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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Cinco toros de
Samuel Flores -2º y 3º, con el hierro de la efe-,
cuajados y descarados, en tipo, de manso aire y
pobre juego, y un sobrero -6º- de Julio de la
Puerta, playerito y romo, con estilo de toro
corraleado, incierto.
ESPADAS:
López
Chaves, de grana y oro,
silencio tras un aviso y silencio.
Diego
Urdiales, de azul cobalto
y oro, saludos tras dos avisos y silencio tras un
aviso.
Javier
Valverde, de canela y oro,
silencio y ovación.
INCIDENCIAS
18ª de San Isidro.
Primaveral, ventoso. Lleno. Una relevante faena de
valor, poder y gusto del torero de Arnedo con un
toro casi imposible de Samuel. Grandes cosas con el
capote también. Mansada de Samuel
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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Así lo vio la
prensa
COPE.ES:
“Una boyada más de Samuel” (Rafael Cabrera)
BURLADERO.COM:
“Urdiales suma crédito al natural en Madrid”
(Mario Juárez)
ABC:
“Lección de lidia y valor de Urdiales” (Zabala
de la Serna)
LA RAZÓN:
“Los de Samuel, grandes pero huecos” (Patricia
Navarro)
ELMUNDO.ES:
“Urdiales hace lo mejor ante mansos samueles”
(Lucas Pérez)
EL PAÍS:
“Gloria a un lidiador” (Antonio Lorca)
AGENCIA EFE: “El valor y la capacidad de
Urdiales contra el muro de la mansedumbre” (Juan
Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM:
“Sin noticias del toro del Fary” (CRV)
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La tórrida
corrida de
Samuel de
tantas
veces. De
cuajo
despampanante.
Un concurso
de cuernos
pese a no
ser corrida
cornalona.
Por el
escaparate y
sólo por él
respiró toda
la corrida,
más mansa
que difícil.
Sólo galopó
uno, el
último, pero
con la mala
fortuna de
lastimarse.
Lo
devolvieron.
Para ese
sexto, de
basto
remate, hubo
de salida
una casi
ovación.
Breve. Como
la vida del
toro, que en
tan corto
asomo
pareció otra
cosa. De
otra línea.
Se
afligieron
en la muleta
dos toros,
los dos del
hierro de la
F. Un
segundo que
largó
feroces
ganchos
cuando se
embrocaba al
paso o
cuando
protestaba
por tener
que hacerlo
y un tercero
que acabó
aconchado o
recostado
contra las
tablas como
los mansos
de las
edades
épicas.
Marcó el
camino el
toro que
rompió
plaza. El
manso
camino: de
distraerse
desde el
comienzo,
blandearse
en varas,
escocerse de
los
rehiletes y
arrear sólo
si se abría
un hueco de
ratonera.
Fue de una
violencia
particular y
en los
embroques al
topetazo se
sacudió los
engaños con
brusquedad
nada común.
Cuatro veces
desarmó a
Domingo
López Chaves
y lo hizo
como si le
arrancara a
zarpazos
capa y
muleta. Todo
le estorbaba
al toro.
Hasta el
viento que
fue
indeseable
presencia en
muchos
momentos. No
se entendió
que López
Chaves
insistiera
terco en una
faena
convencional
que no
sirvió sino
para hacer
correr el
tiempo. Como
carne de
pescuezo el
toro.
Lo fue
también el
segundo,
castaño
chorreado,
musculado,
acodado,
alambicado y
ancho.
Trotón,
frío,
andarín,
pegaba
cabezazos
antes de
embrocarse.
Justo
después de
banderillas
pareció
descolgar en
un par de
embestidas
frugales.
Eso lo
tomaría
generosamente
Diego
Urdiales por
indicio de
que tal vez
tuviera el
toro algo
dentro. Hubo
que buscarlo
con infinita
paciencia. Y
en una
demostración
de sangre
fría a ratos
heroica. Muy
sobresaliente
la entrega
del torero
de Arnedo.
Ni cuenta de
los
trallazos
del toro, ni
del punteo
reservón con
que se
defendía
cuando iba
obligado. Al
sentirse
sometido, se
afligía,
pero sin
dejar de
esgrimir sus
dos ganchos
carniceros
para tirar a
Urdiales
como golpes
de croché y
apuntando a
la
mandíbula.
Como todos
lo toros
afligidos,
éste se
embrocaba al
paso y con
desgana
supina. Y al
salir, se
revolvía y
atizaba.
A pesar de
todo eso, se
echó
adelante
Diego con
paciencia,
encaje,
asiento y,
sobre todo,
recursos. De
torero
bueno: de
saber elegir
el sitio, de
bajar la
mano y
correrla
para librar
la pelea sin
que
pareciera en
ningún
momento una
batalla
campal. Sino
todo lo
contrario:
una
invitación.
Hubo que
sufrir, y
mucho, pero
no hubo
gestos de
más, ni
concesiones
a la
galería.
Formidable
la seriedad
de Diego. La
de su
apuesta por
ese toro al
que
¡milagro,
milagro!
acabó
metiendo en
la muleta en
dos tandas
ligadas y
templadas
con la
izquierda. Y
ayudándose
cuando fue
preciso del
estoque
porque, a
todo esto,
no paraba de
castigar el
viento.
Contra el
reloj
Más manso
que artero
pareció el
toro al cabo
de tan buen
trato. Pero
la terapia
fue contra
el reloj,
cayó un
aviso antes
de la
igualada,
otro después
de una
estocada que
hizo guardia
y casi se va
el toro
vivo. Los
hubo que
durante tan
tensa faena
estuvieron
friendo a
Diego.
Porque un
domingo en
Madrid puede
pasar de
todo. Al
final se
impuso el
sentido
común:
sacaron a
Diego a
saludar al
tercio. ¡Qué
menos!
También el
tercero se
estiró en
dos viajes
por abajo y,
aunque había
apretado en
busca de la
salida,
Javier
Valverde se
animó con
él. No hubo
manera. La
rajada del
toro lo fue
en toda
regla y, una
vez agarrado
a las
tablas, no
cupo nada
más que
montar la
espada y
cobrar una
estocada de
grandes
méritos. El
cuarto,
ensilladísimo
y flacote,
hico cosas
de toro muy
movido.
Derribó con
la
complicidad
de un
caballo.
Urdiales
hizo un
precioso
quite por
delantales.
A Chaves le
entró poco
el gusto del
toro, que,
sesgado,
estaba en
renuncio, o
gazapeaba o
se
rebrincaba.
No dio
problemas ni
disgustos.
Tampoco
juego. Al
torero de
Ledesma le
costó pasar
con la
espada
porque el
toro estuvo
levantado
hasta la
hora de
rendirse.
Lo más
redondo de
la corrida
fueron los
seis o siete
lances con
que Diego
Urdiales
recogió y
fijó de
salida al
quinto, y de
salirse
afuera con
él. Toreando
con los
vuelos y
admirable
encaje.
Destreza
exquisita. Y
promesa
luego
frustrada de
que tal vez
pudiera
repetirse,
con menos
intensidad,
la
exhibición
previa. El
toro llevaba
cal en el
hocico. Eran
pinturas de
guerra y no
huella de
una
embestida.
La entereza
deniego fue
casi la
misma. La
violencia de
este toro,
más díscola
e incierta.
Punteos,
cabezazos.
Larga la
pelea. Se
cruzó Diego
al pitón
contrario.
Tal vez no
valiera la
pena. No se
tuvo en
cuenta el
esfuerzo.
A última
hora, el
susto de la
tarde, no de
una feria
que cuenta
ya con los
dedos de las
dos manos
los heridos
por asta de
toro. El
sobrero de
Julio de la
Puerta, que
se resabió
de incierto
sólo al
cuarto
muletazo, se
arrancó de
sorpresa
sobre
Valverde, lo
prendió y
encunó por
una pierna,
lo cazó en
la caída y…
sólo le hizo
trizas la
taleguilla.
Ni un pase.
Valverde
demostró su
gran corazón
de matador
certe
(COLPISA,
Barquerito)
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