Un petardo, como
llaman los
taurinos a lo
malo, malo, la
recién
finalizada feria
de San Isidro,
que a nadie
sorprende, pues
como tal parecía
programada.
Una feria tan
mala o peor,
reflejada en la
mayoría de los
titulares que ha
tenido en los
veinticinco
festejos que la
conformaron
-incluidos la
"Corrida de la
Prensa" y una
función de
rejones epílogo
del ciclo-, de
tinte
catastrofista,
unas veces por
el pésimo juego
de los toros,
otras por la
vulgaridad de
los toreros, en
ocasiones
también por
ambas
situaciones en
una misma tarde.
Aunque peor si
cabe, por los
percances. Nada
menos que doce
toreros a lo
largo del serial
terminaron "en
el hule" según
expresión entre
lo castizo y lo
taurino de los
mismos
profesionales al
referirse a la
mesa de
operaciones
donde se curan
las cornadas.
El dramatismo de
la cogida lo
protagonizó
Israel Lancho,
herido muy grave
al entrar a
matar a un toro
de Palha. Graves
también los
banderilleros
Gimeno Mora y
Rafael Cuesta.
Menos graves
Miguel Abellán,
Antonio Ferrera
y Salvador
Cortés. Con
pronóstico
reservado Luis
Bolívar y Javier
Valverde. Y de
menor
importancia Iván
Fandiño, los
novilleros Mario
Aguilar y
Francisco
Pajares, y el
banderillero
José Domínguez.
Hacía tiempo que
no se recordaba
un San Isidro
tan cruento.
Menos mal que
estuvo siempre
al quite "el
otro ángel de la
guarda" de los
toreros, el
doctor Máximo
García Padrós,
quien más
paseíllos hizo
esta feria, y
con éxito.
Tanto es así que
podría
estimársele
triunfador del
ciclo.
Asombroso, con
bata blanca y no
de luces. Tan
extraño como el
poco eco de la
actuación del
galo-español
Sebastián
Castella, el
único matador a
hombros por la
Puerta Grande al
cortar dos
orejas, tan
benévolas éstas
que ahora
absolutamente
ningún jurado le
tiene en cuenta
para los
reconocimientos.
Por contra, con
una sola oreja,
y no es
paradoja, cotiza
alto en la bolsa
de la
popularidad
"Morante de la
Puebla", cuya
actuación la
tarde del 21 de
mayo ya es
histórica.
Una faena corta
por lo poco que
duró el toro,
sin embargo, tan
intensa que se
hizo eterna.
Total "sólo"
unos lances de
capote en el
recibo, un
galleo y dos
quites. Y con la
muleta una
primera tanda de
pases a
derechas, y
cuatro "cositas"
más. Pero de qué
manera. Puro
toreo de
ensueño.
Y punto porque
no hay palabras
para definirlo,
o habría que
entrar en un
tratado
interminable
sobre el duende
y la
personalidad, la
magia y el
misterio, la
despaciosidad
que significa
valor, el temple
que se traduce
en poderío, la
gracia y la
improvisación,
la genialidad y
el arrebato, la
entrega más allá
de la estética y
hasta de la
hondura... Todo
eso que lleva al
fervor, incluso
a la pasión, y
al mismísimo
éxtasis.
Ya puede
"Morante" vivir
de las rentas
con esta faena,
y eso puede que
no sea bueno.
Claro que
cualquiera lo
intenta otra
vez. Aquello fue
irrepetible.
Y puesto que
veinticinco
tardes dan para
mucho, asimismo
dejaron huella
un reducido
grupo de
toreros. Son los
que cortaron
cada uno una
oreja.
Revelaciones que
piden paso,
Emilio de Justo
y "El Capea";
Daniel Luque se
reafirma como
valor al alza.
También Luis
Bolivar, aunque
en su segunda
tarde dio "la de
arena". Y Matías
Tejela, sólo a
medias en el
toro con el que
triunfó, un gran
toro, sin
embargo, estuvo
importante en el
otro, más
complicado.
Aprobado justo
para "Joselillo",
Antonio Barrera,
Leandro, Sergio
Aguilar,
Abellán, David
Mora, Fandiño,
"El Fandi",
Rafaelillo,
Robleño, Juli,
Perera, Marín,
López Chaves,
Urdiales,
Valverde y
Uceda. Los
heridos Lancho,
Ferrera y
Cortés, salvaron
el honor.
Con más pena que
gloria "Morenito
de Aranda",
Bautista,
Talavante,
Encabo, Cruz y
"Frascuelo".
Y los
derrotados, que
se dejaron ir
buenos toros,
Eugenio de Mora,
Curro Díaz, Iván
Vicente, Posada,
Pinar, "Paulita",
"Serranito" y,
sobre todos, "El
Cid".
Como se ve, poco
bueno deja tan
larga feria, que
en el plano
ganadero tiene
también pocos
rastrojos donde
espigar. En todo
caso, nota alta
para la corrida
de "Los
Recitales",
aunque fue una
lástima que
habiendo lidiado
los toros que
mejor
embistieron, los
más completos en
todo, sin
embargo, la
irresponsabilidad
de los
veterinarios
dejó incompleta
la corrida al
rechazar uno en
el
reconocimiento
previo. Luego se
demostró que el
toro bien hecho,
de armónicas
hechuras, cuya
configuración no
está supeditada
a la báscula,
ése es el bueno.
Toros sueltos
que merecieron
la pena, de José
Escolar, Cebada
Gago, Palha,
Toros de Cortés,
Núñez del
Cuvillo, Juan
Pedro Domecq,
Parladé,
Martelilla, La
Casa de los
Toreros, Las
Ramblas,
Salvador Domecq
y Fernando Peña.
Se salvan éstas
por
individualidades,
que en el
conjunto de cada
una tampoco es
como para tirar
cohetes.
Hay que seguir
insistiendo en
lo negativo para
no perder de
vista las claves
de la feria: el
aburrimiento -en
el tendido- y la
desesperación
-en el ruedo-,
tantas tardes la
misma cantinela,
por los toros, a
veces también
por los toreros.
No podía ser de
otra manera con
tanta
mediocridad
anunciada.
Fracaso de
Victorino
Martín, cuya
responsabilidad
era grande tras
su desafortunado
paso por
Sevilla, y
traspiés también
de su sobrino
Adolfo. En el
mismo saco
entran Gerardo
Ortega, José
Luis Pereda y su
otro hierro -La
Dehesilla-,
Garcigrande,
Peñajara,
Valdefresno y la
otra divisa de
esta casa
-hermanos Fraile
Mazas-, y Samuel
Flores y su
madre María
Agustina López
Flores.
Las novilladas,
con la excepción
de un ejemplar
de "La Quinta" y
otro del "Jaral
de la Mira"
lidiado como
sobrero, no
funcionaron, ni
la primera, ni
Montealto ni
Guadaira. En los
novilleros, bula
para la clase de
Miguel Ángel
Delgado;
entonados,
Miguel Tendero,
Javier Cortés,
Francisco
Pajares y
Lechuga; y a la
baja Mas,
Martín, Aguilar
y Rey.
En rejones sigue
en su puesto de
"número uno"
Hermoso de
Mendoza, colosal
en su primera
tarde, y a
hombros, el
único "portazo"
de esta
modalidad,
aunque en la
siguiente se
llevó el
disgusto del
cornalón a su
caballo "Patanegra",
por fortuna ya
fuera de
peligro. Bien
Cartagena,
Montés y
Hernández, que
cortaron una
oreja cada uno.
Detalles de
Bohórquez y los
Moura, padre e
hijo. Y todavía
verde el
confirmante
Domínguez.
Embistieron las
corridas de "Los
Espartales" y
Bohórquez, y no
sirvió la de
Flores Tassara.
Salió todo, en
fin, como era de
esperar. Más
errores que
aciertos. Y es
que para los
milagros lo
primero es
rezar.
Juan Miguel
Núñez - EFE