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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros de Victoriano del Río. El
segundo, con el hierro de Toros de Cortés. Corrida
de soberbia presentación, muy buen juego y notable
calidad media. Segundo, tercero y sexto fueron los
de más bravo estilo. Bondadosos primero y cuarto. El
quinto, la cara arriba y con poca gana de pelea,
desdijo de los demás.
ESPADAS:
Luis Francisco Esplá, que sustituía
a Morante, de turquí y oro, silencio y saludos tras
un aviso.
El Juli, de azul pavo y oro, oreja y
oreja con petición.
José María Manzanares, de cobalto y
oro, una oreja y dos orejas
INCIDENCIAS
5ª de feria. Soleado y templado.
Media plaza. . Sobresaliente corrida de Victoriano
del Río. Cinco orejas. El Juli firma la mejor faena
y cobra la mejor estocada, el palco prima
caprichosamente a Manzanares en el reparto.
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Primero, se
rindieron honores a
Esplá, que vino a
despedirse de
rebote. Para Esplá
fue la primera
sustitución de las
que ha dejado
abiertas Morante
tras la cornada del
viernes en El
Puerto. Los honores
siguieron el modelo
de Bilbao: un
aurresku y cerco de
autoridades en torno
a Esplá y sólo Esplá
ante el portón de
cuadrillas. La
situación, que suele
incomodar al
homenajeado, la
resolvió Esplá con
tablas de veterano.
Era dificilísimo
tapar al dantzari y
a los demás. Pues
sólo se veía la
estampa de Esplá.
Por megafonía se
leyó un texto
anónimo de homenaje.
Basado en los versos
lorquianos de “Alma
ausente”: “Tardará
mucho en nacer si es
que nace...” Canto
elegíaco por Sánchez
Mejías. Ajeno a
lúgubres presagios,
Esplá no se dejó
impresionar tampoco
por ese canto
rebotado. Eran no
las cinco, sino las
seis de la tarde.
Se puso en marcha la
corrida. Salió seria
y brava, se movió
sin apenas descanso.
Los dos toros de
Esplá fueron los
únicos que dieron
tregua. El primero,
el de menos empuje
de los seis, fue el
único que se
desinfló. El cuarto,
siendo bondadoso, no
tuvo el picante
peleón que sacó el
resto de la corrida.
Grandullón, estaba
en línea distinta.
Esplá se dilató con
él en faena más
turbia que clara.
Del sombrero de mago
se sacó esta vez
molinetes antiguos,
del repertorio
mexicano viejo. De
Garza y Armillita.
Los aprendió
probablemente de
niño en la escuela
de su padre en Alfaz
del Pí. De los dos
toros dispuso sin
apuros y a los dos
los banderilleó con
más talento que
facultades. Pares de
banderillero puro.
Sin piruetas. Un
galleo por
chicuelinas en el
primer turno, un
quite por navarras,
otro por chicuelinas
viejas, una revolera
cascabelera. Como la
memorable faena de
Esplá el pasado San
Isidro tuvo de
contraparte un toro
de Victoriano del
Río, hubo quien
esperó hasta el
último momento.
Victoriano del Río
echó tres toros de
muy seria conducta.
Uno, del segundo de
los hierros del
ganadero, Toros de
Cortés. Primero de
lote de El Juli.
Manzanares se llevó
los otros dos. El
quinto no cuadró con
el resto del
paisaje. Tal vez
acusara un puyazo
trasero y, por
tanto, lesivo. Pero
El Juli le pegó en
la suerte contraria
una estocada
antológica: ataque,
embroque, puntería y
salida. Y el toro
salió casi rodado.
Sólo cosas
inteligentes y de
torero resuelto le
hizo El Juli a ese
toro: mecerlo de
salida con el capote
en lances a pies
juntos ceñidos y de
mano baja, robarle
como al paso media
verónica en un breve
quite, no perder el
tiempo ni merodear,
taparlo cuando
protestaba,
someterlo cuando
cabeceaba y
engañarlo cuando
pretendió puntear la
muleta. Lo mejor,
antes de cuadrar al
toro, fue un
kikirikí de rara
prestancia. Cuando
rodó fulminado el
toro, la gente, que
había pitado a El
Juli por no
banderillear, pidió
hasta la segunda
oreja.
La mereció la
primera de las dos
faenas, que, a toro
claro –remangado de
pitones, el rabo al
suelo, fino cuajo-,
fue, en los medios,
trabajo de rica y
abundante pureza: el
toreo ligado sin
perder pasos,
rematado por abajo,
templado sin
temblores. Dos
tandas arrancadas
con espléndidos
cites de largo y
embroques firmes en
el primer viaje,
pases de pecho
auténticos; cinco o
seis tandas más
después, hasta que
el toro, reventado,
pareció pedir
piedad. Un par de
trenzas circulares
calentaron más que
el toreo de verdad
caro. Una buena
estocada. Se le
quedó el dedo en el
gatillo al
puntillero.
Rico filón
Manzanares tardó
mucho en convencerse
de que los dos toros
de lote eran rico
filón. Ofensivo el
tercero, abierto de
cuerna y afilado;
serio el sexto.
Barroso picó de
maravilla al tercero
y lo dejó suave. Un
poco tardo el toro,
pero se entregó con
corazón. Toro “con
temple”, decía de
los de esa clase don
Álvaro Domecq. Más
agresivo el sexto,
que no se hizo ni
reclamar. Estuvo a
punto de coger en
banderillas a Curro
Xavier pero, cuando
iba a hacer presa,
apareció el capote
de El Juli. El quite
de la feria.
Manzanares abusó de
descargar la suerte
en el primer turno.
Y de las voces, que
no siempre pudo
tapar la banda.
Faena de perder
pasos pero no los
papeles. Se quedó
sin ver apenas la
gran mano izquierda
del toro. Pero
Manzanares cae en
gracia. Una estocada
a paso de
banderillas. Se tasó
al mismo precio ese
trabajo que el que
acababa de firmar El
Juli. Con dos orejas
de un golpe decidió
el presidente
premiar la faena del
sexto, más
emocionante que
firme, muy gritona,
más fatigosa que
segura, y con golpes
sueltos de buen
compás. Una tanda
excelente con la
zurda. Y un molinete
de los de meterse en
el penúltimo rincón
del toro. Y una
estocada que, tras
larga agonía, acabó
con toro, corrida y
feria.
Barquerito -
Colpisa
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