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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
todos, salvo el sexto, con el de Casa
de los Toreros. Tercero tris y segundo
sobrero, un cinqueño de María Cascón, de
mucho cuajo, gazapón y mirón, sin
entrega, deslucido. La corrida de
Gonzalo Domecq, astifina, de variadas
hechuras. El sexto, ligeramente
lastimado, salió noble y se empleó.
Noble un primero que se agarró al piso;
sin fuerzas y rebrincado el segundo; el
cuarto metió la cara entre las manos; se
violentó un quinto bravucón.
ESPADAS:
Eugenio de Mora, de turquesa y oro, silencio en
los dos.
Joselillo, de blanco y oro, silencio en los dos.
Emilio de Justo, de blanco y oro, silencio y una
oreja.
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Video resumen del festejo de
Las-ventas.com |
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EL
PAÍS:
“Un incómodo gallinero” (Antonio Lorca)
COPE.ES:
“La primera en la frente” (Rafael Cabrera)
BURLADERO.COM:
“El día de la marmota se apodera de San Isidro”
(Mario Juárez)
MUNDOTORO.COM:
“Casa
Pepe” (Carlos Ruiz Villasuso)
ELMUNDO.ES:
“Emilio de Justo corta la primera oreja de San
Isidro” (Lucas Pérez)
ABC:
“Justita oreja para Emilio de Justo” (Zabala de
la Serna)
LA RAZÓN:
“De Justo, primera oreja de San Isidro” (Juan
Posada)
AGENCIA EFE:
“Emilio de Justo pide paso” (Juan Miguel Núñez)
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El
toro que
rompió el
fuego de San
Isidro se
llamaba
Engañoso.
Del hierro
de
Martelilla,
535 kilos.
De pinta
rara en la
ganadería;
cárdeno
botinero y
mosqueado,
casi
ensabanado.
Frondosa
badana
blanca.
Rabicano,
veragüeño.
Corto de
cuello y
manos, caja
amplia,
finos cabos.
Ni pronto ni
tardo, un
pelo
distraído,
agarradito
al suelo.
Noble. El
primero en
salir a
escena de
los casi
cincuenta
matadores
anunciados
en San
Isidro fue
Eugenio de
Mora. Lo
primero que
se detectó
en el gran
teatro de
las Ventas
fue un
ambiente
refractario.
A la contra.
Cinco
pancartas
que
descalificaban
la feria al
mismo tiempo
que
arrancaba.
Al toro
Engañoso,
que no tal,
le faltó
fuelle y
acabó por
embrocarse
al paso. Dos
quites: uno
de Eugenio,
capote a la
espalda,
decidido,
pero
enganchados
todos los
lances; y
otro de
Joselillo
por
chicuelinas
arbitrarias
y mal
compuestas.
Bondadoso,
pero
remolón, se
fue
aplomando el
toro. Por
falta de
brío dio la
impresión de
reponer.
Eugenio de
Mora trasteó
con oficio y
buen
sentido, no
temple.
Breve y a
menos la
faena. Y una
estocada
extraordinaria
por todo:
por el juego
de brazos,
la manera de
pasar y el
acierto.
Rara: la
cobró en
tablas de
sol, donde
sólo suelen
matarse en
Madrid los
mansos, y en
la suerte
contraria.
Ni bueno ni
malo el
arranque de
la feria. Se
torció
enseguida.
Retinto el
segundo
martelilla,
lances
atropellados
de Joselillo
en el
saludo, una
vara dura,
un sobrio
quite de
Emilio de
Justo a la
verónica y
un trabajo
luego que no
terminó de
respirar.
Por alto se
revolvía el
toro. Por
bajo se
resistía
después del
segundo
viaje. Un
coro de
palmas de
tango
castigó al
toro por el
poco ímpetu
y al torero
de
Valladolid
por torear
por fuera.
Un trasteo
entrecortado,
un pinchazo,
una estocada
caída.
El tercero,
cornalón y
descarado,
finísimas
cepas y
puntas, fue
protestado
de salida.
Por flaco
tal vez. Se
escobilló un
pitón al
enterrarlo.
Un picotazo,
claudicación,
pañuelo
verde. Saltó
el primer
sobrero de
San Isidro:
del hierro
de Moisés
Fraile.
Bilano, 545
kilos. Frío,
abanto,
perdió las
manos antes
y después de
varas.
Fuera. Y el
segundo
sobrero de
la feria.
Venturoso,
580 de
tablilla,
casi seis
años, sin
divisa y
pareció
todavía
mayor. Del
hierro de
María Cascón.
Atanasio de
segunda
mano. ¿Feo?
Grandón pero
bien hecho.
Excelentes
los
capotazos de
De Justo
para fijarlo
y ahormarlo
de salida.
Suelto del
caballo, al
trote
borriquero,
fue toro
andarín,
pegajoso,
desganado y
muy mirón.
Compuesto
pero sin
soltarse
Emilio de
Justo porque
el toro, sin
fijeza,
renegaba.
Una estocada
caída.
Levantando
el corazón
Ni cuarto ni
quinto
levantaron
el corazón.
El cuarto,
muy atacado
de carnes,
se lanzó en
el saludo,
atacó en
serio y
desmontó en
un puyazo,
se estrelló
contra el
muro del
peto, se
dolió en
banderillas,
escarbó. Sin
fondo,
punteó la
muleta. O se
rebrincó. Y
escarbó.
Acabó con la
cara entre
las manos.
Murió
escarbando.
Eugenio de
Mora se
defendió con
aire de
veterano.
Perdiendo pesos, no los papeles. La estocada ahora no fue la misma del
primer
turno. El
quinto,
hondo y
largo,
castaño,
arreó de
salida, pegó
cabezazos,
atacó
desordenadamente
en una vara
dura, se
repuchó de
bravucón en
una segunda.
Escarbó.
Joselillo
echó el
resto en un
temerario
arranque:
cite de
largo para
cambiado por
la espalda y
un lazo de
cuatro más
en los
medios.
Desahogado, se dejó el toro traer. Esa salida con ases en mano no tuvo
continuidad.
Nunca del
todo metido
en el
engaño, el
toro
enganchó
tela en los
embroques y
remates, se
indispuso,
respiró con
cierta
violencia.
Un desarme.
Joselillo
trató de
recomenzar.
Sin mayor
fortuna. Una
estocada
atravesada.
Colorado ojo
de perdiz,
rechoncho
pero bien
cortado, el
sexto fue el
toro lindo
de esta
fiesta tan
sin brillo.
Y ahora vino
a ser. De
milagro,
porque en
uno de los
lances de
recibo el
toro pareció
pisar mal y
lastimarse.
Resistió.
Con pronta
bondad.
Anduvo
firme,
entregado
templado y
decidido el
cacereño
Emilio de
Justo. Una
faena bien
compuesta,
atenta a
medir las
fuerzas del
toro, que se
le derrumbó
una vez pero
sólo una y
ya no más.
Ligazón en
tandas
cortas y
limpias por
las dos
manos. El
clasicismo
de los
remates de
pecho.
Lindos
remates de
trinchera,
bonitos los
detalles de
toreo
cambiado,
precisos los
toques y el
terreno.
Buen
trabajo. Una
gran
estocada. La
primera
oreja de la
feria. Bien
ganada.
(COLPISA,
Barquerito)
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