CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid - 17ª de abono  - 23 Mayo 2009 

A Montes se le fue la puerta grande

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros despuntador para rejones de Fermín Bohórquez. Primero, cuarto y sexto, de buena nota. Bondadoso el segundo, que acabó en chiqueros. Manejable el tercero, que escarbó. Se puso por delante el quinto, que fue difícil

ESPADAS:

Fermín Bohórquez, pitos y silencio.

Pablo Hermoso de Mendoza, palmas y silencio.

 Álvaro Montes, oreja y saludos
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INCIDENCIAS

-17ª de abono. Lleno. Lluvia en los dos últimos toros. Grave percance de una de las joyas nuevas de la cuadra: Patanegra, caballo de salida, herido gravísimamente por un toro de Bohórquez. Buen triunfo de Álvaro Montes

 Video resumen del festejo de Las-ventas.com

                         Así lo vio la prensa

COPE.ES
: “Lágrimas de un torero por otro torero: Pata Negra” (Pilar Abad)
BURLADERO.COM: “Cornalón a ‘Pata Negra’ y oreja para Álvaro Montes en Madrid” (Mario Juárez)
ABC: “Mala suerte de ‘Patanegra’ y Hermoso” (Zabala de la Serna)
LA RAZÓN: “Desgarro por Patanegra” (Patricia Navarro)
ELMUNDO.ES: “Fortísima cornada al caballo Patanegra” (Lucas Pérez)
EL PAÍS: “Horrorosa voltereta a Hermoso” (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE: “Congoja por un caballo” (Juan Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM: “Las lágrimas de Hermoso” (Íñigo Crespo)



 


Al ir de frente para cuartear y embrocarse en el primer rejón de castigo con el quinto toro, a Hermoso se le fue de la mano, como si se desbocara, la más joven de las estrellas de su cuadra nueva: Patanegra, un lusitano castaño de porte atlético que venía llamado la atención de todo el mundo desde su primera salida en abril. Con ese caballo acababa Hermoso de parar, rodear y fijar de salida al toro. En el primer ataque para clavar, del tercio afueras, se enrareció el caballo y el toro de Bohórquez, uno de los más voluminosos de la corrida, lo prendió por los pechos y lo levantó brutalmente.

Cayeron a la vez Pablo y su caballo. Desmontado, Pablo tuvo reflejos para irse a las bridas por salvar el caballo, pero el toro hizo presa con Patanegra y lo revolcó. Las cuadrillas salieron con una velocidad impresionante al quite. Entre todas las figuras de esa escena del quite, la protagonista fue, sin duda, la del propio Pablo, que llegó a interponerse entre toro y caballo, como si diera la vida por él. No fue sencillo quitar al toro encelado, que había hecho sangre, pero todos los hombres fueron como uno y entre todos sacaron al toro del cebo. Manolo Manzanares, aprendiz y discípulo de Pablo, fue de los primeros en llegar al punto del percance. Él se encargó de alzar al caballo y de llevarlo por las riendas a paso ligero camino de cuadras.

El caballo tenía una herida en el vientre y por la herida salieron enseguida los mondongos en profusión, como una cadena de tripas. La escena produjo una conmoción terrible: gritos de pánico cuando el toro se enceló con el caballo, alivio menor cuando se resolvió el quite con Pablo Hermoso de paladín y renovados gritos de espanto al ver al caballo con las tripas fuera. Pablo tuvo arrestos y corazón suficientes como para ir a las cuadras en busca de la torda Estella y prender con ella el rejón de castigo que estaba pendiente.

La cogida y el quite descompusieron al toro, que ya no dejó de ponerse por delante ni de medir. Pablo sacó en banderillas a Chenel y a Ícaro, dos de los grandes, y trató de galopar de costado y en corto. Pero era tal la impresión de la gente que le pedían a gritos que no arriesgara ni se metiera como suele en terrenos del toro, que el toro defendía. Esta sinceridad tan descarnada de Pablo, pura torería en realidad, no se dejaba sentir entre el nerviosismo general. De él se contagió finalmente Pablo a la hora de atacar con la espada. Tres pinchazos y una estocada.

Nadie contaba con ese percance viniera a ser el argumento de la segunda de las dos corridas de rejones de San Isidro que los hombres del tiempo habían puesto en solfa. Estaba pronosticadas tormentas y llovió durante la lidia de los dos últimos toros, pero el piso de la plaza, mullidito, estaba en perfecta condición. Bohórquez, en presagio de tarde nublada, marró lo indecible y como si fuera un novel: rejonazos y farpazos al suelo como un primerizo, en uno y otro toro. No se prodigó en aires como de costumbre. Brillaron dos de sus mejores caballos, Bohemio y Sinfonía.

Pablo lo hizo todo bien con el segundo de corridas. Todo menos acertar con la espada. Fantásticos por el ritmo y el acierto los ataques, los galopes de costado y los desplantes de Silveti en banderillas: admirables las piruetas por su inverosímil ajuste del tordo Caviar, compañero de salidas en la precoz y fatal carrera del herido Patanegra. Y esa idea casi obsesión de Hermoso: la de torear a caballo.

Álvaro Montes aguantó heroicamente la galopada de salida de un tercero de muchos pies al que esperó a porta gayola y corrió a punta de garrocha en dos vueltas enteras al ruedo angustiosas. No interminables. Lo que hizo Álvaro fue lucirse en aires más circenses que camperos o toreros, antes de clavar. Por un lado, la doma; por otro, el torero. Corvetas y lanzadas, saltos, galopes en el sitio, piruetas, grandes efectos. Valor para llegar al toro. No tanto acierto en las clavadas. Pero con general favor. Una oreja. El palco aguantó con criterio la petición de la segunda. Después del percance de Pablo, y con el mejor toro de la corrida, bajo lluvia pegajosa, Álvaro toreó con encaje: dos desiguales rejones de castigo –por clavar deprisa y a grupa- un espectacular toreo en banderillas con un caballo Cuchara que se adorna en piruetas y clavadas y más clavadas al violín. Que tanto impactan. Como los sombrerazos. La estocada hizo guardia al toro, la espada tardó en entrar y se esfumó la posibilidad de la foto de la puerta grande.
 

(COLPISA, Barquerito)

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