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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros de Toros
de Parladé (Juan Pedro Domecq Morenés), muy
rematados, y dos -2º y 4º- de La Laguna (hermanos
Mayoral), que completaban corrida y dieron juego.
Los cuatro parladés tuvieron personalidad y estilo
singulares. Notable el tercero, de mucho carácter
pero noble.
ESPADAS:
Uceda
Leal, de blanco y oro,
silencio en los dos.
El Fandi,
de carmín y oro, silencio en los dos.
Daniel
Luque, de grana y oro,
saludos tras un aviso y una oreja tras un aviso.
INCIDENCIAS
20ª de San Isidro.
Corrida de la Prensa. Casi lleno. Primaveral, muy
ventoso.
La infanta Elena, en representación de la Familia
Real, en una barrera, junto a Fernando G. Urbaneja,
presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid.
Buenos puyazos de José Manuel González, Benito
Quinta y Juan de Dios Quinta. Muy valeroso Rafael
Campos, que, inerme y desmontado, aguantó sereno a
pie firme el ataque encelado del sexto toro con su
caballo casi derribado
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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Así
lo vio la prensa
COPE.ES:
“Daniel Luque apuesta y triunfa”
(Rafael Cabrera)
BURLADERO.COM:
“Daniel Luque, o cómo arrollar Madrid
con personalidad” (Mario Juárez)
ABC:
“Daniel Luque tuvo el toreo en su mano”
(Zabala de la Serna)
LA RAZÓN: “Luque
revoluciona Madrid” (Patricia
Navarro)
ELMUNDO.ES:
“Gran dimensión de Daniel Luque, que
pinchó la Puerta Grande” (Lucas
Pérez)
EL PAÍS:
“La escalofriante quietud de Luque”
(Antonio Lorca)
AGENCIA EFE:
“Luque se abrió amplio crédito”
(Juan Miguel Núñez)
MUNDOTORO.COM:
“Lucky Luque” (José Miguel Arruego)
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Triunfó con
mucha fuerza
Daniel
Luque: una
oreja, que
pudieron ser
tres y hasta
cuatro, pero
se negó la
espada, y
una oreja
que fueron
en realidad
dos. Con
ella vino de
propina otra
más. La de
Oro, emblema
en Madrid de
las corridas
de la Prensa
y trofeo en
disputa. Con
fuerza, por
tanto, y la
cosecha pudo
ser de
época, pero
contra
viento y
marea. No
licencia
verbal, sino
que un
viento
implacable
hizo
estragos en
linda tarde
primaveral.
La marea fue
una añadida
tensión del
todo
inmoral.
Provocada y
servida por
los
reventadores
de la plaza
de Madrid.
No muchos
-¿veinte,
cincuenta,
cien?- pero
los justos
para romper
a gritos los
nervios de
casi
cualquier
torero. No
los de este
pequeño
coloso de
Gerena que
se llama
Daniel
Luque.
Por Luque
fue el
repertorio
no completo
pero casi de
insultantes
censuras.
Desde el
“¡que no!”
al ”¡muy
mal!”. Y ese
infame
ninguneo,
despectivo
remoquete,
que consiste
en articular
en son de
mofa el
nombre
propio del
torero
–“¡Daniel…!”-
para
subrayar los
embroques
como
reconviniéndolo
y haciéndole
muy de
menos. Es,
dentro del
repertorio
de agravios,
el de más
sutil
vileza. El
más
hiriente. La
mayoría
silenciosa
de casi
todas las
tardes,
engullida
por los
reventadores
y su coro
cómplice, se
volvió esta
vez contra
los
inquisidores.
De tal
manera que
cuesta
recordar en
tiempos
recientes un
vuelco más
radical de
ambiente.
Esa mayoría
pareció de
pronto
haberse
puesto a
bramar de
emoción. En
ese clima
cargado, y
en el fondo
tan de
toros,
Daniel se
despachó a
modo y a
gusto.
Con la
cabeza fría,
como es
propio del
valor de
fondo y no
del
temerario;
con las
ideas
despejadas
para medir
con cara
ciencia el
sentido de
los dos
toros que
tenía
enfrente;
con una
firmeza y
una
arrogancia
de verdad
extraordinarias.
Se puede
prescindir
de la carga
tan densa
del
ambiente,
más un
argumento
que una
anécdota,
pero no del
rigor de dos
faenas que
por sí solas
tuvieron
carga y
densidad
suficientes
como para
figurar en
la antología
de esta
feria. A dos
toros del
hierro de
Parladé, dos
toros, por
tanto, de
Juan Pedro
Domecq en
esencia,
presencia y
potencia,
sin
representación
delegada. Un
muy rematado
tercero de
sorprendente
duración y
noble
entrega, y
un
gigantesco
sexto, 610
kilos,
monumental,
que, sin
llegar a
romper
propiamente,
tuvo la
docilidad y
el son
precisos, ni
una gota
más, como
para
permitir a
Luque
encajarse,
sacar a
tiempo
brazos y
engaño y
hasta torear
por abajo
sin que
descolgara
en serio tan
inmensa mole
no exenta de
codicia.
La
movilidad,
la chispa y
la fijeza
del tercero
dieron
mérito mayor
a una
primera
faena de
sorprendente
trama: una
apertura de
largo en los
medios y por
derecho,
cuya
continuidad
desbarató
por la
fuerza el
viento; en
el tercio,
dos tandas
clásicas,
templaditas,
ligadas y
sencillas de
cuatro en
redondo y el
de remate;
una con la
zurda menos
redonda
porque el
viento forzó
la ayuda con
la espada y
no todos los
lances
fueron
netos.
Entonces se
produjo el
choque
frontal
entre
censores y
devotos, y
en mar
revuelta,
vino Luque,
recién
desarmado, a
cuajar dos
tandas
apoteósicas
en que, sin
ayuda de la
espada, y
sin
rectificar
ni un paso,
cosió uno
con otro
hasta nueve
muletazos en
la suerte
natural,
rematados
con un
cambio de
mano y
ligados al
siguiente
con el de la
mano en que
estaba la
muleta. La
trenza fue
un
rizadísimo
rizo. Se
abrochó con
el doble de
pecho. El
ajuste fue
impecable.
Como la
misma
firmeza. Dos
fueron las
trenzas,
heterodoxas,
no vistas,
catárticas.
Un remate
por
bernadinas
tal vez
excesivo.
Luque se
perfiló sin
razón en la
suerte
contraria,
cobró media
tendida, una
entera a
capón al
tercer
viaje, dos
descabellos.
Un aviso.
Al
descomunal
sexto le
buscó a
pesar del
viento las
vueltas, le
dio ventajas
y
confianzas,
tiró de él
en la
querencia,
le consintió
en los
viajes a
contraquerencia,
le encontró
el cómo, se
lo pasó muy
cerquita por
las dos
manos y lo
dejo toreado
y apurado
como si
fuera el
toro de
cartón. Mal
que bien lo
mató pronto.
La gente
empujó la
espada. La
corrida con
la que Juan
Pedro Domecq
debutaba
como titular
del hierro
histórico de
Parladé
salió noble
pero
guerrera,
resistente y
con
personalidad.
Pero sólo
cuatro toros
pasaron la
aduana.
Tercero y
quinto
fueron los
dos mejores.
El primero,
salinero,
como el
quinto, que
parecía su
clon, fue el
de menos
gana. Habría
sido de
interés ver
jugar los
toros sin el
viento, que
lo
condicionó
todo porque
descubrió a
Uceda Leal,
no tanto a
El Fandi,
que utiliza
avíos de
menos tamaño
y produjo en
los toreros
sensación de
desamparo.
El Fandi,
con los
reventadores
friéndole,
puso seis
pares de
banderillas
muy notables
y gobernó
con calma la
cosa. Uceda
anduvo
nervioso con
el primero.
Y más
centrado
pero
precipitado
con uno de
los dos
toros de La
Laguna, de
sangre
juampedro,
que
completaron
corrida. Se
rajó
gloriosamente
ese cuarto.
Se dejó más
el segundo,
pero no pudo
El Fandi
salirse de
tablas por
culpa del
viento. Toro
en una
burbuja, por
tanto.
(COLPISA,
Barquerito)
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