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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros
despuntador para rejones de Fermín Bohórquez.
Primero, cuarto y sexto, de buena nota. Bondadoso el
segundo, que acabó en chiqueros. Manejable el
tercero, que escarbó. Se puso por delante el quinto,
que fue difícil
ESPADAS:
Fermín
Bohórquez, pitos y silencio.
Pablo Hermoso de
Mendoza, palmas y silencio.
Álvaro
Montes, oreja y saludos
.
INCIDENCIAS
-17ª de abono. Lleno. Lluvia en los
dos últimos toros. Grave percance de una de las
joyas nuevas de la cuadra: Patanegra, caballo de
salida, herido gravísimamente por un toro de
Bohórquez. Buen triunfo de Álvaro Montes
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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Así lo vio la prensa
COPE.ES:
“Lágrimas de un torero por otro torero: Pata Negra”
(Pilar Abad)
BURLADERO.COM:
“Cornalón a ‘Pata Negra’ y oreja para Álvaro Montes
en Madrid” (Mario Juárez)
ABC: “Mala
suerte de ‘Patanegra’ y Hermoso” (Zabala de la
Serna)
LA RAZÓN:
“Desgarro por Patanegra” (Patricia Navarro)
ELMUNDO.ES:
“Fortísima cornada al caballo Patanegra” (Lucas
Pérez)
EL PAÍS: “Horrorosa
voltereta a Hermoso” (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE:
“Congoja por un caballo” (Juan Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM:
“Las lágrimas de Hermoso” (Íñigo Crespo)
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Al ir de
frente para
cuartear y
embrocarse
en el primer
rejón de
castigo con
el quinto
toro, a
Hermoso se
le fue de la
mano, como
si se
desbocara,
la más joven
de las
estrellas de
su cuadra
nueva:
Patanegra,
un lusitano
castaño de
porte
atlético que
venía
llamado la
atención de
todo el
mundo desde
su primera
salida en
abril. Con
ese caballo
acababa
Hermoso de
parar,
rodear y
fijar de
salida al
toro. En el
primer
ataque para
clavar, del
tercio
afueras, se
enrareció el
caballo y el
toro de
Bohórquez,
uno de los
más
voluminosos
de la
corrida, lo
prendió por
los pechos y
lo levantó
brutalmente.
Cayeron a la
vez Pablo y
su caballo.
Desmontado,
Pablo tuvo
reflejos
para irse a
las bridas
por salvar
el caballo,
pero el toro
hizo presa
con
Patanegra y
lo revolcó.
Las
cuadrillas
salieron con
una
velocidad
impresionante
al quite.
Entre todas
las figuras
de esa
escena del
quite, la
protagonista
fue, sin
duda, la del
propio
Pablo, que
llegó a
interponerse
entre toro y
caballo,
como si
diera la
vida por él.
No fue
sencillo
quitar al
toro
encelado,
que había
hecho
sangre, pero
todos los
hombres
fueron como
uno y entre
todos
sacaron al
toro del
cebo. Manolo
Manzanares,
aprendiz y
discípulo de
Pablo, fue
de los
primeros en
llegar al
punto del
percance. Él
se encargó
de alzar al
caballo y de
llevarlo por
las riendas
a paso
ligero
camino de
cuadras.
El caballo
tenía una
herida en el
vientre y
por la
herida
salieron
enseguida
los
mondongos en
profusión,
como una
cadena de
tripas. La
escena
produjo una
conmoción
terrible:
gritos de
pánico
cuando el
toro se
enceló con
el caballo,
alivio menor
cuando se
resolvió el
quite con
Pablo
Hermoso de
paladín y
renovados
gritos de
espanto al
ver al
caballo con
las tripas
fuera. Pablo
tuvo
arrestos y
corazón
suficientes
como para ir
a las
cuadras en
busca de la
torda
Estella y
prender con
ella el
rejón de
castigo que
estaba
pendiente.
La cogida y
el quite
descompusieron
al toro, que
ya no dejó
de ponerse
por delante
ni de medir.
Pablo sacó
en
banderillas
a Chenel y a
Ícaro, dos
de los
grandes, y
trató de
galopar de
costado y en
corto. Pero
era tal la
impresión de
la gente que
le pedían a
gritos que
no
arriesgara
ni se
metiera como
suele en
terrenos del
toro, que el
toro
defendía.
Esta
sinceridad
tan
descarnada
de Pablo,
pura torería
en realidad,
no se dejaba
sentir entre
el
nerviosismo
general. De
él se
contagió
finalmente
Pablo a la
hora de
atacar con
la espada.
Tres
pinchazos y
una
estocada.
Nadie
contaba con
ese percance
viniera a
ser el
argumento de
la segunda
de las dos
corridas de
rejones de
San Isidro
que los
hombres del
tiempo
habían
puesto en
solfa.
Estaba
pronosticadas
tormentas y
llovió
durante la
lidia de los
dos últimos
toros, pero
el piso de
la plaza,
mullidito,
estaba en
perfecta
condición.
Bohórquez,
en presagio
de tarde
nublada,
marró lo
indecible y
como si
fuera un
novel:
rejonazos y
farpazos al
suelo como
un
primerizo,
en uno y
otro toro.
No se
prodigó en
aires como
de
costumbre.
Brillaron
dos de sus
mejores
caballos,
Bohemio y
Sinfonía.
Pablo lo
hizo todo
bien con el
segundo de
corridas.
Todo menos
acertar con
la espada.
Fantásticos
por el ritmo
y el acierto
los ataques,
los galopes
de costado y
los
desplantes
de Silveti
en
banderillas:
admirables
las piruetas
por su
inverosímil
ajuste del
tordo
Caviar,
compañero de
salidas en
la precoz y
fatal
carrera del
herido
Patanegra. Y
esa idea
casi
obsesión de
Hermoso: la
de torear a
caballo.
Álvaro
Montes
aguantó
heroicamente
la galopada
de salida de
un tercero
de muchos
pies al que
esperó a
porta gayola
y corrió a
punta de
garrocha en
dos vueltas
enteras al
ruedo
angustiosas.
No
interminables.
Lo que hizo
Álvaro fue
lucirse en
aires más
circenses
que camperos
o toreros,
antes de
clavar. Por
un lado, la
doma; por
otro, el
torero.
Corvetas y
lanzadas,
saltos,
galopes en
el sitio,
piruetas,
grandes
efectos.
Valor para
llegar al
toro. No
tanto
acierto en
las
clavadas.
Pero con
general
favor. Una
oreja. El
palco
aguantó con
criterio la
petición de
la segunda.
Después del
percance de
Pablo, y con
el mejor
toro de la
corrida,
bajo lluvia
pegajosa,
Álvaro toreó
con encaje:
dos
desiguales
rejones de
castigo –por
clavar
deprisa y a
grupa- un
espectacular
toreo en
banderillas
con un
caballo
Cuchara que
se adorna en
piruetas y
clavadas y
más clavadas
al violín.
Que tanto
impactan.
Como los
sombrerazos.
La estocada
hizo guardia
al toro, la
espada tardó
en entrar y
se esfumó la
posibilidad
de la foto
de la puerta
grande.
(COLPISA,
Barquerito)
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