Tantas mamarrachadas de corridas (en
presentación y juego) que ha colado la empresa de la
Maestranza a precio de
producto de lujo, con las que los toreros apenas
podían hacer nada ante tal grado de descastamiento,
mansedumbre y podredumbre, y cuando por fin sale una
corrida de toros como Dios manda, la empresa que
coloca a toreros -al menos dos de los tres- que
todos sabíamos que no iban a estar a la altura. Ya
se criticó -escrito está- que no se entendía las
presencias ni de El Cordobés
ni de Javier Conde, que no
se lo han ganado. Y la presencia de
Esplá sólo estaba justificada por la
lógica sensibilidad de un adiós a un torero de una
profesionalidad contrastada.
La corrida de toros El Pilar
ha sido lo que se dice un auténtico corridón de
toros. Bien presentada, que es lo mínimo exigible de
entrada, el juego ha sido espectacular. Sin duda, la
mejor corrida de la Feria. Practicamente los seis
toros ha tenido un comportamiento muy bueno, con
algunos excelentes, como el segundo, tercero y
quinto; sólo el primero manseó más y se dejó
menos. Si dudábamos de los toreros, estaba claro que
con tan excelente material sus carencias iban a
quedar aún más en evidencia. Los tres fueron
protagonistas de deshonores.
Deshonor de Luis Francisco Esplá a la
sincera y sentida ovación del público sevillano tras
el paseíllo, obligándole a saludar. Cuando Sevilla
te hace eso, en Sevilla hay que darlo todo... Y es
raro que Esplá estuviera como ha estado; vamos, que
parece que ni ha estado. Parecía que se había
despedido antes de hacer el paseíllo.
Justificándolo, en todo caso, en el mansito primero,
lo del quinto no es entendible. Un toro noble, con
juego, con arrancadas emocionantes, y con el que no
sólo naufragó en una faena ejemplo del destoreo,
sino que ni siquiera le puso las banderillas por
última vez en la Maestranza.
Deshonor de Manuel Díaz 'El Cordobés', con
un lote de Puerta del Príncipe. El primero y, sobre
todo, el quinto toro, tenían las dos orejas colgando
para cortárselas. En vez de sair de Sevilla por la
Puerta del Príncipe con cuatro orejas, se va de
vacío. Y eso que ha matado hasta bien, con lo cual
más claro aún su falta de aprovechamiento de dos
excelentes toros. Y el chaval parece que lo dio
todo, que no ha sido dejadez, sino simplemente que
está muy limitado y, por supuesto, infectado de
su circuito natural de pueblos y plazas de
polvaredas. Así de duro es el toreo.
Y deshnor de Javier Conde. No se puede
brindar al público de Sevilla un gran toro como ese
tercero para después tirar tres cartitas al aire...
Eso es hacer deshonor a un brindis y a un público.
Se le fue uno de los pocos grandes toros de la
Feria. Y en el sexto, encastado y bravo,
igual: desarbolado y acongojado. Y mientras se
dejaba escapar dos toros de Puerta del Príncipe,
muchos toreros con ganas de triunfo en sus
casas parados... Y el año que viene, otra más para
Conde, Canorea.
Y ahora la pregunta del millón: ¿Quién tuvo
la feliz idea de anunciar tan estrafalario cartel en
pleno sábado de farolillos en la Maestranza? ¿Quién
era el visionario que pensaba que El Cordobés y
Conde iban a reventar la plaza si le salían buenos
toros? Aquí hay que depurar responsabilidades. Basta
ya de vetar a aquellos que decimos que ni Conde ni
El Cordobés han justificado sus presencias en
Sevilla. Pues no, Canorea: ni Conde ni El Cordobés
se habían merecido, por méritos contraídos, torear
en Sevilla, y si por hacer uso de esa libertad de
expresión que después la realidad nos demuestra que
era completamente cierto nos veta, pues allá usted
con sus vetos en lo que cree que es su cortijo. Pero
la solución no está en intentar acallar a la prensa.
Usted sabrá. O no.