CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid -  - 28 Junio 2009 - Corrida

Dos buenas estocadas de Iván Fandidño

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Cinco toros de Charro de Llen (José Ignacio Charro), de distinto remate dentro de su encaste, general justeza de fuerzas y desigual condición, y un sobrero de Navalrosal (Ramón Gutiérrez, quinto de festejo, a punto de cumplir la edad límite, descarado y encastado, noble.


ESPADAS:

Fernando Robleño, de blanco y oro, saludos y silencio.

Morenito de Aranda, de carmín y oro, saludos y palmas.

 Iván Fandiño, de blanco hueso y azabache, saludos y vuelta.
 

INCIDENCIAS

Desigual corrida de Charro de Llen, un impresionante sobrero de Navalrosal, de seis espadazos ruedan los seis toros, pero destaca la espada del torero de Orduña

 

 

 Video resumen del festejo de Las-ventas.com

 



Salió lastimado por el hierro de la divisa el primero de los seis toros de Charro. El más lustroso de todos, el de más fino remate. Abanto y frío de partida, como buen atanasio. Puede que el de más calidad del envío. Pero no coordinaba ni paso ni galope. Dos puyazos traseros y severos no fueron alivio. El brindis de Fernando Robleño al cielo iría por Pepe Asensio, fallecido la pasada semana. Hombre bueno, excelente aficionado de la antigua escuela, Asensio fue durante medio siglo alma, y presidente también, de la Peña El Puyazo de Madrid, de gente cabal y llana. En el barrio de Pacífico. No fue, por cierto, tarde afortunada de los piqueros, sino todo lo contrario. El homenaje a Pepe Asensio fue ético, no pragmático.
Robleño, aparatoso en la apertura a distancia con el cambiado por la espalda, anduvo decidido con el toro lastimado, que resistió pero en embestidas no siempre formales. Quietud en una templada tanda en redondo del torero de San Fernando. Más apuros cuando el toro se acostó por las dos manos. Como si pidiera ser traído y no sólo esperado. Y más sitio. Se levantó viento, no se pudo elegir terreno, una estocada de mérito.
El segundo charro, cinqueño cumplido, recogido y casi brocho, de rizado flequillo y oronda culata, alto de agujas, se frenó de partida, se distrajo algo, se dejó pegar más de lo debido en dos varas. Iván Fandiño hizo en su turno un raro y bello quite: un lance por delante y dos largas bien gobernadas. Parecía toro dócil. Lo fue. Brindó a la gente Morenito de Aranda. Cómodo de cara el toro para embrocarse, más seguro el viaje por la mano izquierda. Perezosas embestidas, sin prisa ni desgana. Poco a poco se fue viniendo abajito, hasta aplomarse. Ganas de rajarse. Fácil y seguro el torero de Aranda de Duero: picardía para tantear con paciencia sin meterse en honduras, pinturería y garbito en los remates y adornos, compuesta la figura a toro pasado, medios muletazos más que enteros. Un donaire ligero.
Astifino, arremangado, el tercero fue bello toro. Descolgado y humillado en el saludo de Fandiño, que se estiró sin pruebas, sacó los brazos, se templó y encajó cuanto pudo. Un brindis sentimental: al matador extremeño Israel Lancho, que estaba en una barrera, ya olvidada la grave cornada de hace un mes aquí mismo. Los humos del toro se apagaron después de varas y banderillas. Iba a pararse y a pretender rajarse. Fino Fandiño en una faena rota sin pruebas, descarada por tanto, airosa. Mal administrado el trabajo: por dibujar y no tirar del toro, que, flojo, se quedó corto al sentir al torero demasiado encima. Una estocada de extraordinaria ejecución.
Se torció de repente la cosa: el cuarto, playerito, alto y largo, el peor cortado de los seis charros, fue toro de potencia y mucha vida. Peleón en el caballo sin entregarse. Una vuelta de campana después de la segunda vara lo dejó mermadísimo. A la defensiva a partir de entonces. Sin fuerza, pero quería atacar el toro y, por flojo, se defendía. No por genio. Imprevisibles las embestidas. Tuvo fijeza el toro. Nada más. Entereza de Robleño para disponer, manejar y despachar sin apuros. Una estocada delantera. El quinto, desencuadernado, sin tiempo de asentarse, fue devuelto por invalidez.
Salió un impresionante sobrero de Navalrosal. Casi seis años cumplidos. Tremendo el balcón. Estrecho de sienes, pero muy descarado: casi paso, acodado, larga la cuerda. Cuajo de toro badanudo con la marca de la edad. Largo, hermoso, bien hecho sin contar la percha deforme. Zumbante la manera de ser: pronto, algo distraído al salir de suertes, francos los viajes, pero no transparentes. Tres puyazos traseros y desafortunadísimos. Resistió el toro la carnicería. Pero se descompuso un poquito. Raúl Corralejo salió ileso de un percance: un resbalón a la salida de un par de banderillas, caída en la cara, un revolcón. Torería: el segundo par fue mejor que el primero. Morenito se hizo de ánimo. Faena de ir ganando confianza poco a poco, pero de no romperse del todo el torero, algo a la espera, de amarrar los viajes, de no forzar distancias. Un ten con ten equilibrado. Sin mayor apuesta. Una estocada, la quinta en tarde de seis espadazos certeros.
Y la apuesta mayor: la de Fandiño con un sexto de hondo cuajo, traza de bisonte, vuelto de pitones. De motor bien engrasado pero toro de revolverse, de enterarse o resabiarse si no iba tapado, de puntear si no iba de verdad metido en el engaño. Listo como para sorprender a Fandiño en un embroque en falso, prenderlo de lleno por la ingle y, sin llegar a herirlo, deshacerle la taleguilla en una feroz paliza. De la paliza, salió Fandiño crecido: en torero, sin nervios. Bonita la pelea, que lo fue, en los medios, de rayas afuera, sin volver la cara. Sin temple, en desorden. Y una monumental estocada que confirma las virtudes bien cantadas del torero de Orduña con la espada.


 

(COLPISA, Barquerito)

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