajo al toro en un sutil toque con el vuelo y dibujó a pulso. Uno, dos, tres, cuatro y cinco lances a la verónica de muy feliz compás por lo despacioso. De precisión sorprendente: sin ganar ni perder pasos ni terrenos, porque ya en el primer embroque estaba

 Morante en la boca de riego, que es el último horizonte del toreo a la verónica. Dos medias rumbosas, calzadas como al paso, muy suelto el brazo de salida, fueron sello adecuado.
El clamor fue indescriptible. Eso era lo que había venido a ver la inmensa mayoría. Y acababa de verlo. Morante llevó el toro al caballo galleando por chicuelinas, cuatro, y cada una de ellas, un cromo. Acordes del mismo compás. Dos de propina, media de brega, no quedó puesto el toro en suerte, pero daba lo mismo. Cada uno de esos siete lances vino subrayado por su correspondiente clamor. El toro de Juan Pedro estaba casi en mínimos de fuelle, no de bondad. Cuesta abajo o cuesta arriba, la tarde iba o venía de rebotes y grescas, dos toros devueltos, dos sobreros. Esos lances de Morante fueron para el toro un encubierto indulto. De ahí en adelante el toro de Juan Pedro fue compañero de baile.

Tras la primera vara, Morante salió a quitar. No hubo ni que pedir silencio ni chistar. Estaba el coro con la boca abierta. Ahora fueron cuatro las verónicas del manojo y, a pies juntos, media de seco salero. La sencilla compostura y el tiempo lento con que se marcaron las cuatro y la media volvieron a levantar clamores. Y también tres lances de brega, una revolera cambiada y dos capotazos largos de sacar los brazos. Aún quedaba de postre un supino quite de regalo a tercio cambiado. Dos chicuelinas de lento giro y envueltas como quien pliega un pañuelo. Y a pies juntos, media muy forzada pero resuelta con un caracol. Entonces se puso de pie la gente, tiraron flores al ruedo los que estaban cerca y tenían flores, y pidieron a Morante que diera la vuelta al ruedo. Con sabio criterio se negó Morante.

Entonces pareció el torero de la Puebla tocado por el calor tan formidable de la gente. Y lo volvió a parecer después. Cuando concluyó el concierto. Ese toro de tanta música se lo brindó Morante a la actriz Paz Vega, sentada en una barrera. Bellísima. Como la faena de Morante, que, natural, saboreada y no relamida, fue compendio de improvisación, compás, clásica pureza, temple, ingenio, gracia, sensibilidad, entrega, hondura. Dos ayudados por alto de apenas abrir Morante el compás, tres en redondo con su trincherilla, un natural ligado con el kikirikí, una tanda de cinco en redondo ligados sin un rizo ni violencia y abrochados con un desplante, otra tanda todavía cuando ay parecía todo dicho y hecho. Los tiempos entre golpes, clave en toda la escena, fueron los que el toro parecía pedir como aire. Y hasta una manera de torear, no pausas ni paseos de pasarela. Sin terreno determinado, sino donde y cuando mejor convino cada cosa. La escuela sevillana, el llamado toreo eterno. Una riqueza apabullante.

Iba a cambiar Morante de espada y le pidieron que se pusiera por la mano izquierda. Aceptó. No fue la mejor idea. Aplomado, el toro se empezó a resistir. Hubo un desarme y hasta el desarme se jaleó como parte del duende. Y también hubo algún muletazo a cámara lentísima, el mismo asiento tan memorable y enterizo, un cambio de mano después de dos singulares ayudados para cuadrar al toro y… Encogido, el toro no dejó a Morante pasar con la espada. La estocada entró al segundo viaje. Cuando dobló el toro, sonó el aviso más impertinente de la feria. Una oreja. Una vuelta al ruedo de natural torería. Le pidieron a coro que diera otra. Se negó. Saludó desde los medios con rendida gratitud de artista comprendido. Y fue, en fin, un “¡…y ahí queda eso!” en toda regla. Una cumbre.
Era, a todo esto, la confirmación de alternativa de Rubén Pinar y la primera de las dos apariciones anunciadas de Manzanares en Madrid este año. Manzanares pegó dos estocada de premio, y no se sabe cuál mejor. Pinar, asentado y templado, probó que es un torero de segura técnica. El sexto fue el mejor toro de la corrida de Juan Pedro, pero después de Morante no hubo manera de resistir las comparaciones inevitables. Los maltratadotes de la plaza se cebaron con el joven torero de Tabarra y lo estuvieron reventando como si fuera el número uno de la clase. El toro de la confirmación, amodorradito y perezoso para mover popa y caja, claudicó al menor tirón y no hubo manera de enredarse con él, sólo de tenerlo en firme. Los dos sobreros de José Vázquez fueron deslucidos. No se aburrió Morante, cuyo diestro manejo de los avíos fue ya entonces admirable. Tampoco Manzanares, pero con toro de sólo topar. El quinto, lastimado tras un volatín, protestón, rebrincado y claudicante, mal encajado, se movió sin son ni entrega. Manzanares dibujó un rarísimo y precioso cambio de mano doble o en dos tiempos, tuvo que apechar con la gaita de algunos reventadores y, aunque no se dio por aludido tras la exhibición de Morante, no pudo por menos que acusarlo.
 

 

 

(COLPISA, Barquerito)
 

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