CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid -  - 21 Junio 2009 - Corrida

Buenas noticias de Curro Díaz y Eduardo Gallo

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de Guadaira (Manuel Cañaveral). Corrida seria de variadas hechuras y distinta condición. Fueron nobles los seis. Justos de fuerzas los tres primeros, pero muy noble el segundo. De buena nota los tres últimos: el cuarto, flojo, se empleó; de calidad el quinto y el sexto.



ESPADAS:

Curro Díaz, de púrpura y oro, silencio y vuelta al ruedo.

Eduardo Gallo, de verde aceituna y oro, saludos y ovación tras un aviso.

Andrés Palacios, de escarlata y oro, silencio en los dos.
 

INCIDENCIAS

Un minuto de silencio en memoria del comisario Puelles, asesinado por ETA el pasado viernes. Decisión y personalidad del torero de Linares, firmeza y temple del torero salmantino. Una corrida noble de Guadaira, de desigual motor y excesivamente castigada en varas.
 

 


 

 Video resumen del festejo de Las-ventas.com

 


Buenas noticias de Curro Díaz y Eduardo Gallo. Curro y su toreo plástico, sincero, a veces ligero, a veces garbo puro, entre saleroso y hondo, bien recitado. Gallo y su honradez: firmeza, encaje, renovada ambición, sentido del temple. Y una de Guadaira, que se estrenaba en Madrid con corrida de toros. La novillada de San Isidro fue de vértigo por su genio, por la dinamita. Violencia, poder indómito, agresiva resistencia. Esta corrida de primicia fue justamente lo contrario: nobleza, el fuelle justo en general, las gotas suficientes de docilidad. Dos o tres toros de buena nota.

Fue corrida seriamente armada: un primero cornalón y descaradito, bizco, y que, mal medido en varas, se defendió rebrincado y casi punteando en la muleta por falta de fuerzas y no por otra razón. Soltura de Curro Díaz. El desparpajo de pinceladas sueltas. Y el viento a favor de la parroquia, que jaleaba los muletazos antes de embrocarse las partes propiamente. Se celebraron más las ideas y la compostura que los logros. Más la guinda que el pastel.

No luego. Un cuarto toro amplio pero descolgado de carnes, la cuerna ancha y en tubular pero acapachada, admisible. Toro flojo, de mucho claudicar, pero pronto. De partida algo descompuesto por falta de fondo, pero después con las ganas sobradas para emplearse a conveniencia de Curro Díaz: látigo sedoso, aquí acelerado, ahora calmoso, por una mano y por la otra, con variantes floridas de toreo cambiado. Faena profusa, graciosa, improvisada, salpicada y salteada: en distancia mayor primero, más en corto después, de gran trazo dos tandas con la izquierda en muletazos de tres cuartos de pase con el embroque por fuera y el remate, en cambio, muy hacia dentro, con el toro mecido lo más posible. A pies juntos los trances de más encaje. Sinuosos los adornos: un molinete ligado con una trinchera y el del desdén. Y todo pasó seguido y de pronto, con el aire caliente de las faenas airosas. Un pinchazo, una estocada desprendida, petición suficiente de oreja. Se enrocó el palco. Y nones.

Dos buenos toros en el lote de Eduardo Gallo. Sin fuerza, y molido en varas, un segundo mugidor y rebrincadito pero muy noble; con calidad un hondo quinto retinto, estampa de toro viejo, de mucho calibre y llamativa pechuga, y que, de menos a más, sacó distinguida codicia, humilló, repitió, vino a todo y murió de bravo. Gallo estuvo firme de verdad en el capote en el recibo de los dos. A pies juntos lances de buen vuelo, verticales, de brazos jugados. Despacio. Con cabeza lidió Gallo al feble segundo, que se le acabó enseguida en la muleta. Pero lo templó con primor en la media altura, que no es fácil: lo sostuvo sin necesidad de atemperarlo. Era toro sumiso. Encajado Gallo en tandas cortas. Y temerario pero tranquilo en una trenza final entre pitones, valorada por la mayoría, no por todos. Fue hermoso ver al torero de Salamanca tan descarado. Como cuando despuntó. Y tan de verdad. Una excelente estocada.

Faltó calma, y astucia, para entenderse a tiempo con el notable quinto de la tarde, el toro tan toro antiguo, y tan bien hecho. Quebrantado en dos varas, el toro pedía distancia, terrenos de afuera: no quería al torero tan encima como se puso de salida Gallo, porque protestaba como si fuera lo que no era: un toro pegajoso. Y, además, por codicioso y pronto, quería que el torero perdiera pasos y no los ganara. Una primera parte de faena con Gallo tocando todas las teclas pero sin afinar ninguna. Y una segunda parte francamente buena: de dar con sitio y distancia, y la mano buena: la izquierda. Para torear ahora Gallo sin cansarse, la mano baja, su buen gusto natural, ligazón, quietud. Larguísima la faena. Un aviso antes de cuadrarse el toro. Una notable estocada.

El tercero de corrida volcó un caballo de picar. Volcar no derribar. Se lastimó. Algo celoso, zurrado, toro de poca voluntad. Andrés Palacios abrió con el trueno de tres estatuarios, que fueron falsa promesa. Frágil, se vino abajo el toro, que se acostó por una mano y punteó de flojo por la otra. No hubo acuerdo. El sexto, hondo, cinqueño, soberbio, fue gravemente castigado en dos varas sin escrúpulos. Y acusó la paliza. Se aplomó. A toro parado, amagos de arrebato de Palacios, que no dio con la fórmula.

 

(COLPISA, Barquerito)

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