CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Roquetas de Mar (Almería)  - 3ª de Feria  19 de Julio 2009 

El Cid y Ruiz Manuel, a hombros en el cierre ferial

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Se han lidiado toros de Gavira, de desigual juego. Los mejores, segundo y quinto. El sexto, el más deslucido, rajado.

ESPADAS:

-Manuel Díaz 'El Cordobés', de blanco y oro con los cabos negros, saludos y una oreja con petición de la segunda.

-Ruiz Manuel, de lila y oro, saludos tras dos avisos y dos orejas.

-Manuel Jesús 'El Cid', de lila y oro, una oreja y una oreja con fuerte petición de la segunda.

INCIDENCIAS:

Media plaza. 


Galería fotográfica: TorosComunicacion
 

  

Ha acabado la Feria de Santa Ana de Roquetas de Mar con un canto a la esperanza de un nuevo camino que se abre para que esta afición almeriense, que ha encontrado en este nuevo coso una apuesta por la Fiesta de los toros desmedida desde el Ayuntamiento local. Se están poniendo los medios y el camino, y todos están colaborando para que este ciclo se asiente en el calendario taurino. La corrida de cierre del ciclo ferial volvió a deparar momentos de gran intensidad.

 El primero del lote de El Cordobés tenía nobleza pero le faltaba un tranco, justo de fuerzas y al que había que tirar de él hacia adelante con los engaños. Manolo aceptó la distancia corta que pedía el toro y ahí le sacó la nobleza que tenía. Fue templándose el torero con la cadenciosa embestida del astado de Gavira, cada vez más cerca de los pitones, cada vez más asentado entre la cuerna. Ahí llegaron los momentos más emocionantes, con derechazos largos y unos naturales de mano baja de gusto, ligando en un palmo de terreno. El final del rubio torero fue el esperado: dejándose rozar los alamares de las hombreras, el salto de la rana y hasta un cabezazo con el testuz del toro. Falló con la espada y ahí perdió el trofeo que tenía asegurado hasta ese momento. El 'gazpacho' lo formó en su segundo, un toro sin clase al que le formó su alboroto, en una guerra abierta por ven quién podía más... y pudo más Manuel Díaz, que le cortó la oreja y no cortó la segunda porque el presidente la negó, porque el público la demandó con fuerza.

     El almeriense Ruiz Manuel lidió los dos toros más manejables del encierro; se llevó el lote bueno. Con el primero, faena templada, a veces hasta lenta, con la necesidad de imprimirle más intensidad. Faena en las afueras, se sintió más a gusto por el pitón derecho, aunque cuando decidió a pasarse a la izquierda y no ayudarse de la espada logró naturales largos y muy bellos. Alargó demasiado la faena, rajándose al final el toro y sonando un aviso cuando aún se lo pasaba por la derecha. Tras fallar con el descabello también sonó hasta un segundo aviso. En el quinto, un colorao bien hecho que también tuvo buen fondo, con nobleza, faena igualmente templada, con altibajos en la primera mitad del trasteo, a la que debió imprimirle más ligazón, más intensidad. El toro fue muy noble y se dejó hacer todo lo que quiso el almeriense. Fue a más el torero, templando mucho la franela, gustándose y hasta recreándose en los sentidos derechazos. Esta vez sí que acertó a la primera con la espada

    El tercero de la tarde fue un toro que necesitaba un buen torero. Con muy buen fondo de nobleza, el animal estaba muy justo de fuerzas. Había doblado las manos varias veces durante los primeros tercios. El Cid le encontró la medida justa. A pesar del percanca a destiempo, el sevillano sigue enrachado y viéndolo muy claro. A media alturita, sin obligarle demasaido, lo fue hilvanando a la tela de la muleta, acompasando la embestida al tiempo que demandaba el toro, lento, sin prisas. Los derechazos, bajando más la mano, crecieron en intensidad. Los naturales -marca de la casa- también tuvieron la importancia de la clase y la elegancia. Cortó una oreja. El sexto, a pesar de las buenas intenciones de El Cid, se rajó en el primer muletazo y se refugió en las tablas del tendido siete. Allí le consintió la faena El Cid, robando muletazos larguísimos, sobre todo una tanda de naturales espléndida, perfecta. La faena fue a más y acabó desengañándolo, mandando El Cid en un derroche de técnica y buen gusto. Una faena de dos orejas en cualquier plaza, un derroche de técnica, hondura y torería. De dos orejas en cualquier plaza... menos en Roquetas, dond eel presidente volvió a negar ese segundo trofeo.

Francisco Mateos

 

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