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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros de Lorenzo
Fraile. Todos, con el
hierro de Puerto de San
Lorenzo, salvo el sexto,
con el de Ventana del
Puerto. Corrida en tipo,
de bello remate,
cumplidora en el
caballo. Premiado con la
vuelta al ruedo el
primero, con
personalidad, de notable
son.
De buen aire el sexto,
que enterró dos veces
pitones pero resistió
con temple. Fueron muy
nobles los dos. Rajado
el segundo; muy sangrado
en varas, el tercero fue
a menos; claudicante y
parado el cuarto; un
punto andarín un
encastado quinto.
ESPADAS:
Miguel Ángel Perera,
de celeste y oro,
saludos tras un aviso y
oreja protestada.
Cayetano, de azul
marino y oro, silencio
tras un aviso y
silencio.
Juan Antonio Siro,
que sustituyó a El Cid y
tomó la alternativa, de
carmín y oro, dos orejas
en cada toro.
INCIDENCIAS
7ª de feria. Casi lleno.
Fresco, soleado. Cuatro
orejas y fervor popular
para el nuevo nombre del
escalafón de matadores
salmantinos de toros. Un
sobresaliente toro del
Puerto. Perera firma
cosas buenas
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Sonrió la fortuna a un torero de la tierra, Juan Antonio
Siro. No estaba ni anunciado en la feria. Le tenían prometida la
alternativa hace dos o tres años. Estaba en una de esas listas
de espera donde nadie te reclama. Pero la baja de El Cid le
abrió un inesperado hueco y, en la penúltima corrida del abono,
se improvisó una alternativa. De relumbrón. Con Perera y
Cayetano. Toros de Puerto de San Lorenzo, que era ganadería
favorita.
El destino es caprichoso. Entró de la noche a la mañana Siro en
el censo de matadores de toros de Salamanca. Estuvo a punto de
no hacerlo, porque el toro de la alternativa lo cogió con el
capote en un descuido o un desliz o un resbalón y le pegó una
paliza monumental. Lo tuvo colgado de la chaquetilla mucho
tiempo. Colgado como un pelele.
Parecía que iba herido. Salió ileso. Varetazos por decenas, se
supone. Lo refrescaron. Le quitaron la chaquetilla para que
recobrara el aire. Y en chaleco volvió a la cara del toro. Como
si no hubiera pasado nada. El toro, por cierto, tomó un puyazo
de nota y salió de él a punto de caramelo. Su apoderado, el
matador salmantino Andrés Sánchez, tuvo la feliz idea de
volverle a calzar a Siro la chaquetilla. Para que la ceremonia
de la alternativa se atuviera a las galas propias.
Más golpes del azar: Siro se llevó el lote de la hermosa corrida
de Lorenzo Fraile. Un excelente y completo primero, con el
hierro del Puerto, y un sexto, con el hierro de la Ventana, con
más que torear pero igual de noble que el de la alternativa. Las
dos orejas del uno y las dos del otro. No era un sueño.
Magnánimo el palco a la hora de premiar. Era, sin embargo, su
potestad.
Siro estuvo como hay que estar en estos trances: a la altura de
las circunstancias. Ilusionado, entregado, valiente, firme
incluso en los momentos de vacilación. Hasta en los pequeños
blancos que como paréntesis se les abren a los toreros que
torean poco. Poco de luces. Porque lo evidente fue, desde el
arranque, paliza incluida, que Siro está preparado. Larga
experiencia de toreo campero. Que es común en tierra de toros y
entre meritorios de nivel. Habilidad, sentido de la colocación.
Valor para apostar y hacer frente a la apuesta. Y, además, un
compasivo y un temple muy distinguidos en momentos sueltos. Una
espléndida tanda con la izquierda al sexto. La última de todas.
Y otra con la derecha al sobresaliente primero.
Su mentor, Andrés Sánchez, habrá sido, de la penúltima
generación de matadores salmantinos, el de más calidad. Esa
huella asomó en esos momentos tan brillantes. Con temple sostuvo
Siro a pulso las embestidas de tranco serio del toro de la
alternativa. Puro corazón para aguantar al hilo del pitón las
miradas del sexto, que parecía estarle pidiendo que se cruzara.
Las dos faenas tuvieron su ritmo, la gente las calentó con
generosidad, las dos tuvieron buen remate con la espada y,
además, en los dos turnos, se puso Siro con el capote y
arriesgó.
Así que, sin contar las dos joyas del Puerto, el protagonista de
la película fue el menos pensado. Se había barajado la
posibilidad de dejar la corrida en mano a mano. ¿Y entonces? A
Cayetano le superó el estilo difícil del quinto, que lo vio
mucho y lo buscó, y fue toro andarín. Tiró la toalla. De su
empaque caro hubo muestra a gotas en el tercero de corrida, que
salió del caballo hecho añicos. Perera se llevó los dos toros
menos propicios. Muy despacio, le sacó al segundo muletazos
exquisitos por la paciencia y el dibujo. Sólo que se pasó de
faena y recorrió mucha plaza sin llegar a sujetar al toro, que
se le iba. El cuarto, hondito y acochinado, fue tan noble como
flojito. Claudicante. Perera se fue esta vez por la vía del
tancredismo: a encajarse entre pitones. A toro parado. Y a
provocarlo con circulares cambiados. Mató de estocada muy baja.
No hubo petición de oreja. Pero el palco contó a su manera los
pañuelos y la concedió
COLPISA - Barquerito |