CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Palencia  - 1 Septiembre 2009 -

"Sensibilidad de Cayetano"

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de Garcigrande (Domingo y Justo Hernández). Segundo, cuarto y sexto, con el hierro de Garcigrande. Corrida terciada, bien hecha. El tercero, de grandes apuntes, sangrado y molido en varas. Muy nobles segundo, quinto y sexto. Manejables primero y cuarto, que fueron los de peor nota.
 

ESPADAS:

Enrique Ponce, de tabaco y oro, oreja y oreja

Miguel Ángel Perera, de celeste y oro, saludos tras un aviso y dos orejas.

Cayetano, de negro y oro, silencio y dos orejas

INCIDENCIAS

4ª de feria. Muy caluroso. Más de tres cuartos.  Una distinguida faena a un bondadoso toro de Garcigrande. Mérito secreto: se cumplía un año de la grave cornada que el propio Cayetano sufrió precisamente en Palencia.

 

 

 

La sensibilidad, el empaque, el ritmo de Cayetano. Cuatro lances rodilla en tierra para, fuera de las rayas, acoplarse de salida con el sexto de la corrida de Garcigrande. Burraco, bien hecho, la carita justa. Cuatro lances que dieron de pronto un vuelco a todo. Y un quinto lance cuando estaba a punto de irse el toro. Y media despaciosa. Puro garbo y buen toreo: soltado el toro, pero mecido antes de soltarse. Compuesta la figura justo en el embroque como si la media tuviera un tiempo más. Picaron lo indispensable. Cayetano salió a quitar tras retirarse los caballos. En los medios y de largo. Se le acostó el toro por la mano derecha y casi lo desarma. Insistió Cayetano. Salió el quite. Breve. Precioso el remate: un farol y revolera.
En el toreo de repertorio Cayetano ha encontrado fuentes de inspiración. De torero bien enseñado. Luego hay que encajarse y poner compás. Y aguantar los viajes largos del toro, que encarecen esa manera de torear. Hace un año, y toreando de capa, justamente aquí, en Palencia, Cayetano sufrió una grave cornada. Ese recuerdo encareció el gesto. Cayetano brindó a los médicos de la plaza, que lo dejaron bien curado, y bien se vio. Lo primero o casi lo primero que Cayetano hizo después del brindis fue descalzarse. Porque está el piso de la plaza demasiado arenoso. O porque prefiriera Cayetano amararse a la tierra y sentirla en las plantas de los pies.
Vino enseguida una faena de llamativa firmeza. Con ese encaje suave distintivo del toreo de compás. Pero más importante que la firmeza fue el sensible regusto del toreo pintado a mano. Con las yemas de los dedos. Rabiosamente. La faena empezó rodilla en tierra, las dos a la vez, y toreo por alto, se calentó con un molinete improvisado y tomó sin pausas segura deriva: ligazón y temple por la mano derecha, abierto el toro pero sujetado siempre. Uno de pecho, un cambio de mano, desplantes talonados y no forzados, calma. La sorpresa de uno de pecho de rodillas. Los cites de largo en la apertura de tres tandas candorosas, pero de buen gobierno. Por tanto, había torero roto. Roto de romperse a torear. Entrega.
A ella correspondió con sumisa bondad el toro de Garcigrande. En el juego de esa faena improvisada, muy celebrada, riesgo no menor era un azar circunstancial. Al toro se le había caído una de las banderillas y, como toreaba descalzo, Cayetano rondaba el filo del arpón en no pocos embroques. Parecerá nimio, pero ese detalle fue emocionante perfil de todo ese trasteo. A veces a Cayetano se le ha caído alguna faena. Pero no ésta. Más ceñidos los muletazos a medida que ganaba terreno Cayetano. Sólo discreto el logro de una tanda de ayudados con la izquierda. Escarbó el toro. Y volvió a hacerlo después. Pero, sin salirse de estilo, Cayetano se puso rotundo. Espléndidos ayudados antes de la igualada. Muy bonitas las salidas de la cara del toro, mecido el cuerpo en las puntillas, desplantes de cintura y cuello con el tronco encajado. Una fatigosa igualada, porque no quería el toro. Y en el mismo platillo de la plaza, una estocada de valor y certera. Dos orejas. Gran clamor.

Vuelco difícil

El vuelco fue difícil, porque, antes de soltarse el sexto, la gente estaba más que satisfecha con la formal firmeza de una faena de sin igual ajuste de Perera al quinto de corrida. De saltar chispas en los alamares en cada mueca del toro, que se paró sometido pero respiraba, y con el aliento les sacaba brillo a las lentejuelas de un bonito terno celeste y oro. Perera había puesto caro todo con el capote antes que con la muleta. En despaciosos lances de saludo, en un quite por chicuelinas y en una soberbia trenza de gaoneras Las trenzas y los bucles entre pitones fueron el fuego de una faena excesivamente larga, o mal medida. Una estocada trasera y caída. Dos orejas.
La primera mitad de corrida fue, por contraste, pálida. Un primer toro ensabanado distraidito y sin celo. Ponce lo mató de una gran estocada. Un segundo codicioso al que Perera, notable entonces con el capote a pies juntos, perdió pasos con la muleta. Faena más de arrebato que de cabeza fría. Cayetano, pasivo, dio licencia a un picador para acabar con el tercero en varas. Y el toro salió tundido. Y no pasó casi nada. Y un cuarto deslucido, de pegar taponazos, mugir y medio protestar, con el que Ponce anduvo habilidoso. Ponce se pegó dos vueltas al ruedo de casi cinco minutos cada una. Y esos diez minutos de más se llevó la fiesta, que terminó bien pero fue muy larga.

 

Colpisa - Barquerito
 

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