CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Salamanca -16 septiembre 2009 -

Resucita Gallo, Perera impresionante, un gran toro de Montalvo

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Cinco toros de Montalvo (Juan Ignacio Pérez-Tabernero), muy bien presentados y rematados, parejos, de desigual juego, y un sobrero de Los Bayones -4º- que sacó temperamento. El sexto Montalvo, extraordinario. Bondadosos los otros cuatro.
 

ESPADAS:

Morante de la Puebla, de verde musgo y azabache, palmas y bronca.

Miguel Ángel Perera, de verde botella y oro, oreja y oreja.

Eduardo Gallo, que sustituyó a Miguel Tendero, de tabaco y oro, silencio y saludos tras un aviso.

INCIDENCIAS

5ª de feria. Una entregada faena del torero salmantino, con gotas de calidad, pero sin remate con la espada. Perera exhibe su valor sobresaliente, su sentido del temple, su categoría.

 

Video actuación Perera

La corrida de Montalvo dio un toro de espléndido son. El sexto. De espectacular presencia. No por aparatoso. Sí por astifino. Y por el cuello y el morrillo astracanados y fundidos en una pieza. Los rizos. La cabeza encajada como a tuerca. Imponía por delante. Los galopes de salida fueron pura maravilla, Eduardo Gallo se encajó y templó en los lances de recibo sin prueba previa, picó muy bien Juan Luis Rivas y hubo la preceptiva fiesta. Fue toro de los de quererla coger. La muleta. No con fiereza sino de pura codicia. Y de repetir, por tanto.
Una mezcla elocuente de velocidad y temple tuvo el toro. Sólo dos lunares mínimos: un par de escarbaduras y un final ligeramente distraído. Tras faena de más de cincuenta y sesenta viajes sin renunciar en ninguno. Esa faena llevó la firma de Eduardo Gallo, repescado para sustituir al herido Miguel Tendero. Para Tendero estaría el toro. Pero lo toreó, y bien, Gallo. Con un golpe de imaginación inicial, que fue rematar la apertura con un mero dejar al toro. Y con una firmeza y un ritmo muy distinguidos.
Descolgado de hombros, relajado, metidos los riñones sin forzar la figura, casi siempre bien colocado, muy suelto de brazos, lindo el juego de muñecas, embraguetado. Mucho mejor por la mano derecha que por la izquierda, a pesar de que no hizo extraños por ninguna de las dos ese toro, que fue dechado de fijeza y de nobleza. Tanto que hasta perdonó y corrigió los errores de distancias del torero salmantino, que de pronto se vio en la nube donde se vive cuando se torea con tanta entrega.
Y tanto calado. En tandas breves pero no ligeras. Brillante el toreo cambiado: las trincheras, los remates por alto a pies juntos. En faena excesivamente larga porque el toro estaba visto y toreado mucho antes de que, manojo de nervios, se decidiera Gallo a perfilarse con la espada. En un momento dado pareció hasta dispuesto a agitar los hilos de un indulto. Con la plaza volcada, cegado tal vez por el clima de apoteosis con que se celebraba esa especie de resurrección de un torero de la tierra, Gallo cobró estocada muy atravesada. Asomó lo bastante como para dejar sin trofeos un trabajo tan bonito y tan inspirado. Un aviso.
Gallo no contaba en principio. Porque el cartel, sin contar con una fiable corrida de Montalvo, se sostenía sobre dos pilares: Morante y Perera. Aunque Morante ha hecho en Salamanca cosas dignas de recuerdo, aquí tiene sus detractores influyentes. El expediente de Perera en esta feria es impecable. Es notorio lo bien que se siente toreando en La Glorieta. Cuestión de pálpito. Se nota. Perera, además, toreó de maravilla. Con una limpieza, una seguridad, una firmeza, un ajuste y una templanza del todo fuera de la común.
La salida de cornada ha sido sorprendente. No es normal torear con tanto asiento cuando se reaparece. Y en año de mucho castigo. Tuvo fijeza pero no tanto corazón el primero de su lote, que fue bueno pero a menos. Y muy poquito gas el segundo, que se desinfló y acabó plantado. A los dos los toreó con el capote con compás, manos bajas, frescura. Al primero le hizo un valiente quite mixto: chicuelinas, tafalleras, gaoneras y larga. Muy bien ligado. El quinto empezó a renunciar ya de salida y no fue igual la cosa.
Sucinta y sencilla, pero toda de verdad, la primera faena: banderas, tandas de redondos, naturales con la zurda extraordinarios, un final de trenza. Dos parones del toro a medio viaje probaron la entereza de Perera. Su sosiego de valiente. Su elegancia. La apertura de faena del quinto, que, se le vino andando para el pase cambiado por la espalda tan de Perera, fue muy emocionante. Por el ajuste y el aguante. El toreo en silueta pero dibujado a cámara lenta. Tragó Perera los extraños del toro. Y logró cuajar con el quinto de corrida una faena que se tuvo, por encima del toro, muy bien de pie. La gente se rompió con el torero extremeño.
Se aplomó sin remedio el primer toro de Morante. Como si se anclara al suelo. Los muletazos de igualada fueron preciosos. En el toreo de capa fue mejor el encaje que el remate de lance. Los hubo, sueltos, de rica pasta. Un picador desafortunado destrozó en una vara a un cuarto de grandes hechuras y buen aire. El colorado que desigualaba la corrida. Toro malogrado. Un sobrero agresivo de Los Bayones fue lo que se llama, tratándose de Morante, un toro a contraestilo. Por revolverse y atacar con aspereza. Morante no ocultó su desgana. El tercer Montalvo se estiró pro la mano izquierda. Pero era toros de los de tirar de ellos. Con paciencia. Fue muy llorón. Escarbó. Tropezó engaños y se paró

COLPISA - Barquerito

 Laplazareal.net © casemo