CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Vitoria  -6 de Agosto 2009 - 2ª de feria

Distinguido Juan Bautista, listo Luque

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de Moisés Fraile. Primero y quinto, de encaste Atanasio, con el hierro de su nombre. Los demás, encaste Aldeanueva, con el de El Pilar. Seria y cuajada la corrida toda. Brusco, agresivo y encastado el primero; noble y bondadoso el segundo; falto de fijeza el tercero; guerrero el cuarto; manso y cobardón el quinto; codicioso y listo el sexto.

ESPADAS:

Juan Bautista, de malva y oro, silencio y una oreja.

Alejandro Talavante, de azul cobalto y oro, saludos tras dos avisos y silencio tras un aviso.

Daniel Luque, de carmesí y oro, oreja y ovación tras un aviso.

INCIDENCIAS

Densa corrida de los dos hierros de Moisés Fraile.
Juan Bautista firma lo de más calidad con un cuarto bien sometido. Luque pelea con ganas. Talavante, descorazonado

 

Video resumen del festejo

Daniel Luque - Foto:Burladero.com

Mucho toro. Y se esperaba. Pero no tanto. Salieron de las dos ramas que cría Moisés Fraile: cuatro de la parte Aldeanueva-Raboso, con el hierro de El Pilar, y dos de sangre Atanasio. Los dos atanasios fueron de hechuras y porte diferentes. Y también los cuatro pilares. De esos cuatro, llamaba la atención por su abundancia el cuarto, que pasó el listón de los 600 kilos. Era inmenso.
Ya tenía cumplidos los cinco años. Más alto y largo que hondo, porque tuvo un punto acaballado y zancudo. Muchísima caja. Pezuñas exageradamente grandes y espolones visibles. El toro patinó más de una vez. O porque dieran vértigo las pezuñas o porque el piso de plaza no esté del todo asentado. Juan Bautista hizo descalzo la faena entera. Fue toro de mutante conducta. Incierto de salida, se vino cruzado en un ataque a querencia, se empleó en el caballo poderosamente y metió la cara en el capote. En tromba los ataques, pero firme el torero de Arles para dibujar la verónica clásica con gusto y rematar con la media auténtica, que da salida al toro y lo deja toreado.
No tan en tromba en la muleta los viajes del toro, que tuvo más que torear que ningún otro. Cuando vino prendido, vino entregado. En los huecos se metía. O se revolvía y reponía y, entonces, se empleaba al paso y no a golpe de riñón. La mano derecha fue mucho más de fiar que la izquierda. Juan Bautista anduvo entregado y entero. Con astucia de torero curtido. No le sorprendió nunca el toro, y eso que cada embestida pesaba lo suyo. Más o menos ceñidos los embroques, pero no hubo un solo enganchón.
Y por su orden salieron las cosas: lo duro al principio –una suave tanda con la diestra de cinco ligados y por abajo- y lo vistoso después: los circulares a pies juntos con el toro enroscadito, los molinetes de entrada o solución, las sanjuaneras de tanda –manoletinas sin espada- y el molinete ligado con el de pecho. El manejo del toro fue cerebral y valeroso. Tuvo sello de autoridad. Mandó el torero. Una estocada de excelente ejecución y un descabello certero. Buen trabajo de Juan Bautista.
Lo fue también el primero de los suyos. Sólo que con un toro bastante distinto. De los dos atanasios que completaban corrida. Muy armado, negro girón, astracanado el cuello. Frío de salida, pero en agitación constante, se apalancó contra el caballo de pica pero con la salida a querencia tapada. Sangró mucho. No hubiera estado de más una segunda vara. Venido arriba en banderillas, el toro persiguió César Pérez con aire fiero. La primera razón de Juan Bautista fueron cinco o seis muletazos rodilla en tierra. Sólo una rodilla, la que cargaba la suerte. Los seis o los cinco tuvieron temple y armonía. El toreo bien dicho. Una tanda enseguida con la mano izquierda, por abajo, ligada, reunida y segura. Muy bonita. Y otra menos fresca. Se puso brusco por la mano derecha el toro y se acabó de repente el juego. El final de faena fue más de castigar y esgrimir que de dibujar. Hubo un desarme, aunque Juan Bautista no pasara apuros. Salvo con la espada. El toro le esperó con la bayoneta calada. Media tendida, un pinchado, una entera caída. El toro le gustó a la gente.

Las cosechas

No sólo Juan Bautista cató de las dos cosechas de Moisés Fraile. También Talavante: un segundo, de El Pilar, noble y bondadoso, pero rebrincado y sin brío; y un quinto, atanasio, ofensivo, acucharado pero muy armado, y que manseó en el caballo escupiéndose de un caballo a otro. Al manso Talavante y su gente lo dejaron ir de un lado a otro a su aire porque una receta vieja aconseja esa medida como fórmula magistral. Se serenó el toro y Talavante no pasó ni trago con él. Se vio descorazonado al torero, pero no afligido. Sin ilusión pero no sin recursos para resolver la papeleta. Se vino abajo a la hora de descabellar. Dos avisos en un toro. Uno más en otro. Algún lances suelto templado. Pocas ideas. Estaba muy pálido Talavante.
Como un león Daniel Luque. Para él fueron los dos pilares que se enlotaron juntos. Un tercero sin fijeza, distraído por sistema pero que, en tablas, acabó repitiendo muy a última hora. Y un sexto celoso y nervioso, temperamental, que no consentía si no iba empapado el engaño. No fue, por tanto, sencillo el lote. Pero el deseo, la presencia juvenil y el rampante final de la primera faena tuvo premio. Y casi la segunda, bastante más desigual de todo: de intenciones y de logros. Con embroques en falso. De torero nuevo. Pero de torero nuevo el corazón también. La manera de llegar. Y la habilidad para pegar pases a moscas en vuelo.

 

Colpisa - Barquerito

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