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José
Tomás
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Foto:
JMF |
No tiene lógica, en
Granada, la ciudad
del duende, con
tantos y tan
encantadores
rincones, tan
sugerentes nombres y
admirable pasado, y
donde lo cabal es
canon estricto para
el arte, pedestal
del toreo, no es
normal que su feria
del Corpus sea
tremenda decepción
para los que medio
entienden algo de
esto.
Conviene aclarar, no obstante,
para evitar suspicacias, que hubo excepciones: Tomás,
Talavante, Luque y Manzanares. Pero los demás
no cuentan a pesar del disparate de trofeos paseados por el
ruedo de la monumental de "Frascuelo". Mayoría de faenas sin
poso, y muchas orejas baratas. De sonrojo.
Un espectáculo depauperado en su esencia por lo que a ganaderías
se refiere. Ruina de toros por presencia y juego. Y en contra
también el mínimo esfuerzo de los toreros. No se entienden esos
resultados tan alucinantemente exitosos. Todo sobredimensionado
por un desbocado triunfalismo.
Ocho "portazos", tres rabos, dos toros de vuelta al ruedo, un
toro indultado... Eso sólo en seis corridas. Qué barbaridad.
Quien no haya estado en la plaza puede entender este Corpus como
una revelación mesiánica del toreo.
Pues no. Duele decirlo, pero la mayoría de las corridas, su
desarrollo, estuvo más cerca de una pachanga pueblerina que de
lo que correspondería a una plaza con criterio, exigencia y
sensibilidad.
No se trata de extralimitar las cosas, no. Con ajustarse a los
valores que reglamentariamente corresponden a una plaza "de
segunda" sería suficiente. Y aquí cuenta la tarea de los
presidentes, cuyos criterios deberían marcan unos mínimos de
responsabilidad para sostener la credibilidad del espectáculo.
Factores también como la presión ejercida por apoderados de
toreros como los hermanos Francisco y Cayetano Rivera,
que el jueves, festividad del Corpus, amenazaban con dejar a la
ciudad sin una de las dos citas más transcendentes del día -la
otra, naturalmente, el paso solemne de la Custodia por las
calles alrededor de la catedral- al rechazarse los "perritoros"
que pretendían colar incluso a disgusto de la empresa, harta
asimismo de tanta desmesura y atropello en su propia casa.
¿Figuras de qué, hay que espetarles, si no llenan la plaza ni el
día grande de la feria?
Otro inconveniente que aparentemente cuenta menos, pero también
clave en la concesión de trofeos injustificados, el trapicheo de
los mulilleros, su desproporcionada demora para enganchar
mientras crece el acoso contra "el palco", que termina cediendo
ante el subidón del acaloramiento en el tendido, que se toma lo
de la petición de oreja como "diversión" prioritaria. En
situaciones así, cuando la inocencia del espectador ocasional
pretende rentabilizar el coste de la entrada forzando la
concesión de trofeos, el temple es fundamental.
Aunque no es cosa de culpar al público, que bastante cruz tiene
con el desembolso en plena crisis -una fila 18 en sombra, ¡65
euros!, y con reserva previa 5 más. "Setenta del ala", que diría
el castizo-, y en todo caso también la respuesta de los
granadinos en la taquilla ha sido ejemplar, con un "no hay
billetes" para ver a José Tomás, y entradas muy
considerables los demás días. Si el ídolo local, "Fandi",
no acabó "el papel" como de costumbre, es porque las gallinas
ponedoras de oro también tienen caducidad.
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Daniel Luque - Foto: JMF
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Y porque el buen desarrollo del
espectáculo es tarea de todos los participantes en el mismo,
siempre son pocas las advertencias en este sentido. En Granada,
desde luego, hacen falta muchas llamadas de atención, incluidas
tribunas y tertulias públicas con gran influencia.
Por lo demás, significar que Tomás volvió a triunfar en
el ruedo y en la taquilla. Garantía no sólo de sí mismo sino
incluso de los que compiten con él.
Trajo una corrida de Núñez del Cuvillo sin exageraciones,
y aún sospechosa de pitones (lo del "afeitado" es consustancial
prácticamente a todas las llamadas figuras, aunque el aficionado
no debe dar nunca por perdida esta batalla), digna para esta
plaza. Toros con ese punto de casta tan necesario para interesar
y, más aún, emocionar. Tomás estuvo espléndido de mando y
quietud, poderoso y artista, valiente y seguro, hasta lo
indecible.
El rabo que cortó es lo de menos en función de "la rebajas" que
caracterizaron el ciclo. Como los dos rabos que se llevó esa
misma tarde Daniel Luque, pura fogosidad, con desbordadas
aspiraciones de figura.
Torero grande, el "resucitado" después de su dubitativo arranque
de temporada Alejandro Talavante, por ambición, capacidad
y majestuosidad. Manzanares "pinchó" la Puerta Grande con
la espada tras un recital de mucha torería.
Cuentan asimismo el modesto y local "Yiyo", con dos
orejas en la buena corrida de "Torrestrella", en la que
se justificaron "El Güejareño", también de la tierra, que
había reivindicado su actuación con una huelga de hambre, y
Juan Bautista, ambos con sendos trofeos.
Nada más. Los otros, puras engañifas. Ni "Fandi" con su
esportón lleno de trofeos, ni Cayetano, ni Perera,
ni "Morante", que también salieron a hombros sin haber
estado más allá de los simples apuntes, ni mucho menos "El
Cid" y Rivera, que pasearon una oreja cada uno,
ninguno dejó poso. "Rafaelillo", sin suerte con sus
toros, y los de Conde, sin suerte con él.
En la de rejones, triunfaron Hermoso y Ventura,
con dos trofeos cada uno, y aunque con una sola oreja
Bohórquez dijo tanto o más. La novillada no resultó ni para
Casares, ni para "El Nico", ni siquiera para la
debutante Conchi Ríos, premiada graciosamente con el
único trofeo.
Una feria inaguantable. Y con el calor de estos días, peor.
Menos mal que fuera de la plaza, el embrujo de la ciudad y su
gente, de maravilla.