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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros de
Garcigrande (Domingo y
Justo Hernández).
Corrida de desigual
remate. Tercero, quinto
y sexto se emplearon sin
romper en serio. Se
vinieron abajo los dos
primeros. Se fue a
chiqueros el cuarto.
ESPADAS:
Luis Francisco Esplá, de
púrpura y oro, silencio
y saludos.
El Juli, de
nazareno y oro, silencio
y una oreja.
Sebastián Castella,
de negro y azabaches,
oreja y oreja.
INCIDENCIAS
6ª de feria. Fresco y
soleado. Más de media
plaza. Cogidas de Pablo
Delgado, tercero de
Castella, y de Luis
García, peón de brega de
El Juli. Corrida
desigual y de escaso
brío de Garcigrande.
Firme Castella. Listo El
Juli. Pablo Delgado,
cogido en banderillas al
prender al tercero un
par. Cornada menos grave
en la pantorrilla. Luis
García, Niño de Leganés,
cogido cuando bregaba
con el quinto en
banderillas. Cornada
menos grave en el muslo.
Parte
médico de Pablo
Delgado:
Herida por asta de
toro en cara interna
del muslo izquierdo,
tercio superior, con
trayectoria de diez
centímetros que
lesiona músculo
adductor menor y
otra trayectoria a
cara posterior de
diez centímetros.
Herida inciso
contusa en labio
inferior. Herida en
región mentoniana
que comunica con
cavidad oral.
Contusión de maxilar
superior e inferior
con movilización de
incisivos.
Pronóstico menos
grave.
Parte
médico de Niño de
Leganés:
Herida por asta de toro
en cara externa del
tercio medio inferior,
que interesa músculo
tensor de la fascia
lata, músculo flexores y
desgarra insercciones
musculares de cara
posterior del fémur, con
hemorragia arterial de
perforantes en
trayectoria ascendente
de 30 centímetros que
llega a cara exterior
del trocante mayor.
Pronóstico grave.
Trasladado al Hospital
de la Santísima
Trinidad.
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El primer toro de los Garcigrande tuvo tan poco fuelle que
parecía reventarse cada vez que hacía un esfuerzo. Llevaba dos
puyazos encima y, en la cuenta de resultados, un derribo de
caballo muralla. Para levantar al caballo derribado casi hubo
que llamar a los bomberos, que están acuartelados junto a la
plaza de toros. Esperando. Esplá, recibido con simpatía, no
quiso banderillear. Así estaba el patio. Una vaga faena. Pocho
el toro. Tres pinchazos y una estocada.
El segundo, de ancha cuna y cortas sienes, no salió mucho mejor
que el primero. El Juli lo acarició con el capote. Cuatro lances
de manos bajas, media bien dibujada y una larga preciosa. Un
puyazo. Se lo pensó el toro antes de llegar a suertes. Roncaba.
Le costaba un mundo responder. Se lo puso fácil El Juli, que no
llegó a obligarle propiamente, lo sujetó para que no claudicara
y lo soltó cuando pidió aire. Un pinchazo, una estocada con
vómito.
La cuadrilla de areneros de La Glorieta es impecable: uniforme
de pantalón mahón, faja roja, camisa blanca. Rastrillos blancos
de dientes encarnados. Parecen que barren a compás. La arena
rosada de Salamanca es, seguramente, la más bonita de todas las
plazas españolas. Del río Yeltes, contó un día Mateo Carreño,
que conoce bien el país. Como una alfombra el ruedo. En ella se
dejó una zapatilla un torero herido. El tercero de la cuadrilla
de Castella. Pablo Delgado. Ecijano. Padre de matador de
alternativa reciente, Miguel Ángel Delgado. Un buen tercero
Pablo. Lo sorprendió el toro en arreón cortado por la mano
izquierda. Cuando, pie perdido, se iba al suelo, el toro volvió
a prenderlo. Ahora por la pantorrilla. Y le pegó una cornada. Se
fue a la enfermería andando.
Este toro que hirió a Pablo Delgado pegó tornillazos, fue
bastante pegajoso y, cuando tuvo muy encima al torero, se paró.
No fue propiamente incierto, pero tenía raros repentes. Lo mejor
de la faena de Castella fue su manera de resolver las arrancadas
imprevistas. Con excelentes muletazos de recurso. Fina también
la manera de tragar en las dos paradas casi sumisas del toro.
Castella se estuvo vertical, compuesto, tan fresco. Incluso
cuando se metió en terrenos del toro, que ni los defendía.
El toro de la despedida de Esplá fue de anchos moldes, capacho,
amplio. Corto de manos. Un toro que abundaba en la primera época
del moderno Garcigrande. Corretón, gateó con no mal aire. Esplá
pegó lances de saludo muy picaditos, graciosos. Un puyazo
demoledor: de los de majar con la vara de picar como si el toro
fuera un mortero. Se vino abajo el toro. Cuando Esplá tomó los
rehiletes, pitaron algunos. Y entonces Esplá hizo además de
renunciar. Y protestaron los que querían verlo banderillear por
última vez en Salamanca. Esplá tenía tomada la escena.
Tres pares. El tercero, al violín, una delicia. Resulta que ese
par de violín, que parece el más difícil todavía, es muy
sencillo. Si se sabe cuartear. Un cuarteo por delante y con solo
una mano. Perfecto Esplá. El toro se puso manso. En chiqueros le
dio Esplá una fiestecita. Pero se alivió con la espada: en la
suerte contraria, que es como se matan la mayoría de los toros
que se matan en terreno de chiqueros, cobró una estocada muy
baja. Y soltó el engaño. La cortesía de Salamanca: lo sacaron a
saludar.
Toro negado
El quinto, cabezón y gacho, echó las manos por delante. Apenas
impulso. El Juli quiso torearlo por los vuelos, se negó el toro,
parecieron capotazos de lance hecho y no lo eran. Distraído, el
toro perdía un poco la mirada. El Juli pidió a Salvador Núñez
que picara lo mínimo. “¡Vale, nada…!” Un templado quite por
chicuelitas: el toro vino al paso, no se inmutó Julián. La larga
fue un primor. Dormido pero entero estaba el toro, que arrolló a
Luis García cuando le pegaba por fuera un capotazo de brega.
Cornada en la pierna. De mucho sangrar.
El Juli toreó con su resolución de siempre. Enseguida estaba
planteada la batalla. Y resuelta. Tapado el toro si protestaba.
La mano baja en muletazos de poder y someter. El juego de pasos.
Péndulos cuando se paró el toro. Firmeza entre pitones. Buen
gobierno. Música. “Nerva”. ¡Socorro! Dos trenzas de El Juli. Muy
contumaz. Para que no se fuera en blanco la tarde. Una gran
estocada. Y un descabello en dos tiempos. Y un gracioso juego de
acompañar al toro en la agonía. De torería buena.
El sexto fue el mejor de esta corrida tan planita. Buen tranco,
no demasiada fuerza. Lindos lances de Castella a pies juntos, un
puyazo en su sitio, dos pares espectaculares de Curro Molina y
una faena de interesante tensión. A toro arrancado de súbito,
una tanda de estatuarios ajustados. Emoción. Y dos tandas en
distancia corta templadas, suaves, mandonas. Luego, el Castella
de las distancias de agobios. Encima, encima. Escarbó el toro.
¿Qué hacer si un toro escarba? Matar. Una gran estocada.
COLPISA - Barquerito |