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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Murcia -19 septiembre 2009 - |
| Rafaelillo le echó agallas |
Al
final
tocamos
pelo.
No
es
que
fuera
una
tarde
gloriosa,
pero
los
toros
de
la
ganadería
de
El
Torero
tuvieron
movilidad,
desarrollaron
cierto
peligro,
no
se
derrumbaron
ni
rodaron
por
la
arena,
algunos
mansearon,
el
primero
careció
de
fuerzas,
dos
fueron
aplaudidos
en
el
arrastre,
el
bravucón
cuarto
se
quiso
comer
a
Rafaelillo
con
patatas
fritas,
El
Fandi
se
llevó
el
mejor
lote,
y
Miguel
Angel
Perera
dio
una
lección
de
como
se
gana
la
voluntad
a un
toro.
Ha
quedado
escrito
que
el
torero
del
Barrio
del
Carmen
pasó
fatigas.
Baturro,
que
así
se
llamaba
el
burel
que
abrió
plaza
-negro,
mulato,
bragado,
meano
y
corrido-,
salió
de
toriles
con
piés,
lo
saludó
con
tres
largas
cambiadas
de
rodillas
y se
adornó
en
el
platillo
con
una
revolera.
Baturro
tomó
un
puyazo
tapada
la
salida
y
cambió
el
tercio.
Juan
Mora
y
Pascual
Mellinas,
dos
buenos
toreros
murcianos
de
plata,
fueron
apludidos
en
el
tercio
de
banderillas.
Rafael,
animoso,
se
fue
al
corazón
de
la
plaza,
brindó
a la
concurrencia,
echó
pies
a
tierra
y al
cuarto
lance
derrotó
al
tal
Baturro.
Más
templado
en
la
segunda
serie,
ligó
buenos
muletazos
y se
escucharon
los
sones
del
pasodoble
Camino
de
rosas.
Eso
es
lo
que
creía
Rafaelillo,
pero
la
falta
de
fuerzas
le
impedía
templar
e
hilvanar
las
series.
Al
natural,
el
toro
se
revolvió
y
buscó
la
taleguilla
del
torero
del
barrio
del
Carmen;
no
obstante
porfió,
si
bien
el
peligro
ya
era
latente
por
ambas
manos.
Dibujó
unos
molinetes,
se
perfiló
y lo
mató
de
una
estocada
que
le
valió
una
oreja
y
los
aplausos
del
respetable.
El
cuarto
toro
de
la
tarde
era
una
buena
pieza.
Todavía
estaban
merendando
los
aficionados
cuando
Rafaelillo
se
fue
a
aporta
gayola
y le
hizo
una
gesto
al
torilero
para
que
abriera
al
portón.
El
diestro
lo
esperó,
genuflexo,
más
allá
de
las
rayas,
y
Jaranero,
negro,
bragado
y
meano,
que
en
la
báscula
había
dado
un
peso
de
507
kilogramos,
salió
andando
de
toriles,
Rafael
alboreó
el
capote,
Jaranero
le
tiró
un
viaje,
se
salvó
de
milagro
y el
público
rugió.
El
manso
se
repuchó
en
el
caballo
y
volvio
a
huir.
Muy
valiente,
Rafaelillo
se
rebozó
con
el
toro,
la
mano
baja,
lo
sacó
a
los
medios
y se
escucharon
olés.
Rafa
trataba
de
domeñar
a un
toro
que
echaba
las
manos
por
delante,
no
humillaba
y se
quedaba
en
la
suerte.
Así
y
todo,
porfió
con
algunos
muletazos
intermitentes
pero
el
peligro
fue
a
más,
y no
pudo
cuajar
faena
por
la
mala
condición
del
toro.
La
estocada
fue
fulminante
y
paseó
dos
orejas
con
el
público
puesto
en
pie.
El
segundo
de
la
tarde
fue
un
toro
noble
y
repetidor
aplaudido
en
el
arrastre.
El
Fandi
se
lució
en
las
verónicas
de
recibo,
descargada
la
suerte,
y en
unas
chicuelinas
al
paso.
El
tercio
de
banderillas
puso
al
público
en
pie.
De
espaldas
dándole
ventaja;
al
violín
en
el
tendido
de
sol,
y de
dentro
afuera,
mientras
la
plaza
se
convirtió
en
un
manicomio.
Empezó
la
faena
genuflexo,
lo
sacó
a
las
rayas
y
dio
muletazos
sin
ton
ni
son:
el
toro,
humillado,
buscaba
las
bambas
y
repetía
con
una
nobleza
manifiesta.
Lástima,
porque
se
llevó
el
mejor
lote
y no
estuvo
a la
altura
que
requería.
Eso
sí,
en
el
segundo
tercio,
sobresalió
con
la
espectacularidad
de
las
banderillas.
Por
el
contrario,
Miguel
Angel
Perera
torea
como
mandan
los
cánones,
sin
mirar
a
los
tendidos
para
ganarse
el
aplauso
fácil.
Al
tercero,
que
manseó
de
salida,
lo
metió
en
la
canasta
y
repitió
con
nobleza
las
embestidas.
En
el
caballo
se
quedó
crudo
y lo
fue
metiendo
en
la
muleta
templada,
con
pases
largos
que
lo
dejaron
en
su
punto.
Una
faena
para
el
aficionado,
sin
miradas
al
tendido
ni
aspavientos,
aunque
se
pasó
de
faena.
Es
lo
habitual
en
él.
Miguel
Ángel
Perera
disfruta
y
pierde
la
noción
del
tiempo
toreando.
Flojo
de
remos,
al
sexto
lo
fue
templando
con
suavidad
y
pases
cadenciosos,
hasta
dejarlos
en
su
punto,
como
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