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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Sevilla - Novillada de abono
- 24 Mayo 2009 |
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No es un snobismo de Pagés, sino una fabulosa iniciativa que ha vuelto a ser realidad esta tarde, y con el objetivo principal de su propio objetivo: educar en la cultura taurina a los jóvenes y futuros aficionados. Un grupo de estudiantes de enseñanzas secundarias asistieron invitados por la empresa al festejo en la Maestranza, y lo hicieron acompañado de un periodista y a la vez profesor de universidad, un compañero de la crítica taurina curtida su sapiencia durante el tiempo en el quiso ser torero. Juan Carlos Gil -o el profesor Gil- les hablaría de tercios, de bravura y mansedumbre, de suerte de picar y banderillas, de capotes y muletas. Les hablaría de toreo. Aunque en la plaza, hoy, sólo se atisbara en escasas ocasiones. Porque la bien presentada novillada de Juan Antonio Ruiz 'Espartaco' se diluyó entre la nobleza y la poca fuerza sin que dos debutantes, con desigual suerte, consiguieran su particular objetivo. Sin embargo, un francés de clásicas maneras, exhaló aire de ida y vuelta con un toreo valiente, de muleta por delante, de mano baja, de trazo firme y templado en la faena al buen utrero corrido en segundo lugar, al que le cortó la oreja tras fulminante espadazo, para después mostrarse con el complicado quinto, desconfiado, contemplativo, artificioso y poco consistente. Román Pérez le bajó la mano con estilo a su primero con un trazo flexible, serio, templado e incluso hilvanado. Series a derecha con ritmo en el pase y una a izquierda de menos nota, ensalzado todo lo hecho con adornos de buen gusto y fenomenal estocada. Lo que le hizo a su segundo, ya quedó dicho, no tuvo coherencia y sí auténtica crisis de valor. A Román Pérez no le gustó el novillo. Su gesto lo delataba y su ánimo estaba por los suelos, disminuyéndole el valor por debajo de la cota 0. De la suma de todos estos condicionantes no pudo resultar nada bueno. Sé mostró miedoso y a la deriva. Mal. El profesor Gil seguro que les habló a los jóvenes de lo difícil que resulta andar entre los agudos filos de lo pitones. Y se lo haría entender mientras Daniel Sotillo no atinaba con las distancias mientras intentaba hacerle faena al bravo sexto. El debutante astigitano, con escaso bagaje a sus espaldas pero con calidad en sus formas, no supo, con el utrero con más casta de la tarde, acoplarse a unas embestidas generosas por emotivas. Sotillo se emperró en la distancia corta, en atrasarle la muleta sin que el buen novillo acudiera al equivocado cite. Los escasos muletazos no estuvieron a la altura de las exquisiteces del utrero de Espartaco. Al tercero, noble y flojo, le ejecutó un trasteo intermitente donde destacó un toreo a derecha despacioso y bien hilvanado en el que se hizo notar el temple, aunque no de forma constante. Aguantó poco el novillo y todo se difuminó con el mal manejo de los aceros. El también debutante Julio Parejo no lo tuvo fácil. Juan Carlos Gil se lo hizo entender a sus improvisados alumnos con una teoría contundente: el toro manso, por parado y rajado, es muy difícil de torear. El extremeño se enfrentó a un primer novillo muy noble, muy flojo, y rajado a mitad de faena. Dibujó el pase sin otra muestra que su afán por agradar. Y con el cuarto, un complicado animal por parado y mirón, no le dio opción a trazarle un solo pase. Los alumnos invitados, tras la ilustrativa clase, quedaron en volver. Román Pérez también volverá el próximo 7 de junio.
Manuel Viera Sevillataurina.com |
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